27 de noviembre de 2020 | Actualizado 19:02

La precariedad laboral de las plataformas digitales de reparto motiva la creación de alternativas

Mensos, Cleta o Trébol buscan fomentar un modelo laboral más justo, ecológico y fiable que sus competidoras Glovo o Deliveroo
Pexels / Cleta App

Las iniciativas de reparto a través de bicicletas de carga, más conocidas como ciclologística, se han multiplicado en los últimos años para ofrecer un modelo de reparto más ético y sostenible en la última milla. Mensos, Cleta o Trébol Ecomensajeros son algunos ejemplos de empresas y cooperativas que han surgido en Madrid para fomentar la entrega de paquetería en bicicleta a través de un modelo laboral más estable, pero existen ejemplos en muchas otras ciudades españolas. Proponen, a su vez, un servicio fiable y con la ventaja de ser un medio de transporte sostenible que no sufre de los problemas de congestión urbana. Sin embargo, se trata de modelos de negocio que han buscado distanciarse de las grandes plataformas digitales de reparto como Glovo o Deliveroo, compañías que están en el ojo del huracán social y judicial por su política laboral.

Este tipo de cooperativas y pequeñas organizaciones de servicios de ciclologística no solo han crecido en la capital, sino que también se han multiplicado en otras ciudades como en Zaragoza, con Zámpate Zaragoza; en Bilbao, con los Botxo Riders; en Vitoria, con Eraman Cooperativa, o en Barcelona, con Mensakas, por citar algunos ejemplos. Además, según ha explicado el fundador de Mensos, Alejandro Corroto, se ha creado la Asociación Ciclologística en los últimos años, una entidad para agrupar a empresas de reparto en bicicleta. Está compuesta actualmente por cinco socios, no obstante, “no termina de arrancar por la falta de personal administrativo”, ha reconocido Corroto. Pese a ello, la proliferación de las cooperativas en este ámbito muestra que este modelo se encuentra en plena expansión en el sector de la paquetería y la logística de última milla.  

Estas pequeñas cooperativas ciclologísticas se erigen como alternativas más éticas y socialmente más sostenibles

Con el auge de los problemas que ha generado la precariedad laboral de las grandes plataformas digitales que, según la última sentencia judicial del Tribunal Supremo a Glovo, emplean a sus repartidores como falsos autónomos, estas pequeñas compañías dedicadas a la ciclomensajería se erigen como una “alternativa ética” y sostenible al reparto en ciudad. Es el caso de los ecomensajeros de Trébol y son pioneros, puesto que realizan reparto en bicicleta desde 1996. No obstante, no ha sido hasta que ha comenzado a popularizarse el reparto de comida a domicilio por parte de las plataformas digitales como Glovo que estas organizaciones han comenzado a ganar visibilidad en el mercado. “Pese a que sea nuestra competencia, es cierto que nos ha beneficiado a la hora de dar a conocer esta forma de reparto que, aunque ya existía, era un modelo aún desconocido”, ha reconocido la cofundadora de la cooperativa Cleta, María Echavarría. 

Esta emprendedora trabajó, antes de fundar la app de Cleta en 2017, tanto para Trébol como para posteriormente Take It Easy, plataforma que fue adquirida años atrás por Deliveroo. El negocio de Trébol y Cleta se basa en un modelo cooperativo de trabajo asociado, donde los trabajadores se posicionan como dueños y gestores de la actividad. Mientras que Trébol se encarga tanto de reparto de comida a domicilio y a su vez de envíos de productos empaquetados como documentación y comercio electrónico, Cleta se limita principalmente a trabajar en mensajería y paquetería. El tipo de clientes habituales de ambas cooperativas son empresas audiovisuales, despachos de abogados, procuradores, agencias de comunicación, pequeños comercios, entre otros. “Generalmente, son negocios que buscan un servicio personalizado, urgente y ecológico fuera de las grandes empresas y plataformas del sector”, han explicado desde Trébol. 

Estas organizaciones a menudo forman nuevas alianzas con clientes ‘rebotados’ de otras plataformas

Frente a las conocidas compañías de reparto, estas empresas a menudo forman nuevas alianzas con clientes que suelen “venir rebotados de este tipo de empresas” y que buscan “más calidad y cercanía en el servicio”. Tanto Cleta como Trébol han coincidido en señalar que “al ser un modelo societario, la atención es totalmente diferente, puesto que al ser sus trabajadores los propios dueños y responsables del negocio, la implicación y el cuidado que se pone en el trabajo es exponencialmente diferente”. Desde Trébol puntualizan, asimismo, que “buscamos mejorar las condiciones de trabajo siempre que sea posible y construir puestos de trabajos dignos y sostenibles”. En este sentido, frente a las reclamaciones de Glovo y Deliveroo de la necesidad de flexibilizar el marco laboral para que se adapte a las circunstancias actuales, Trébol ha asegurado que su concepto de “avance” es equidistante con las mismas, así como sus “valores y forma de entender las relaciones laborales”. 

A raíz de su colaboración con Trébol, María Echavarría cofundó el proyecto de Cleta, una cooperativa que posee su propia aplicación para móvil y web. “A diferencia de Glovo, no tenemos algoritmos y desviamos el trabajo de forma manual hacia nuestros mensajeros”, ha explicado la cofundadora. Esta compañía madrileña opera, principalmente, en el segmento de productos de alto valor, como escrituras o discos duros de series y películas para productos. En la última milla, Cleta colabora con empresas de logísticas vía el operador Koiki, que a su vez opera para Seur y DHL. Asimismo, también realiza el reparto para las tiendas ‘urban’ de Ikea de productos de pequeño tamaño o para la cadena de ópticas Cottet -que antes trabajaban con Glovo-. “Son empresas que anteriormente utilizaban la mensajería tradicional y que ahora se han trasvasado a la ciclomensajería por conciencia medioambiental o bien por la calidad del servicio en sí”, ha explicado Echavarría. En general, ha puntualizado la portavoz de Cleta, “suele ser una mensajería más urgente y con un precio más elevado, pero con mayores garantías”. 

La bicimensajería es solicitada para entregas más urgentes y para el transporte de productos de alto valor

Adicionalmente, los bicimensajeros han asegurado que “este modo de transporte permite controlar mejor los tiempos en ciudad, puesto que no nos afectan tanto los problemas de tráfico, no tenemos restricciones a la movilidad y aparcamos en la puerta de donde vayamos a realizar la entrega”. María Echavarría ha asegurado que, en última milla, “somos ultracompetitivos”. En Madrid, logran transportar entre 100 y 200 paquetes diarios con tan solo cinco mensajeros. Además, a raíz de la pandemia por coronavirus, esta cooperativa ha registrado un incremento en la demanda de delivery. “Hemos generado nuevas alianzas con pequeños comercios que han montado su venta online vía redes sociales tales como librerías, floristerías o tiendas de ropa, entre otros”. A diferencia de otras empresas, según ha añadido la cofundadora de Cleta, “estos clientes no priorizan tanto el precio económico, sino que predilectan, incluso por encima de la cuestión ecológica, la profesionalidad que se ofrece en el servicio”.