26 de noviembre de 2020 | Actualizado 20:36
Museo del Ferrocarril de Madrid / Renfe

¡Enfermos, al tren!

La relación del ferrocarril con el mundo sanitario y hospitalario ha sido una constante, tanto en conflictos bélicos como en epidemias

La predisposición del ferrocarril a colaborar para el traslado de enfermos va mucho más allá de lo sucedido en esta emergencia sanitaria. Lejos de ser una novedad en la historia de este modo de transporte, es una constante. Del mismo modo que no ha sido la primera vez que España se ha visto afectada por una enfermedad contagiosa, y tampoco será la última, el tren estuvo, está y estará preparado en la estación para aportar su vía.

La exposición digital sobre ‘Salud pública y servicios sanitarios en la historia del ferrocarril’ que ofrece el Museo del Ferrocarril de Madrid ha conmemorado a través de un recorrido histórico el nexo de unión entre ferrocarril y el ámbito sanitario desde el siglo XIX hasta hoy. Con el objetivo de elaborar un homenaje al colectivo profesional sanitario y poner en relieve el rol que ha jugado el transporte ferroviario en la historia, la muestra pone el énfasis en los sectores que han colaborado estrechamente en la lucha contra las enfermedades que nos han asolado, siendo la más reciente la del coronavirus. 

La responsable del área de patrimonio documental del Museo del Ferrocarril de Madrid, Ana Cabanes, ha destacado que la Semana de la Ciencia siempre versa líneas temáticas, entre las cuales este año se ha incorporado la sanidad. “El ferrocarril tiene sus propios servicios médicos y ha sido afectado por varias pandemias a lo largo de su vida, por lo que nos ha parecido interesante poner de relieve que este servicio es esencial y a su vez muy relacionado con la salud”, ha explicado Ana Cabanes. De esta forma, la exposición relata de forma concisa lo que ha ocurrido a través de su organización sanitaria, los materiales que se utilizaban y un recorrido por las pandemias que han afectado a este modo de transporte, desde el cólera hasta el Covid-19. 

La alta siniestralidad y falta de salubridad fomentaron la creación de servicios sanitarios en el sector ferroviario

Según ha relatado el Museo del Ferrocarril -que utiliza como fuente e instrumento el patrimonio bibliográfico y documental que se conserva en el Archivo Histórico Ferroviario y en la Biblioteca Ferroviaria-, las compañías ferroviarias han contado desde sus primeros años con la explotación de unos servicios sanitarios que pudiesen garantizar la cobertura asistencial médica de sus trabajadores. En este sentido, la alta siniestralidad que se produjo durante las primeras décadas de explotación de este nuevo modo de transporte requería una atención especial por parte de las empresas del sector. Con el paso de los años, esta elevada accidentalidad se mitigó de forma progresiva al incrementarse las medidas de seguridad en el desarrollo de los trabajos, al aumentar las condiciones de salubridad en el conjunto de la sociedad industrial y al producirse importantes avances en materia de medicina del trabajo.

MEDICINA, SALUD Y FERROCARRILES
Para poder explicar la relación existente entre medicina, salud y ferrocarriles, tres conceptos son clave: movilidad, trabajo y gestión empresarial. Desde el punto de vista de la movilidad, la llegada del ferrocarril impulsó el traslado de personas y mercancías a media y larga distancia, una circunstancia que tuvo un efecto directo en la salud e higiene pública, y donde la medicina tuvo una intervención crucial. Este nuevo modo de transporte “tuvo por entonces unas elevadas cotas de accidentalidad”. Debido a ello, las compañías ferroviarias se vieron forzadas a organizar su propio servicio sanitario, tanto para poder prestar atención a los heridos, como para gestionar todo el sistema burocrático que se generaba en torno a los mismos.

Pese a ello, esta capacidad de movimiento también provocó que, según recoge la exposición virtual, “en múltiples ocasiones actuase como un agente facilitador de la expansión de epidemias e infecciones”. Para lo cual, la intervención clínica e higiénica de los profesionales fue fundamental para el diagnóstico, tratamiento y prevención de dichas enfermedades. Esta misma capacidad de transporte hizo del ferrocarril un elemento clave en periodos de enfrentamiento bélico, cuando el material rodante se puso a disposición de los Estados para el traslado de heridos o la atención médica en el campo de batalla con los coches hospitales.

