23 de agosto de 2019 | Actualizado 17:43
El 'Pájaro Amarillo' se puede visitar en el Museo del Aire y del Espacio de París | Museo del Aire y del Espacio de París

La hazaña del ‘Pájaro Amarillo’ en la playa de Oyambre

Una playa cántabra fue el escenario imprevisto de la primera expedición aérea transatlántica europea, una aventura con polizón incluido, en junio de 1929

La sociedad europea empezaba a recuperar la normalidad en 1929, once años después del final de la Primera Guerra Mundial. En España, una pequeña localidad cántabra, Comillas, y más concretamente la playa de Oyambre, se situaba en el mapa por ser la improvisada pista de aterrizaje de emergencia del primer vuelo transatlántico europeo. El avión ‘Pájaro Amarillo’, un Bernard 191 GR que volaba rumbo a París desde Nueva York y se estaba quedando sin combustible, acabó tocando tierra a mil kilómetros de la capital francesa. Cuatro tripulantes bajaron del aeroplano: Armand Lotti, promotor de la expedición; Jean Assolant, su primer piloto; René Lefévre, navegador, y un pasajero clandestino que se convertiría en el primer polizón aéreo de la historia, Arthur Schreiber.

Dos años antes, el joven piloto norteamericano de correo aéreo Charles Lindbergh se había convertido en el primero en cruzar el océano Atlántico, de Oeste a Este, uniendo el continente americano y el europeo en un vuelo sin escalas en solitario. 32 horas de vuelo y más de 6.000 km de distancia fueron las cifras más destacadas del viaje del joven piloto, una proeza que se grabaría en el corazón de Lotti y que le animaría a intentar la misma travesía el 13 de junio de 1929. Este año se cumple el 90 aniversario de tan increíble gesta con final inesperado.

Empecemos la historia por el principio. Armand Lotti era el hijo de una acomodada familia que regentaba un hotel en París y estuvo presente en la recepción que la capital francesa le brindó a Lindbergh a su llegada. Boquiabierto por cómo recibían al nuevo héroe, decidió realizar los estudios pertinentes para emularlo y atravesar también el Atlántico. El estadounidense Charles Lindbergh había partido de Nueva York para llegar a París. Ahora tocaba que un francés hiciera la travesía a la inversa, de Este a Oeste. Por eso, Lotti decidió adquirir un avión por catálogo. La casa Bernard le vendió el aeroplano por 300.000 francos y la Hispano Suiza fabricó el motor que necesitaría y se lo vendió por algo más de 650 francos. Lotti había sufrido un accidente de caza y había perdido un ojo. No podía, pues, cruzar el Atlántico en solitario, necesitaba un piloto. Contactó con su amigo Jean Assollant, de la aviación francesa, que aceptó el reto. René Lefévre, compañero de Assollant, sería el navegador.

Loti, Assollant y Lefévre / Archivo Histórico de Comillas

PRIMER INTENTO FALLIDO
En agosto de 1928, la casa Bernard entregaba el avión a Lotti, un 191 GR de color amarillo, pues así lo había encargado para ser más visible en caso de amerizaje. Su propietario lo llamaría ‘l’Oiseau Canari’, el ‘Pájaro Amarillo’. Después de varias pruebas y un intento fallido de salida el 3 de septiembre de ese mismo año, el propietario del avión decidió cambiar a una ruta más segura: volarían hasta Casablanca (Marruecos) y desde allí saldrían hacia San Luis de Senegal y atravesarían el Atlántico Sur hasta llegar a Nueva York. El llamativo aeroplano despegaba desde Casablanca el 6 de septiembre, rodeado de una gran expectación, pero el calentamiento del motor obligó a la tripulación a regresar sufriendo un accidente al aterrizar. Los medios de comunicación lo anunciaron como un fracaso y los dos pilotos tuvieron que dejar su cargo en el Ejército del Aire francés. Assollant se convertiría en piloto comercial, mientras Lefévre acabaría trabajando en la Oficina de Estudios Aeronáuticos de la Casa Bernard. Por su parte, el tercer tripulante y promotor de la aventura, Lotti, volvía a la dirección del hotel familiar de París.

El primer intento fallido del Pájaro Amarillo obligó a Asollant y Lefévre a dimitir del Ejército del Aire francés

Poco después, el Gobierno francés prohibía los raids para cruzar el Atlántico desde Francia para evitar así la alta siniestralidad de los viajes fallidos. En tan solo dos años, de 1927 a 1929, medio centenar de personas habían perdido la vida. El ‘Pájaro Amarillo’ quedó inmovilizado en Orly. Fue entonces cuando el millonario francés decidió desmontar el aeroplano y trasladarlo de manera ilegal a Inglaterra y de allí a Estados Unidos. Si no se podía realizar la travesía de París a Nueva York, la haría al revés, como Lindbergh en 1927.

La playa de Old Orchard (Maine), larga, recta y con la arena lisa y bien prensada, fue la pista de despegue elegida por Lotti. Los tres tripulantes del ‘Pájaro Amarillo’ coincidieron en la playa con otra expedición, en este caso americana, que pretendía volar hacia Roma en las mismas fechas. Después de un periodo de pruebas y otro intento de salida fallido, las dos expediciones, la del ‘Pájaro Amarillo’ y la del aeroplano americano ‘Green Flash’, se alinearon en la playa para despegar el 13 de junio. Lotti y su tripulación fueron los primeros en levantar el vuelo, bajo la atenta mirada de todos los que allí se habían congregado para poder ser testigos de la hazaña. Los pilotos americanos no tuvieron la misma suerte con el despegue y no pudieron partir hacia su destino.

