21 de mayo de 2019 | Actualizado 21:38
Imagen cedida por Luis Utrilla

La primera línea aérea española se hace centenaria

Hace ahora un siglo del aterrizaje del Salmson 2A2 en que viajaba Latécoère y Lemaître en el Rompedizo, germen del actual Aeropuerto de Málaga

El de Málaga-Costa del Sol es uno de los grandes aeropuertos, en volumen de negocio, del casi centenar de infraestructuras gestionadas por Aena. Así lo certifican los más de 19 millones de pasajeros en el pasado año, las más de 141.000 operaciones de vuelo o los más de 8.500 vuelos protagonizados en el enero de este mismo año.

Lo que no todos saben es que el de Málaga es el decano de los aeropuertos españoles. Y que sus instalaciones actuales fueron testigo, hace justo 100 años, del primer vuelo de prueba en nuestro país de una línea comercial aérea que cubría la ruta Toulouse-Casablanca. Esa línea postal buscaba un lugar donde aterrizar y hacer escala en suelo andaluz, tras haberlo hecho en Barcelona y Alicante, y lo hace en los terrenos de El Rompedizo, lo que sería la base y germen de Aeropuerto de Málaga tal y como hoy lo conocemos.

Barcelona, Alicante y Málaga fueron las tres ciudades que acogieron la primera línea comercial aérea del país

El protagonista de la historia es el empresario francés Pierre Latécoère, quien por entonces tenía por objetivo crear una aerolínea comercial que uniera Francia con sus distintas colonias africanas pasando por España, donde quería instaurar distintos aeródromos. Nos remontamos, concretamente, al 9 de marzo de 1919, hace ahora un siglo, cuando el avión Salmson 2A2 en que viaja Latécoère junto a su compatriota Lemaître aterriza en la base de El Rompedizo, en la que posteriormente se realizarían varios vuelos de prueba en los siguientes meses, dando así lugar a la primera línea Toulouse-Casablanca (pasando por Barcelona, Alicante, Málaga y Tánger) el 1 de septiembre del mismo año, en lo que sería ya el nacimiento oficial del aeropuerto internacional malagueño. Didier Daurat, un piloto veterano de la Primera Guerra Mundial, sería el encargado de dirigir y gestionar desde entonces el primer aeródromo de Málaga.

LA TRASCENDENCIA DEL HECHO HISTÓRICO
Luis Utrilla Navarro es un profesional aeroportuario con más de tres décadas de experiencia. De formación ingeniero de Aeropuertos y Transporte Aéreo, por la Politécnica de Madrid, actualmente es responsable de Seguridad Operacional del Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol. Profesor, conferenciante y escritor, ha publicado más de 90 obras sobre historia, biografías y divulgación aeronáutica. Y entre ellas, ha dedicado mucho tiempo a estudiar y difundir la historia del Aeropuerto de Málaga.

Y especialmente, ha estudiado y escrito sobre este capítulo de la historia aeronáutica española que ahora se hace centenario. De hecho, cree que “el reconocimiento de la importancia de aquel vuelo, y sobre todo de aquella línea aérea, es una de las grandes asignaturas pendientes de la historia reciente de Andalucía y de España”.

Imagen cedida por Luis Utrilla

La importancia de tal acontecimiento es muy clara para el experto. “Su puesta en servicio no sólo unió Francia, España y Marruecos con un servicio aéreo comercial, sino que fue el punto de partida para el nacimiento de una actividad como el transporte aéreo que unas décadas después cambió la fisonomía socioeconómica de Málaga y de toda la Costa del Sol”. Además, resalta cómo “de la mano del Aeropuerto de Málaga y del transporte aéreo, la pobre economía malagueña se transformó radicalmente en los años cincuenta con la industria del turismo”.

Efectivamente, el transporte aéreo resultó fundamental para la posterior modernización de la ciudad. Y es que una vez superados los desastres de la II Guerra Mundial e implantadas las vacaciones pagadas en la mayoría de los países centroeuropeos, los ciudadanos comenzaron a mirar al Mediterráneo buscando destinos económicos de sol y playa. Las dificultades orográficas y las pésimas carreteras y ferrocarriles hicieron que el transporte aéreo fuera el único modo de acceder a los nacientes destinos turísticos. Ciudades como Málaga, que disponían de un aeropuerto, fueron las elegidas como destino de las primeras líneas aéreas chárter.

