18 de septiembre de 2019 | Actualizado 18:58
Luis Fernández

La comodidad (in)sostenible

La cadena de valor de la industria de la moda es tremendamente compleja y larga, además de contar con muchos grupos de interés, algunos de los cuales están externalizados. Para que os hagáis una idea, cualquiera de las prendas de vestir que tenemos en nuestro armario, puede llegar a recorrer más de 2.000 km y pasar por más de 15 grupos de interés, es decir, empresas con P&L, antes de llegar a nosotros, lo cual, nos da una idea del impacto de esta industria, correcto, pero ¿cómo es posible que sea sostenible?

La moda lleva años transformándose y buscando fórmulas para que las marcas sigan contando con una cadena de valor tremendamente eficiente, y esto redunde tanto en su capacidad de generar más ingresos como en aumentar sus márgenes. Esta transformación se ha visto acelerada en los últimos años por los siguientes motivos: deslocalización de los centros de producción hacía destinos donde producir sea más ‘barato’, impacto de las nuevas formas de comprar de los consumidores, cuyo mayor exponente es el comercio electrónico, dando lugar a modelos de reparto y entrega diferentes, ‘riders’, ‘lockers’, etc… También ha tenido su papel la incorporación de tecnología para aumentar la eficiencia en la forma de comprar, producir, distribuir y vender, en busca de la predicción del consumo y la detección de tendencias.

A pesar de la familiaridad de vestirnos cada mañana, la industria de la moda es de las más grandes e importantes del mundo, su cadena de valor está presente en todos los continentes, afecta a la totalidad de las fórmulas de transporte, más de 26 millones de personas en este planeta trabajan directamente para esta industria, consume toneladas de fibras naturales (algodón, lino, etc), consume millones de litros de agua en su proceso productivo, emite el 10% de las emisiones mundiales de CO2 y caduca más rápido que los yogures.

Cada vez tenemos más consciencia, pero seguimos comprando moda y no sostenibilidad

Es cierto que los consumidores cada vez tenemos más consciencia sobre qué compramos y cómo compramos, pero lo cierto es que seguimos comprando moda y no sostenibilidad. Hablar a día de hoy de sostenibilidad en la industria de la moda nos obliga a hacerlo desde tres ángulos: sostenibilidad económica, ambiental y social.

La palabra sostenibilidad está de moda, es ‘cool’, y muchas compañías ya han empezado a posicionar la sostenibilidad como un factor estratégico a largo plazo, porque el futuro de la moda o es sostenible o no es. Las claves de las empresas de moda que claramente se han posicionado estratégicamente en el campo de la sostenibilidad obtienen resultados positivos en materia de reducción de riesgos, reducción de costes, mejora de la reputación y fortalecimiento del vínculo con los empleados y proveedores.

Si trasladar estas medidas al día a día de una empresa, tiene compromisos claros en fabricación, ir hacia el consumo de materias primas más sostenibles, utilización de fibras recicladas (el poliéster está presente en el 60% de los tejidos y es altamente contaminante). Políticas de vertido cero de sustancias químicas peligrosas (la ONU califica a la industria de la moda como una “emergencia ambiental”, es la segunda industria que más agua utiliza y genera el 20% de las aguas residuales). Logística, puntos de venta y oficinas, reducción de los gases de efecto invernadero, economía circular, vertido cero a vertedero.

Nada de lo anterior sería posible si no garantizamos unas políticas laborales adecuadas y favorables para las personas, propias y externas, donde dignifiquemos las condiciones laborales, la formación, el bienestar y desarrollo profesional, y apostemos decididamente por las personas triple A (Aptitud, Actitud, Altitud).