2 de abril de 2020 | Actualizado 23:05
Mariano Fernández

Coronavirus surcharge

El miedo que causa lo desconocido incluye dosis de temor justificadas, pero también un alarmismo exagerado del que todos somos responsables. La aparición en diciembre del coronavirus en China ha desatado una histeria colectiva, que con el tiempo se ha extendido cual pandemia, en la sociedad y la cadena de suministro, que no deja de ser un reflejo de ella. Con el coronavirus, han aparecido como nunca las consecuencias negativas de la globalización y de la perversa ‘guerra fría’ del comercio mundial.

No se entiende, ni es de recibo, que los responsables sanitarios y aun más los políticos, apoyados por la perversión de los medios de comunicación, sean los que más contribuyen a la propagación del pánico. En esta situación confusa, hay quienes sacan beneficio y aprovechando las circunstancias ven la ocasión de enmascarar gastos operativos con la aplicación de costes de oportunidad extraordinarios.

Todas las empresas van a sufrir un traspiés por el coronavirus, pero es pronto para evaluarlo

En el transporte marítimo, la suspensión o ralentización de la actividad en la industria y en los principales puertos chinos y el bajo rendimiento en otros, conllevó que las rutas de los buques portacontenedores vieran fuertemente perturbadas sus escalas y que cientos de miles de contenedores, con carga o vacíos, estuvieran o aún se encuentren retenidos en algunos puertos o en navegación. Todavía no se conoce con certeza el tiempo que costará restablecer y equilibrar el flujo normal de los rutas y contenedores disponibles. Esta situación, unida a las nuevas normas del carburante de los barcos por el IMO2020 y su adaptación para utilizarlos, no contribuye a un mínimo resquicio de esperanza para la vuelta a la normalidad, tanto para las navieras como para los operadores logísticos.

Es evidente que todas las empresas van a sufrir un traspiés económico que es pronto para poder evaluarse. Es el transitario quien ya está soportando las consecuencias de las pandemia histérica al ser el actor central que recibe el impacto de los recargos que las navieras establecen de un día para otro y que debe de transmitir a su cliente, con el que mantiene contratos a tiempo o tiene rubricada la asignación de un tender por tiempo o volumen de carga.

Tratar de obtener beneficios extraordinarios por el coronavirus sería una posición muy irresponsable

Ahora es el momento para que todos los actores de la cadena de suministro actúen con responsabilidad corporativa, que cumplan con las expectativas de una comunidad clave y necesaria siempre, pero más en estas difíciles circunstancias. Tratar de obtener beneficios extraordinarios aprovechando el impacto del brote del coronavirus sería una posición altamente irresponsable. En Italia, ya se ha bautizado esa conducta como el Coronavirus Surcharge, aplicando la célebre frase italiana “Si non e vero e ben trovato”.

Procede reconsiderar las irreparables consecuencias que pueda causar a las empresas aprovechar las aguas revueltas del brote para obtener más abundante pesca. Vivimos una situación altamente compleja que, sin la receta adecuada, pone en riesgo la supervivencia de muchas personas, pero con una derivada casi igual de inquietante: el colapso del sistema si el pánico se cronifica. Seamos optimistas y esperemos que un virus que todavía es irrelevante cuantitativamente a nivel mundial no acabe por matarnos con sus propios efectos directos o, posteriormente, por el hundimiento de la economía.