El ferrocarril fue un elemento clave para el traslado de heridos o la atención médica en el campo de batalla

Con la evolución a nivel nacional de la normativa laboral y sanitaria -que en 1925 publicó el reglamento de servicios sanitarios de vías férreas-, las compañías ferroviarias tuvieron que organizar y normalizar sus propios servicios médicos con el fin de atender las necesidades higiénicas y sanitarias de su personal y a su vez velar por la salud pública de la colectividad. Esta organización, que se ha mejorado con el paso del tiempo, se erige hoy como “un pilar fundamental en la gestión de las empresas y compañías ferroviarias”, asevera la muestra creada por el Museo del Ferrocarril de Madrid. 

APARICIÓN DE LOS TRENES SANITARIOS
En lo peor de la pandemia durante la primera ola de coronavirus, vimos como Renfe adaptó tres de sus trenes Talgo para medicalizarlos y usarlos para el traslado de pacientes entre comunidades autónomas ante el peligro de saturación que sufrían los hospitales. Para ello, el operador ferroviario elaboró un protocolo específico para estos convoyes y diseñó el interior de sus vagones para poder transportar a pacientes de forma segura. Pese a que finalmente no se utilizaron, no fue la primera vez que se planteaban trenes sanitarios en la historia del ferrocarril en España. 

Trenes Talgo para el traslado de enfermos por Covid-19 / Renfe

Según la documentación del Archivo Histórico Ferroviario y en la Biblioteca Ferroviaria, la aparición de los vehículos sanitarios en los ferrocarriles nació unida a la guerra. Durante los conflictos bélicos, el ferrocarril se encargó de la distribución de tropas, suministros y armamento y, aunque tuvo un papel menos conocido, también operaba el traslado y la atención de heridos del frente, e incluso la evacuación y asistencia de la población civil en las zonas ocupadas.

En España, la primera iniciativa surgió durante la Guerra de Marruecos (1902-1927), donde surgió el primer ‘tren-sanitario improvisado’. Este convoy realizó 13 viajes, evacuando 285 heridos y 1.717 enfermos, recorriendo una distancia total de 6.199 kilómetros. Poco después, en 1925, se aprobó el reglamento sanitario de vías férreas, donde se establecen directrices sobre la composición de los trenes, instrucciones sobre su inspección y limpieza del material. Además, esta normativa estableció la obligatoriedad de que todas las compañías ferroviarias con más de 200 kilómetros de recorrido debieran facilitar coches para transportar enfermos.

Los trenes sanitarios y conflictos bélicos

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), algunos automotores se utilizaron en la zona republicana para prestar servicios mínimos de viajeros, para el traslado de autoridades militares y dos de ellos, para servicios médicos, como tren quirófano y vehículo hospital. Así fue como el ejército de la República llegó a disponer de una flota de seis trenes sanitarios. En la década de los 40, Renfe proyectó la creación de un servicio ambulante, una actividad muy necesaria en el periodo de posguerra, en el que las zonas más alejadas de las ciudades sufrían grandes déficits sanitarios y hospitalarios. 

LA ORGANIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SANITARIOS EN EL FERROCARRIL
Una de las primeras industrias que incorporó los servicios médicos en su organización fue la ferroviaria por la penuria en la que desarrollaban los trabajadores sus labores. Fue un requerimiento de las compañías ferroviarias, que se desarrolló entre la segunda mitad del siglo XIX y principio del XX. Estas empresas disponían de unas plantillas de personal muy elevadas y con los condicionantes de la peligrosidad y la dispersión geográfica de los agentes. Por ello, fue imprescindible contar con una organización médica propia que les sirviera para prestar la atención médica y a su vez para acometer la gestión burocrática de las altas y bajas del personal. A esto, se sumaba la elaboración de informes y la gestión de las infecciones y epidemias, que fueron una grave preocupación para las compañías ferroviarias hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Renfe incluyó en su departamento sanitario la lucha contra el paludismo y la desinfección del material rodante

Durante sus primeros años de existencia, Renfe adoptó las estructuras organizativas de las antiguas compañías. El servicio médico de asistencia social tenía por objetivo el socorro y cuidado del personal y sus familias, pero, ante todo, desempeñaba una función de medicina preventiva. Así fue como en 1944 este servicio contaba en Madrid con dos dispensarios donde se atendían las consultas de medicina preventiva y que se dividía en varias ramas: higiene infantil, higiene prenatal, higiene antituberculosis e higiene antivenérea. “La labor preventiva era desarrollada por las enfermeras visitadoras, que emitían diagnósticos precoces de muchas enfermedades”, ha puntualizado el Museo del Ferrocarril madrileño.