En el caso de Málaga, alejada miles de kilómetros de las ciudades de origen europeas, y con unas pésimas comunicaciones viarias y ferroviarias, el avión era la única manera de llegar. “El transporte aéreo no sólo cambió la economía malagueña y andaluza, sino que fue el motor de un cambio sociológico e incluso antropológico, en una España dominada por un régimen cerrado, oscuro y carente de libertades políticas, culturales y empresariales”, destaca Utrilla.

CRÓNICA DE UN VUELO CENTENARIO
Utrilla relata en algunas de sus obras cómo tiene lugar y desde qué base se fragua el vuelo que aterriza en Málaga hace ahora un siglo. De esta forma, destaca como desde primavera de 1918 el ingeniero e industrial Pierre Latécoère ya pensaba en la utilidad comercial de los aviones que fabricaba en sus instalaciones de Toulouse, en un momento histórico en el que el empleo de la aviación, como medio de transporte complementario del automóvil y del tren, no tenía prácticamente ningún partidario.

Sus Salmson 2A2, como el que aterriza en Málaga, apenas podían realizar escalas de algo más de 400 kilómetros, a pesar de ser unos de los aviones de reconocimiento táctico más apreciado de la época. El primer objetivo de Latécoère era la puesta en marcha de una línea regular de transporte aéreo entre Toulouse y Casablanca, lo que significaba un recorrido de 1.850 kilómetros que podían cubrirse en algo más de trece horas de vuelo. 

Nada más firmarse el armisticio que puso fin a la I Guerra Mundial, el mismo 11 de noviembre entregó en las oficinas del Registro Mercantil de Toulouse los Estatutos de una nueva sociedad denominada CEMA, “Compagnie Espagne, Maroc, Algèrie” y adjetivada como Lignes Aériennes Latécoère. La línea haría escala en las ciudades españolas de Barcelona, Alicante y Málaga.

Utrilla relata como la mañana del día de Navidad de 1918, Latécoère y su piloto René Cornemont se dispusieron a subir en el aeródromo de Montaudran a un Salmson 2A2 que les llevase hasta la Ciudad Condal. A las ocho y media, el avión despegó de Toulouse y dos horas y veinte minutos después, aterrizaron en el exiguo Hipódromo de Can Tunis, en Barcelona, donde fueron recibidos por los miembros del colectivo aeronáutico de la ciudad.

Latécoère y su piloto Cornemont realizaron el primer vuelo de prueba entre Toulouse y Barcelona la Navidad de 1918

Las pruebas para realizar el trayecto marcado se siguieron sucediendo. Así, el 25 de febrero de 1919, poco después de las cinco de la mañana, dos Salmson 2A2 despegaron de Toulouse con la intención de llegar a Marruecos. Sin embargo, numerosos problemas mecánicos y meteorológicos en Barcelona y Alicante les obligaron a regresar a Toulouse sin haber alcanzado la ciudad de Málaga, la siguiente escala de los vuelos de prueba.

Menos de una semana después, el 3 de marzo, un nuevo Salmson 2A2 voló de Toulouse a Barcelona, pudiendo continuar hasta Alicante sin problemas. Uno de los pilotos, Paul Junquet, viajó entonces en ferrocarril hasta Málaga, vía Madrid, para asegurarse de que el terreno que habían seleccionado en la ciudad andaluza en la finca de La Isla había sido convenientemente preparado y se hallaba listo para recibir a los aviones. Tres días después, Junquet comunicó telegráficamente a Toulouse que todo estaba dispuesto y que los aviones podían operar perfectamente.

