12 de agosto de 2020 | Actualizado 15:38
Miguel Quintana

Borrón y cuenta nueva

Hay una anécdota que ocupa un lugar de honor en el imaginario de todo aficionado colchonero que se precie. Es la que cuenta que el año 92, después de dar la charla técnica a los jugadores previa a la final de Copa contra el Real Madrid en el Bernabéu, Luis Aragonés les dijo, golpeando la pizarra: “¿Han entendido esto? Pues todo esto no vale para nada. Lo único que importa es que tienen que salir ahí fuera a ganar por los 50.000 que van a estar apoyándoles”.

Uno de los efectos de la crisis sanitaria que acabamos de vivir es que la función logística ha pasado de estar relegada a un papel secundario a ocupar titulares y primeras planas. A nivel social, porque ha quedado patente la importancia de la logística como actividad esencial para el bienestar común. A nivel empresarial, porque las compañías son ahora más conscientes de que la gestión de la cadena de suministro es una fuente de creación de valor y generación de ventaja competitiva. En este sentido, me comentaba el director de Logística de una gran compañía que ha pasado de tener una reunión mensual con el director general a hablar varias veces al día. Y a nivel profesional, porque debería ser la oportunidad de hacer atractivo el sector para atraer el talento que tradicionalmente ha sido captado por otros con mayor ‘glamour’.

Si permanecemos quietos esperando que todo se calme y las aguas vuelvan a su cauce, la nueva realidad nos arrollará

Estos son los 50.000 por los que hay que salir a ganar el partido. Sin embargo, para ello es necesario que prescindamos de esas pizarras donde se escribieron tácticas y estrategias, algunas de ellas incluso hace mucho tiempo, que ya sirven para poco. En estos tiempos de incertidumbre y volatilidad, una de las pocas certezas es que si permanecemos quietos esperando que todo se calme y las aguas vuelvan a su cauce, la nueva realidad nos arrollará.

Ahora es el momento para revisar el enfoque estratégico de nuestros negocios. A partir de una reflexión que no debe basarse solo en la experiencia y lo que sabemos hacer, sino en la observación y el entendimiento de lo que está pasando ahí fuera. Esta reflexión debe traducirse en planes concretos que se pongan en marcha de forma rápida, incluso a riesgo de cometer errores. Las empresas tradicionales deberían atreverse a aplicar la máxima de la metodología Lean Startup: “Equivocarse pronto para aprender rápido”.

Es el momento para que la digitalización deje de ser un mantra hueco de tantas veces repetido y, sin embargo, muchas menos aplicado. La tecnología se ha democratizado, está al alcance de todos, y debe servirnos para satisfacer las necesidades de ese mercado cuyos comportamientos y expectativas han ido y seguirán evolucionando a caballo de ese mismo desarrollo tecnológico. También como palanca para encontrar nuevas formas de colaborar y de generar valor con el resto de actores que forman parte del ecosistema (clientes, proveedores y competidores).

Es el momento para que la digitalización deje de ser un mantra hueco de tantas veces repetido

Además, es el momento para que acabemos con ciertos estereotipos relacionados con los profesionales de la logística. La imagen de un sector que valora a los profesionales esforzados y abnegados, con dedicación 24/7 y más orientados a la ejecución que a la planificación debe dejar paso a otros entornos menos hostiles, donde el teletrabajo y la conciliación sean realidades asumibles por las empresas, las capacidades analíticas y tecnológicas se valoren tanto o más que las operativas y el dinamismo y la generación de proyectos disruptivos alimenten las necesidades intelectuales de estos nuevos perfiles.

Es, por tanto, momento de reflexión, pero acompañada de acción. Momento de visión multifocal, con las lentes de lejos para marcar el rumbo, y las de cerca para ir dando pasos concretos en esa dirección. Como cantaba Lennon: “La vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”.