Museo del Ferrocarril de Madrid, Fundación de los Ferrocarriles Españoles, F.S.P.

Unos años más tarde, en 1947, el operador ferroviario público decidió reorganizar su departamento de Personal y Asistencia Social, que incluyó entre sus labores la lucha contra el paludismo y prácticas de desinfección del material rodante. De esta forma, se estableció una rama higiénica cuyas labores eran la desinfección y desinsectación del material, las instalaciones y las aguas, la lucha antipalúdica, “que hasta los años sesenta fue una lacra para el personal ferroviario”, según recuerda la exposición virtual sobre esta temática. En conclusión, la regulación y gestión los servicios sanitarios fue un tema que preocupó a las empresas ferroviarias desde sus orígenes hasta la actualidad. 

EPIDEMIAS: DEL CÓLERA AL CORONAVIRUS
En la vida del ferrocarril, la última epidemia es el Covid-19. Pero, ¿cuál fue la primera? El cólera es una enfermedad epidémica aguda que existe en diversos países y la cual aún supone una amenaza para la salud pública mundial. Con la expansión de los virulentos brotes de cólera en el siglo XIX, los servicios sanitarios de las distintas compañías ferroviarias existentes adoptaron en sus respectivos reglamentos, con especial atención a la gestión de las diversas y sucesivas epidemias, medidas y recomendaciones higiénico-sanitarias. Los operadores redactaron sus correspondientes instrucciones para vigilar y afrontar los posibles brotes de cólera y de otras enfermedades infecciosas entre sus trabajadores e infraestructura.

Gaceta de los Caminos de Hierro 16-11-1884 / F. Museo del Ferrocarril de Madrid

Todas estas medidas higiénicas de prevención y control del cólera adoptadas por los servicios sanitarios y el resto de departamentos de las compañías de ferrocarriles se han mantenido casi inalterables hasta la primera mitad del siglo XX. Entre otras, estas recomendaciones para evitar contagios incluían las ya conocidas medidas como “desinfectar recipientes, lavado de manos antes de comer o liar un cigarro, o bien emplear una solución desinfectante en caso de estar en contacto con un enfermo”, similares a las que conocemos hoy en día en la lucha contra el coronavirus. 

Tras el cólera, llegó el turno del paludismo, una patología que afectó especialmente al personal ferroviario y acabó convirtiéndose en un gran problema para sus empresas. La red ferroviaria atravesaba todo el país y sus trabajadores -muchos de ellos portadores de la infección- se trasladaban por todo el territorio. Uno de los casos más recordados fue el producido durante la construcción de la línea del Norte, entre El Escorial con Ávila. Entre 1861 y 1862, se produjo un brote de 3.900 contagiados y 77 muertos. La relación entre las condiciones higiénicas en las que se desarrollaban los trabajos y el movimiento de tierras favorecieron la aparición de este brote de paludismo.

Los trabajadores en la red ferroviaria se trasladaban por todo el territorio y expandieron el paludismo

Otra de las grandes crisis epidémicas que ha vivido el transporte ferroviario es la tuberculosis, una de las enfermedades infecciosas más antiguas de la humanidad. De hecho, se trata de la enfermedad más letal en España hasta mediados del siglo XX. En las primeras décadas del siglo, superó las 30.000 muertes anuales y también se cebó especialmente con las plantillas de personal de las compañías ferroviarias. Toda esta evolución desde el siglo anterior en el control de la propagación y del tratamiento de la tuberculosis y de otras enfermedades contagiosas se reflejó en la actuación de los servicios sanitarios de las antiguas compañías ferroviarias primero y luego de Renfe, recogida en sus reglamentos. En ellos, se establecieron las prácticas necesarias para velar por el cumplimiento general de la normativa sanitaria e higiénica del transporte por vías férreas, como las operaciones de transporte de enfermos, que nos han sido útiles hasta para saber cómo luchar contra las pandemias de ayer y de hoy.