Pierre Latécoère y el piloto Lemaître, de izquierda a derecha / Cedidas por Luis Utrilla

Y así se llega al 8 de marzo, cuando Pierre Latécoère y el piloto Lemaître estaban dispuestos a despegar de nuevo rumbo a Marruecos, desde el aeródromo de Montaudran. Poco antes del mediodía, el avión Salmson 2A2, nº 457, inició su vuelo y dos horas después aterrizaba sin novedad en El Prat de Llobregat. Desde allí, después de repostar combustible, despegaron a las cuatro de la tarde rumbo a Alicante donde aterrizaron, también sin contratiempos, tres horas después.

Esa misma noche Latécoère envía un telegrama a Málaga confirmando su llegada para el día siguiente, donde rezaba:

“Servicio de Aviación. Según el telegrama que anoche tuvo la atención de mostrarnos el señor Álvarez Net (don Francisco), hoy de ocho a nueve de la mañana llegará a Málaga, aterrizando en el lugar denominado “La Isla”, uno de los aeroplanos de la casa francesa encargada del servicio de exploración de Toulouse a Rabat, haciendo estación en Barcelona, Alicante y Málaga. El aviador permanecerá unas horas en Málaga, saliendo seguidamente en su aparato para la citada población marroquí. Mañana llegará otro aparato. Muchas personas se proponen ir hoy a “La Isla” para presenciar el aterrizaje”.
‘El Popular, Diario Republicano’. Domingo, 9 de marzo de 1919

La situación meteorológica de la mañana del 9 de marzo no presagiaba nada bueno. Pese a ello, a las siete y media de la mañana Lemaître y Latécoère despegaron de Alicante. Los pronósticos se confirmaron y las bajas nubes obligaron al piloto a elevarse para evitar el aguacero que, al sobrepasar Murcia, se convirtió en un auténtico diluvio. Mientras, en la capital malagueña, algunos amantes de la aviación y curiosos se habían dado cita para recibir a los viajeros aéreos, preocupados por el retraso que se estaba confirmando.

Cuando faltaban unos pocos minutos para que se cumplieran las tres horas desde la salida, el Salmson 2A2 de Pierre-Georges Latécoère apareció por encima de los montes de Gibralfaro. Utrilla explica que después de algunas vueltas de reconocimiento, el piloto no se decidió a aterrizar, ya que el campo presentaba abundantes charcos producto de las lluvias, por lo que Lemaître decidió buscar una zona algo más segura donde aterrizar.

Recepción a Lemaître y Latécoère a su llegada a El Rompedizo (Málaga) / Imagen cedida por Luis Utrilla

A escasos centenares de metros, el piloto pudo ver una zona de erial entre las carreteras de Cádiz y de Churriana donde finalmente decidió tomar tierra. Aquellos terrenos resultaron pertenecer al cortijo de El Rompedizo, propiedad de Félix Assiego. A las 10:30 horas del 9 de marzo de 1919, el Salmson 2A2, nº 457, aterrizaba en Málaga.

Al mediodía, Lemaître y Latécoère reemprendieron su viaje despegando de El Rompedizo rumbo a Rabat, donde aterrizaron cerca de las cuatro de la tarde. Poco después retomaban el vuelo camino de Casablanca, etapa final del viaje, donde llegaron unos minutos después de las cinco. El vuelo había sido todo un éxito. En cinco etapas, los aviadores habían cubierto 1.850 kilómetros en 11 horas y 45 minutos de vuelo. 

Portada de ‘Le Temps’ del 7 de marzo de 1919 / Bibliothèque Nationale de France

En Casablanca, Pierre Latécoère fue recibido por el mariscal Louis Hubert Lyautey, a quien entregó un ejemplar del periódico ‘Le Temps’, fechado dos días antes, el día 7 de marzo, lo que resultaba asombroso para el general, acostumbrado a que la correspondencia desde París tardase un mínimo de once días en llegar a Casablanca. El entusiasmo y apoyo de Lyautey a favor de la línea aeropostal sería, a partir de entonces, un factor decisivo en su establecimiento y desarrollo. 

En el trayecto de vuelta, de nuevo en la zona de La Isla de Málaga, muchas personas esperaban la llegada del avión, pero poco después de las dos de la tarde comenzaron a abandonar el lugar, al no tener noticia de la llegada de los aviadores. Escasos minutos después de las tres de la tarde, el avión realizó varias evoluciones en la zona de La Isla y de nuevo la prudencia del piloto le aconsejó dirigirse a El Rompedizo para el aterrizaje proveniente de Rabat.

