5 de junio de 2020 | Actualizado 17:33
Mariano Fernández

Actividad esencial

Parece osado pensar en la economía cuando la cuestión prioritaria tras el confinamiento sigue siendo ralentizar la propagación del virus, que ha causado millares de muertes en todo el mundo y ha puesto en jaque a países y gobiernos. La pandemia suscita un antes y un después para todo. Es preciso salvar vidas, pero es conveniente prepararse para que los que sobrevivan tengas motivos para querer seguir viviendo.

El Covid-19 ha roto en pedazos todos los eslabones de las cadenas de conexión social y económica que había creado la que se ha demostrado frágil, insolidaria y vulnerable globalización. Estamos a nivel mundial ante una disminución drástica del comercio y, por tanto, del consumo, con el añadido de la sensación de inestabilidad política. El Fondo Monetario Interrnacional (FMI) ya ha advertido que el escenario es mucho peor que la crisis financiera de hace una década. El coronavirus redefinirá el nuevo curso de la historia.

Estamos ante un momento crítico, en el que las decisiones que se tomen, marcarán el futuro inmediato y las mejores puntuaciones las obtendrán los que consigan resultados sostenibles, no los que presuman de haber analizado cual es la mejor decisión, despreocupándose de su implantación. Estamos ante el momento de la responsabilidad, de las fechas, de los compromisos y del seguimiento para que las decisiones se pongan en marcha.

La readaptación de muchas transitarias ante el Covid-19 ha sido más sorprendente de lo esperado

Sin la capacidad de ejecución, ninguna decisión será acertada. La capacidad de readaptación de muchas empresas transitarias ante la rotura de la cadena de suministro causada por el Covid-19 ha sido más sorprendente de lo esperado. Una actividad bastante desconocida y hasta denostada en décadas pasadas por las ineficiencias de los medios y las infraestructuras ha demostrado que ya no es el problema y sí la solución al poner de manifiesto la inteligencia emocional de acuerdo con el momento y la situación en el sector de abastecimientos de productos de primera necesidad para la salud y la vida.

Personal y colectivamente se han hecho muchas cosas distintas a las habituales y la colaboración de la comunidad logística ha puesto de manifiesto que la calificación de ‘actividad esencial’ ha sido más que justificada. La improvisación que ha minimizado el colapso será bueno reconocerla y moldearla para el futuro. Hay mucha información de cómo se ha colaborado a todos los niveles, habría que nombrarla, escribirla y no esconderla. Esta motivación de ahora ha de ser capaz de facilitar la preparación para los profesionales del día después del coronavirus.

Ser ‘actividad esencial’ comporta el deber moral de trabajar para el bien y la igualdad de toda la sociedad

Por supuesto, no será fácil, pero es necesario y es ahora, cuando lo necesario no es fácil, cuando más falta una formación basada en términos de realidad. Habrá que aceptar que estamos ante preguntas diferentes. Creíamos tener respuesta para resolver conceptos que la globalización incluyó en su repertorio: producción deslocalizada, just in time, stock cero, tránsito time,…Habrán de reformularse y serán objeto de nuevas preguntas.

Las cadenas de aprovisionamiento y la logística han de retroalimentarse en el nuevo orden en que se va a entender la globalización. Habrá que acentuar la inteligencia emocional, teniendo en cuenta las estrategias tecnológicas de la producción y los procesos logísticos. Habrá que dar flexibilidad y fluidez, abrir nuevos cauces a operaciones no habituales. Habrá que ser empáticos, optimistas e innovadores. Ser ‘actividad esencial’ comporta el deber moral de trabajar para el bien y la igualdad de toda la sociedad y este deber atañe tanto a los gobiernos como al colectivo y las empresas.