6 de diciembre de 2019 | Actualizado 20:16
Enric Ticó

Ministerio para la Logística

Legislatura nueva, vida nueva… O al menos eso sería lo deseable.

La agricultura y la pesca representan el 2,5% del PIB, el sector energético el 2,8%, la industria el 11,5%… ¿Y saben qué tienen en común estos subsectores? Pues que disponen de un ministerio que coordina, controla e impulsa políticas públicas referentes a estos ámbitos. Por ello, no parece lógico que un sector como el de la logística, que representa el 14% del PIB (según datos del Observatorio de la Logística que elabora anualmente Cimalsa), no tenga este reconocimiento por parte de los poderes públicos.

El sector del transporte, y muy especialmente la logística -como actividad disruptiva y en cierta manera, “nueva”- no ha tenido un impulso claro por parte de los distintos gobiernos del Estado. Y en consecuencia no existe una interlocución directa y, sobre todo, eficiente entre la Administración y las empresas.

El peso específico del sector requiere de un interlocutor único que afronte un pacto de Estado para un Plan General de Logística

El hecho se agrava, porque logística y transporte son contemplados excesivamente desde un punto de vista infraestructural (las obras públicas), cuando cada vez más los retos para disponer de un sistema logístico eficiente se corresponden más a elementos relacionados con la gestión, la superación de cuellos de botella administrativos… Todas estas cuestiones, en muchos casos, son responsabilidad de ministerios distintos. Es habitual que, cuando nos dirigimos al ministerio –actualmente de Fomento- solicitando su intervención en elementos clave para el desarrollo logístico, la respuesta, siempre amable, sea la de “echar balones fuera”.

El peso específico de la logística requiere la existencia de un interlocutor único que afronte un objetivo prioritario: un pacto de Estado para desarrollar un Plan General de Logística, acordado con las administraciones territoriales y con todos los actores del sector, que permita la competitividad y la competencia de las diferentes redes logísticas de la Península Ibérica. Hoy ya no compiten los modos, o las ciudades: la verdadera competencia se produce entre distintas redes y plataformas logísticas.

Hasta hoy, cada ministro ha desarrollado su propio plan logístico y/o de transporte, que ha decaído cada vez que el ministro ha sido cesado.

El sector se merece interlocución, continuidad y planificación basadas en un trabajo profesional, y más si se tiene en cuenta que las grandes decisiones no las toman ya los gobiernos, sino las grandes corporaciones cada vez más poderosas y presentes en nuestro día a día.