19 de julio de 2019 | Actualizado 22:26
May López

Políticamente incorrecta sobre Amazon

Lo confieso ya desde el titular y lo reitero en esta primera frase, voy a ser políticamente incorrecta, pero quizás, de vez en cuando, sea necesario serlo. 20 de febrero: una fecha como otra cualquiera, en la que se celebra el Día Mundial de la Justicia Social. Os invito a que leáis la entrada en la Wikipedia, porque después de leer el motivo, por el que hace más de 11 años, la Organización de Naciones Unidas consideraba necesario establecer este día, entenderéis el porqué de mi incorrección política.

No podía ser otro día, cuando apareciese en prensa la noticia que me dejaba asombrada. El gigante Amazon anunciaba, por primera vez, su plan Shipment Zero para reducir su impacto ambiental, iniciativa de la que se hacían eco los medios de comunicación, eso sí, sin valorar el contenido.

El Gigante, con uno de los mayores impactos en dióxido de carbono a nivel mundial, aunque nunca haya comunicado su huella de carbono, sí comunica que la mitad de sus envíos serán “neutros en carbono” para el 2030. Y para explicar cómo van a alcanzar dicho compromiso ambiguo, detallan en su blog oficial una serie de actuaciones, pero también sin cuantificar y ninguna relacionada con su flota o el impacto en la calidad del aire de las ciudades (distinto al impacto de CO2), por lo que no dejan de ser más que buenas intenciones y mensajes para ocupar titulares y «limpiar» la imagen. Confiemos en que aun así, sirva para generar cambios positivos.

Amazon nunca ha comunicado su huella de carbono, pero sí que la mitad de sus envíos serán neutros en 2030

Pero, ¿por qué hacer esto? Recientemente conocíamos un dato, “el 73% de los españoles toma decisiones de compra en base a motivos éticos o de sostenibilidad”, según el informe de la OCU en colaboración con NESI Global Forum ‘Otro consumo para un mundo mejor’. No tengo un dato similar a nivel mundial, pero ésta es una tendencia que se está extendiendo por el mundo. Y es que… ser sostenible está de moda, pero también empieza a ser imprescindible, cuando quieres seguir siendo «valorado» por el consumidor o por tus grupos de interés, que te han de dejar operar en las ciudades o a los que necesitas, cuando quieres crecer en instalaciones y mano de obra.

Porque si ese 73% de los consumidores “responsables”, o los representantes de las administraciones, que les miran como “generadores de empleo”, o sus potenciales empleados, que les miran como esa empresa referente e innovadora, fuesen “conscientes” del impacto de Amazon… porque, ¿qué hace Amazon? ¿qué apoyamos cada vez que compramos por Amazon? Esta multinacional ha sabido hacer del dato y del neuromarketing su mayor valor. Referente disruptor del mercado a través de la creación, no de soluciones al cliente (que también), sino de crear necesidades y hábitos de consumo insostenibles, irresponsables e innecesarios.

El Gigante que tiene un impacto en el desarrollo económico negativo, que Alberto Cavallo, profesor asociado de la Escuela de Negocios de Harvard, ha acuñado como “Efecto Amazon”. Un modelo que gana cuando compite con cualquier modelo local, porque compite en unas condiciones de ventaja, donde sabe que su negocio son los datos y la información, que tiene a su favor la presión en costes sobre su cadena de proveedores, incluidos sus empleados (en huelga por no tener un convenio laboral), pudiendo sacrificar el margen del producto. Eso sin olvidar que está acusado de no pagar impuestos.

El Gigante ha creado la «súper urgencia», que no deja de ser una de las mayores causas del aumento de emisiones

Una empresa que ha creado necesidades en los clientes, como la «súper urgencia», que no deja de ser una de las mayores causas del incremento de flota en las ciudades y de la pérdida de optimización en el uso de dichos vehículos, tanto de su ruta como de su capacidad de carga, con el correspondiente impacto en CO2 y en la calidad del aire. Una súper urgencia y súper consumo, que le está sirviendo de justificación para irrumpir en el sector del transporte, compitiendo con sus propios proveedores. Porque claro, si hablamos de datos…. Ése es el objetivo, saber qué, quién, cuándo, cómo, dónde, cuánto consume un individuo, y no de un solo producto como el Kindle. Como ya se suele decir, ”los datos serán el petróleo del futuro”, y del presente, para aquellos que ya han sabido verlo.

Y digo que ha creado esa necesidad de súper urgencia, porque según el informe ‘E-commerce in Europe 2018’ que elabora anualmente PostNord, el 47% de los consumidores españoles (segundos en Europa) considera “muy importante” que la entrega no supere los 3 días. Sin embargo, el 57% considera que un plazo de entrega de entre 3 y 5 días es aceptable. ¿Pero de verdad necesitamos las cosas en dos horas o es la forma que tienen de garantizar que consumamos más e incrementemos el valor de la compra?

El transporte nunca es gratis y esa “gratuidad” está conduciendo a una mayor precariedad laboral

No nos olvidemos que también ha popularizado el famoso concepto de “transporte gratis”. De hecho, en el mismo informe de PostNord se señala que “para casi siete de cada diez consumidores españoles, es muy importante que el envío sea gratuito”. Y éste es otro concepto que tenemos que evidenciar, el transporte nunca es gratis, y esa “gratuidad” está conduciendo a una mayor precariedad laboral.

Un tipo de consumo, donde además primamos el precio y la comodidad, frente al impacto del transporte de un producto que ha de recorrer miles de kilómetros, en lugar de a uno de producción local. Un dato de referencia de este impacto puede ser el surgido de las declaraciones a la CNBC de Candace McGraw, Chief Executive of Cincinnati/Northern Kentucky International Airport, donde afirmaba que “Amazon está programando 200 aterrizajes y despegues al día sólo en ese aeropuerto”. Otro dato sobre su compromiso e impacto ambiental, quedaba reflejado el pasado mes de septiembre, en el que adquiría 20.000 furgonetas Mercedes Sprinter diésel y ni un solo vehículo ecológico. 20.000 furgonetas de reparto adicionales, que se añadían a las carreteras de Estados Unidos. Así que sí, necesitamos ver cambios urgentes. O bien, que todos nosotros, como consumidores y ciudadanos, seamos conscientes de lo que con nuestra decisión de compra, “inconsciencia” o “irresponsabilidad”, estamos apoyando.

El consumidor no quiere sentirse responsable de promover la invasión de residuos y emisiones que estamos viviendo

Porque quizás, gracias a que tenemos algo de conciencia, no queremos sentirnos responsables de lo que últimamente medios de comunicación y las redes sociales empiezan a mostrarnos. El consumidor no quiere sentirse responsable de promover, a través de su decisión de compra, la invasión de residuos que estamos viviendo y que entre otras muchas cosas hace que “literalmente” estemos comiendo plástico, de la contaminación que asfixia a las ciudades y a sus habitantes, de la corrupción y falta de valores de ciertas empresas, de la explotación infantil o el incumplimiento de los derechos humanos que se produce en la fabricación de productos que llegan a nuestros mercados, de contribuir a fomentar una precariedad laboral o de apoyar a organizaciones que discriminan a sus trabajadores y no fomentan la diversidad o la inclusión social.

Espero que triunfe ese 73% y que como consumidores seamos “conscientes y responsables” y empecemos realmente a tomar decisiones de compra en base a motivos éticos y de sostenibilidad. Así otras muchas más empresas serán premiadas por hacer las cosas bien y las que no, comenzarán a hacerlo.