22 de noviembre de 2019 | Actualizado 17:24
Trabajadores manipulando carretillas de mano en un almacén del puerto de Barcelona | Institut d'Estudis Fotogràfics de Catalunya

Una historia de la estiba

Amados y odiados a partes iguales, los estibadores son indispensables para el funcionamiento del comercio internacional y la economía global

El éxito de cualquier transporte va estrictamente ligado a las labores de la estiba, que no es otra cosa que distribuir la carga y la descarga de mercancía en un vehículo. Sin embargo, el concepto ha estado, tradicionalmente, ligado al ámbito marítimo y ha ampliado notablemente sus atribuciones más allá de cargar y descargar. ¿Saben lo que ocurre con un buque mal estibado? Seguro que pueden imaginarlo. En el peor de los casos, acaba siendo pasto de las algas marinas. Por ello, pueden comprender la relevancia que tienen los profesionales que realizan dicha labor, más conocidos como estibadores, en un mundo en el que nueve de cada diez toneladas de comercio internacional se mueve gracias a estos trabajadores portuarios.

Hasta hace apenas un siglo, las tareas de carga y descarga de los buques eran desempeñadas por las clases populares más desfavorecidas, pues la tasa de accidentalidad era elevada, requería de mucha fuerza bruta y era una actividad penosa, entendido este adjetivo como trabajoso o que supone mucho esfuerzo o gran dificultad. Contrasta comprobar esta imagen con la de los estibadores y estibadoras actuales. En pocas décadas, han pasado de cargar a lomos sacas de las embarcaciones a realizar tareas especializadas y complejas derivadas de la mecanización y modernización de las operativas portuarias.

Han pasado de cargar a lomos sacas de las embarcaciones a realizar tareas especializadas y complejas en pocas décadas

Fruto de sus duras condicionales laborales de los inicios, el colectivo estibador siempre ha defendido sus derechos con uñas y dientes y ha sido, como en el caso de la minería, un sector muy comprometido en la lucha sindical. Esa beligerancia, unida a su protagonismo en el comercio internacional y su capacidad de presión, les ha convertido en una profesión vilipendiada por muchos y muy apreciada por otros.

ESPECIALIZACIONES DE LA ESTIBA EN EL SIGLO XX
El volumen de trabajadores que requiere la estiba ha llevado al desarrollo de diferentes especializaciones dentro de la profesión a lo largo del tiempo. Por ejemplo, el trabajo a bordo de los barcos era una de las tareas más relevantes a llevar a cabo en el siglo XX. “Las operaciones en los puertos y la vida de los estibadores eran tremendamente duras”, asegura Miguel Rodríguez, portavoz del mayor sindicato de la estiba en España, Coordinadora. “Prácticamente, toda la descarga de mercancía se hacía a mano y las medidas de seguridad eran muy exiguas, por lo que había una siniestralidad muy elevada”. En este sentido, Rodríguez explica que hubo épocas en las que se enviaban presidiarios a los muelles y se les obligaba a comprometer a sus hijos a realizar la labor si ellos fallecían.

Otras especializaciones del siglo pasado pasan por el manejo específico de determinados productos como la madera, el algodón o el carbón vegetal; o requerían de un cierto nivel formativo. “Los descargadores de madera fueron los que reclamaron primero para sí mismos la denominación de estibadores como una forma de señalar el carácter especializado de su trabajo”, aseguran desde el Museo Marítimo de Barcelona.

Por lo tanto, mientras en algunos casos la especialización se debía a la situación en una determinada posición del proceso de carga y descarga, en otros consistían en la elaboración de estibas de sacos, que se colocaban de forma ordenada hasta alcanzar grandes alturas. Incluso la habilidad para manipular un determinado vehículo consistía en una especialización en sí misma. En este sentido, el gancho dispone de un gran simbolismo para los estibadores, pues era una herramienta esencial para facilitar la tarea de coger sacos o cajas. No obstante, cuando la mecanización se completó en los puertos, el gancho desapareció y solo quedó como un icono.

Aunque los estibadores trasladaban tradicionalmente las cargas manualmente hacia los almacenes, de forma progresiva se fueron introduciendo elementos mecánicos para aumentar la velocidad de las descargas. De esta forma, se fue sustituyendo la fuerza física por máquinas, así como se estandarizó la carga con avances como el uso de palets o la introducción de contenedores. Hasta entonces, la mayor virtud de los estibadores era la fuerza, pero hoy en día la mecanización requiere de profesionales formados y especializados para mover la mercancía a través de maquinaria pesada. No obstante, Rodríguez puntualiza que aún siguen quedando arduas labores “como el trincaje o la descarga de frío”.