Utrilla describe en su obra que la corta experiencia de los dos vuelos en Málaga decantaron a Latécoère por el campo despejado de El Rompedizo. Su baja utilidad agrícola y la buena disposición de su propietario Félix Assiego permitieron llegar esa misma tarde a un acuerdo de arrendamiento por la cantidad de 7.000 pesetas anuales, figurando en el mismo contrato una opción de compra por un montante de 135.000 pesetas.

Un decreto publicado en la Gaceta de Madrid el 29 de agosto de 1919 autorizaba la primera línea aérea de España

A lo largo de los meses siguientes, los trabajos de adecuación de El Rompedizo y los preparativos para la línea aérea fueron incesantes. Tras superar no pocas dificultades de las autoridades españolas y francesas, el 29 de agosto de 1919, un decreto publicado en la Gaceta de Madrid autorizaba la primera línea aérea de nuestro país, cuyos servicios dieron comienzo el 1 y 2 de septiembre de aquel 1919. Era el nacimiento del transporte aéreo en Málaga y en España.

El transporte aéreo que se inició con aquel primer vuelo se ha convertido hoy en una industria estratégica para Málaga, la Costa del Sol y toda Andalucía, máxime en una sociedad globalizada donde las comunicaciones han tomado un papel protagonista en las relaciones internacionales.

LA RECREACIÓN ESPAÑOLA DE UN HECHO HISTÓRICO
El aeropuerto también ha querido sumarse a conmemorar el hecho histórico, rememorando simbólicamente, el primer vuelo de prueba que aterrizó en las instalaciones del posterior aeropuerto. En dicho acto, la iniciativa particular y privada, “porque nos apasiona la aviación y porque no hay que olvidar nuestra historia” de dos pilotos, Francisco Cuevas e Ignacio Gil, que se han lanzado a la aventura de recrear este primer vuelo de Latécoère que llegó a suelo malagueño. 
El objetivo, recrear de la manera más fidedigna posible un hecho histórico de tal envergadura. La idea nació hace un año, cuando se les ocurrió la posibilidad de trabajar en la recereación de este vuelo “por la trascendencia que tuvo para la ciudad y, por supuesto, con toda la humildad del mundo”. Ambos, socios del Real Aeroclub de Málaga, comenzaron a gestar el proyecto y a buscar financiación a través de patrocinadores y distintos colaboradores que “nos han ayudado de una manera infinita”, como el Colegio de Enfermería o la Asociación de Filatelia de Málaga.
Les hubiera gustado realizar el trayecto en el mismo Salmson 2A2 utilizado hace cien años, pero ante la imposibilidad, han alquilado del Real Club un Piper PA-28. El martes pasado partieron rumbo a Toulouse, donde llegaron a las 18 horas, para desde allí recrear los mismos vuelos y en los mismos lugares donde hizo escala Latécoère, es decir, desde la ciudad francesa a Barcelona, después a Alicante, donde estaban aterrizando el viernes por la tarde, y de ahí a Málaga, donde llegaron este sábado, 9 de marzo de 2019.
Paralelamente, han conocido a los amigos de la Asociación Toulouse San Luis de Senegal, quienes también trabajaban en recrear este hecho histórico, sin tener los unos conocimientos de los otros. Los pilotos españoles destacan la espectacular acogida y hospitalidad brindada por los ciudadanos franceses, quienes han llevado hasta la capital malagueña otros dos aviones para recrear el acontecimiento. En Francia, también tuvieron las atenciones de los ingenieros de la oficina principal de España en Toulouse de la factoría de ensamblaje final del Airbus A380, Álvaro Maza y Mario Gutiérrez.
“La vida es demasiado anodina y hay que buscar aventuras. Y qué mejor que recordando gestas y tratando de recordar nuestra propia historia. Además, haciendo lo que nos gusta y apasiona”, concluyen los pilotos españoles.