27 de enero de 2020 | Actualizado 19:39
Mariano Fernández

Deseos y realidades para 2020

Todos tenemos la esperanza de que nuestros deseos se conviertan en realidades, muy especialmente en los cambios de año. Ante el inicio de la nueva década, existe la certeza de que los cambios que vienen serán profundos y ello alimenta los deseos del cambio. Ahora bien, la realidad es que nadie sabe exactamente en qué dirección se producirán. Muchas veces contamos con deseos que consideramos imposibles. En realidad, muchos de estos deseos se pueden conseguir. En el entorno del transporte y la logística, o viceversa, conviene discernir el deseo de participar en parte o en todas las fases de la cadena de suministro. La respuesta puede acarrear riesgos cuando te enfrentas a la realidad de competir en mercados cada vez mas saturados y en donde, además, un mayor número de bienes y servicios pasan a considerarse commodities (productos masivos sin ningún valorañadido considerable).

La digitalización y la inteligencia artificial modificarán, en los próximos años y décadas, muchos aspectos de cómo se prestarán los servicios. Igualmente, la actividad del transporte, por cualquier modo, y las operaciones logísticas necesariamente tendrán que producir menos efectos colaterales sobre el medio ambiente y generar un gasto energético menor. En definitiva, la cadena logística tendrá que ser más sostenible y eficiente.

Me temo que la evolución tecnológica marcará una nueva era con un impacto superior al de la revolución industrial

Hay una célebre sentencia de Albert Einstein, el científico más importante del siglo XX: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.  La continua búsqueda de la rentabilidad es el principal deseo de toda empresa, pero me temo que la evolución tecnológica marcará una nueva era que tendrá un impacto superior al que en su día provocó la revolución industrial. La rentabilidad dejara de ser el  primer deseo y los balances de las empresas tendrán que ajustarse a la nueva realidad.

Hoy por hoy es raro, por no decir imposible, encontrar una empresa que no disponga de una gestión logística, propia o externalizada, que no esté adaptándose constantemente a las nuevas tecnologías. La logística siempre es y será un elemento muy clave en una empresa, como también lo es para el desarrollo económico y social del país.Acabamos el año con la misma incertidumbre con que empezó: la de si nuestros gobernantes consideran o no la logística y el transporte, o viceversa, como una de las arterias principales del comercio interior y exterior, generador de beneficios a la economía y a la sociedad. Parece evidente que no, porque ante la formación de un nuevo Gobierno no hay, por parte de los partidos contendientes, ni propuestas ni programas que traten de una manera clara del desarrollo y apoyo a las empresas de este sector. El mandar/obedecer de antaño deberá se algo así como el seducir/cautivar de ahora, porque en la década que se inicia ya no caben estas cuestiones, ya no proceden ni complicados intereses políticos ni argumentos fantasiosos. Ha de ponerse el foco en crear herramientas para hacer realidad los deseos de las empresas y, por ende, de los ciudadanos a las que estasprestan los servicios.

Se debe estimular a las empresas del transporte y logística para generar oportunidades y no oportunistas

Hasta aquí podríamos decir que llegan las realidades. Aunque sería muy extenso señalar los deseos (imposibles y posibles), me permito detallar algunos que me parecen prioritarios. Por un lado, se debe estimular el impulso de las empresas del transporte y logística, que construyen con esfuerzo y valentía, para generar oportunidades y no oportunistas. Por otro, bien haría el Gobierno dejar de confiar e invertir inútilmente en el asesoramiento de gurús mediáticos y más le valdría atender a las indicaciones y reivindicaciones de las asociaciones empresariales que, además, las ofrecen de forma gratuita en muchas ocasiones.

También entre los deseos prioritarios me gustaría citar que los inversores y emprendedores encuentren apoyo del Gobierno para la internacionalización, que las grandes empresas aprendan a colaborar  y a hacer negocio con las startups o que las empresas cuenten con una generación de profesionales formada en la experiencia internacional. Y, como colofón, cómo no desear que en el 2020 todos habitemos en un mundo mejor, porque soñar es el primer paso para cambiar nuestra realidad.