De hecho, la introducción de los contenedores supuso una auténtica revolución en las tareas de estiba en los puertos. Se originó en 1956 en Nueva York y llegó a Europa diez años después, ocasionando un cambio radical en la estructura de los puertos. Las instalaciones portuarias fueron ampliando sus muelles para acoger a barcos de mayores dimensiones y automatizaron sus operativas, un proceso que lejos de finalizar, sigue en marcha en la actualidad. “Actualmente ,se calcula que el 90% de la carga mundial que no es a granel se mueve en contenedores, hecho que ha permitido la reducción progresiva tanto de tripulaciones y trabajadores portuarios como de estancia de los barcos en los puertos”, explican desde el Museo Marítimo de Barcelona.

A su vez, Rodríguez asegura que este avance “nos obligó a los estibadores a especializarnos en la manipulación de esta manera de almacenar y transportar mercancías, con nuevas tecnologías, y nos dio la oportunidad de demostrar la importancia de nuestro papel en el transporte internacional”. Sin embargo, también puntualiza que “como contrapartida, la introducción del contenedor vino aparejado de ajustes en la plantilla en los puertos y fueron más de mil los estibadores que se quedaron sin trabajo en España”. La introducción de nuevas tecnologías y equipos siempre ha llevado aparejada una disminución de trabajadores portuarios, pero también ha obligado a contar con empleados más formados y talentosos. La fuerza bruta ya no es suficiente para trabajar a pie de muelle.

Madera estibada en el muelle del depósito del puerto de Barcelona, 1920 / Autoridad Portuaria de Barcelona

LA ESTIBA EN LA ACTUALIDAD
Según datos de la patronal española de empresas estibadoras Anesco, los puertos españoles acogen hoy en día mercancías por valor de más de 375.000 millones de euros al año, lo que supone el 35% del Producto Interior Bruto (PIB). De esta carga, el 65% requiere de servicios de estiba y desestiba, de forma que los estibadores se encargan de recibir, cargar, descargar y entregar las mercancías, de manera fundamental; y de vaciar y llenar los contenedores, clasificar las mercancías y trasladar la mercancía dentro del puerto de manera complementaria. En la actualidad, se dan fundamentalmente dos grandes especialidades: el control de la mercancía, es decir, saber dónde debe ubicarse el barco y dónde se almacena cuando se deposita en tierra; y el manejo de los diferentes medios mecánicos, que se encargan de cargar y descargar los buques. No obstante, todavía existe en menor medida la manipulación manual de las mercancías, como la pesca congelada o víveres.

375.000 millones de euros

Valor de mercancías que se mueven anualmente en los puertos españoles, según las empresas estibadoras

En cuanto al papel de las nuevas tecnologías como la automatización de las terminales de contenedores, Rodríguez lo tiene claro: “Son una oportunidad para la profesión, indiscutiblemente, pero hay que introducirlas para que estén al servicio de todos, trabajadores y empresas”. En este sentido, a la hora de mirar hacia dónde apunta la profesión, una mayor especialización del trabajo y un control más exhaustivo de las mercancías son, según Rodríguez, las líneas de futuro. “Otra tendencia es, a través de los acuerdos de líneas con las navieras, aprovechar su internacionalización para garantizar el servicio no solo en los puertos españoles, sino en todos aquellos por los que pase la mercancía”.

LA DESCARGA DE CARBÓN EN EL PUERTO DE BARCELONA DEL SIGLO XX
El puerto de Barcelona es un buen ejemplo de cómo el mundo de la estiba ha ido evolucionando con los años. Tradicionalmente es un puerto importador de carbón mineral, pues históricamente Catalunya ha sufrido un déficit de este combustible. Por ello, era la principal mercancía en volumen total del puerto y, a principios del siglo XX, suponía la mitad del tráfico portuario. No obstante, la configuración del puerto en la época impedía que los barcos pudiesen atracar al lado del muelle, por lo cual el carbón se descargaba manualmente de las bodegas y se cargaban en lanchas que lo acercaban a tierra. Allí, los descargadores iban llenando cestos para subirlos hasta los carros.

Debido a la regularidad de las llegadas, se mecanizó su descarga y a partir de 1900 se puso en marcha una instalación teleférica que llevaba el carbón desde el barco hasta los carros. Desde entonces, en el puerto se han construido nuevos espigones y dársenas, permitiendo a los barcos atracar de lado en el muelle. Además, se han instalado nuevas grúas y los camiones han sustituido a los carros. Finalmente, el petróleo sustituyó al carbón como combustible principal en los años 60.