El Pájaro Amarillo en la playa de Old Orchard, Maine, EEUU / Promofest

Solo unos minutos después de despegar, los tripulantes del ‘Pájaro Amarillo’ se encontraron con una desagradable sorpresa: un polizón a bordo. El combustible que habían calculado para el viaje, 4.000 litros, se quedaría corto con el peso del nuevo tripulante, pero no disponían de paracaídas, precisamente para evitar también ese peso. El polizón, Arthur Schreiber, era un americano sin trabajo conocido que se había colado en el aeroplano para poder ser también protagonista de este vuelo transatlántico. Lotti redactó un improvisado contrato que prohibía al estadounidense publicar nada de lo que allí sucediera y que lo eximía a él y a sus pilotos de cualquier responsabilidad si el ‘Pájaro Amarillo’ sufría algún percance o accidente.

Arthur Schreiber fue considerado el primer polizón aéreo de la historia / Mundo Gráfico

Con tan solo una brújula para guiarse en la ruta y una radio que Lotti había hecho instalar en el avión, la expedición se vio inmersa en una tormenta que los desvió de su ruta inicial. El peso del pasajero adicional amenazaba también la llegada a París y la mala visibilidad a causa de la climatología tampoco ayudaba. Pasada la tormenta, la tripulación vislumbró tierra. Habían conseguido atravesar el Atlántico, pero la costa que aparecía frente a sus ojos era la española, no la francesa. Con el avión prácticamente sin combustible, y con 29 horas de vuelo, a las 20.40h del 14 de junio de 1929, Assollant inició las maniobras de aterrizaje en una playa, la playa de Oyambre, en el municipio de Comillas, Cantabria.

LA PISTA DE ATERRIZAJE DE LA PLAYA DE OYAMBRE
Los cuatro tripulantes se encontraron ante sus ojos una playa desierta, sin nadie a quien preguntar. Minutos más tarde, un vecino que paseaba por allí les indicó cómo llegar al pueblo más cercano, Comillas. Cuando los habitantes de la localidad se enteraron, multitud de vecinos y curiosos se acercaron a la playa para ver el avión que había conseguido atravesar el Atlántico y conocer a los héroes que habían protagonizado la aventura. Los medios de comunicación empezaron a hacer pública la noticia y Comillas se situó en el centro de atención mundial. La recepción que allí tuvo lugar fue completa: cena de celebración, orquesta, baile, felicitaciones a la tripulación… Curiosamente, el personaje más destacado fue Schreiber, el apuesto polizón estadounidense al que todos querían entrevistar, llegando incluso a ofrecerle 11.000 dólares, por parte de un periódico americano, para obtener una exclusiva. Fiel al contrato que había firmado con Lotti, rechazó la oferta.

Multitud de curiosos se reunieron en la playa de Oyambre para ver al ‘Pájaro Amarillo’ / Archivo Histórico de Comillas

Dos días más tarde, después de conseguir combustible, Lotti y su tripulación volvieron a emprender el vuelo a las seis de la mañana. Su intención era alcanzar la base militar de Cazaux, a medio camino hacia París, para volver a repostar allí antes de llegar a la capital francesa, pero una nueva avería les obligó a adelantar el aterrizaje, esta vez en la playa de Mimizan, en la costa atlántica del golfo de Vizcaya. Horas después, a las 17.50h del 16 de junio, el ‘Pájaro Amarillo’ volaba hacia París, donde llegó al aeropuerto de Le Bourget a las nueve de la noche, ante una inmensa expectación. Finalmente, el millonario francés y su tripulación habían conseguido su sueño. Era la primera expedición europea que cruzaba el Atlántico. Ese año 1929, 13 tripulaciones intentaron la travesía, pero solo cuatro lo consiguieron, una de ellas, la del ‘Pájaro Amarillo’. 

13 expediciones intentaron la travesía en 1929 y solo cuatro lo consiguieron, una de ellas la del millonario francés

Los multitudinarios actos de recepción y celebración oficial se sucedieron durante aquellos días. Aunque Schreiber fue tratado como uno más de la tripulación por sus compañeros de vuelo, las autoridades americanas pidieron su expulsión de Francia y Lotti le pagó el billete para que pudiera volver a casa. Por su parte, los tres pilotos, Lotti, Asollant y Lefévre, recibían la condecoración de la Legión de Honor el día 7 de julio, además de diferentes homenajes. Sin embargo, lo más importante no han sido las condecoraciones, sino que lograron hacerse un hueco en la historia de la aviación.

MONUMENTO EN LA PLAYA OYAMBRE
En septiembre de 1929, se erigía un monumento en la misma playa de Oyambre como homenaje al aterrizaje del ‘Pájaro Amarillo’, un acto al que asistieron los tres pilotos, rodeados, esta vez también, por multitud de vecinos. Obra del escultor cántabro Jesús Otero, en dicho monumento se puede leer: “Esta es la playa donde aterrizó el primer avión transatlántico que tocó tierra española. Fue el Pájaro Amarillo en vuelo directo de Old Orchard, EEUU, y tripulado por Assollant, Lefévre y Lotti. 14 de junio de 1929”. 80 años después, en 2010, las autoridades decidieron retirarlo de la playa por riesgo de derrumbe, pero en junio del año pasado el monumento volvió a su lugar después de un proceso de restauración. De esta manera, el Gobierno de Cantabria cumplía con lo que su presidente, Miguel Ángel Revilla, considera “una obligación para que todo el mundo sepa lo que ocurrió allí”.