26 de febrero de 2021 | Actualizado 17:26
Irene Liñán / Museo del Prado

Un boceto logístico del Museo del Prado

El almacén de la pinacoteca cuenta con intrincados pasillos, muelles de carga, un gigantesco montacuadros y salas de embalajes prohibidas

Parte del camino a los almacenes del Museo del Prado del edificio de los Jerónimos, inaugurados en 2007, es secreto por seguridad. Intrincados pasillos, muelles de carga, un gigantesco montacuadros, puertas abatibles y salas de embalajes prohibidas al paso conforman un sofisticado sistema de redirección logístico desde las salas de exposiciones hasta el subsuelo. Este almacén es uno de los más conocidos del llamado Campus Prado y alberga seis espacios donde se guardan 28.423 piezas diferentes sometidas a las mismas condiciones ambientales que las salas de exposición. “Estas condiciones se mantienen estables para favorecer la conservación de las obras. La logística aquí funciona como un reloj suizo”, comenta Isabel Bennasar, técnica de gestión del Registro de Obras.

Cada una de las salas de este centro logístico de cuadros posee 212 estructuras denominadas peines que se sujetan al techo mediante un complejo sistema de rieles de forma cilíndrica que cuentan con rodamientos que frenan las vibraciones y los movimientos bruscos. Cada peine posee una rejilla donde se cuelgan los cuadros a cara doble mediante un colgador de hierro, al que se enganchan presillas de metal que quedan escondidas tras los marcos. El diseño de los peines y los planeros, para obras que no cuentan con marcos de protección, busca reducir al máximo la manipulación de las obras. En eso, la digitalización ha sido fundamental. “Todos los procesos están informatizados para localizar las obras lo más rápido posible. Los almacenes nos han permitido mucha holgura y tanto los sistemas digitales como manuales de control están pensados para automatizar procesos”, explica Bennasar. “Antes, los almacenes contaban con salas de embalaje, pero no había muelles de carga para la entrada y salida de obras. El volumen de préstamos no tenía nada que ver con el actual y su incorporación ha sido fundamental para nosotros”.

EL REGISTRO, LA CLAVE DE LA LOGÍSTICA
Isabel Bennasar lleva 23 años en el registro del Prado, formado por cuatro personas. De ellos depende la colección completa del museo, así como sus traslados. Entre sus contactos permanentes están los correos, es decir, las personas que acompañan a la obra en su viaje de ida y vuelta. “Si tuviera que resumir nuestro trabajo en una palabra, sería coordinación. El registro es un gran desconocido, pero hacemos una labor muy importante”, reconoce Bennasar.

“La incorporación de los muelles de carga a los almacenes ha sido fundamental”
Isabel Bennasar Técnica de gestión del Registro de Obras del Museo del Prado

Uno de los procesos más largos y complejos es la logística de los préstamos. La solicitud se manda primero al director, debe ser aprobada en el Real Patronato, y si se autoriza, Registro tramita las condiciones del préstamo y pone en marcha el seguro ‘clavo a clavo’. “Se llama así porque cubre desde el clavo del que bajas el cuadro hasta el clavo en el que lo cuelgas”, aclara Bennasar. En esos movimientos toman parte carros, bandejas, dollys y mesas plegables. Las normas son claras e Isabel recurre a una anécdota de su hija para explicarlas: “Ante un problema de matemáticas en el que se enunciaba que iban cinco cuadros por caja, se indignó: ‘¡Imposible! ¡Nunca hay más de un cuadro por caja!’”. El traslado finaliza con la obra volviendo a casa. Si es necesario, todo tiene lugar a plena luz del día y con el Prado en horario de visita. “Los traslados están aparentemente ocultos, pero no porque no los queramos mostrar, sino para no interrumpir al público. Podrían estar entrando cuadros ahora mismo”, comenta Isabel.

Los traslados internacionales cuentan, además, con la logística de los aviones cargueros. Las obras viajan en planchas de metal sujetas por un sistema de redes, si su tamaño y sus años lo permiten. Quizá sea ese uno de los motivos por los que obras del siglo XII y ‘Las Meninas’ de Velázquez no se prestan nunca. “Yo misma he pasado mucho tiempo buscando rutas alternativas para el traslado de una obra, pero las dimensiones de algunas y la antigüedad de otras o sus necesidades de conservación hacen poco recomendable su préstamo”, cuenta Bennasar.

LOS SIETE DE LA BRIGADA
‘La Brigada’ es el equipo de montaje de obras de arte del museo, los únicos siete profesionales especializados en el traslado físico de obras. Entran a trabajar antes de la apertura del museo y su labor se extiende durante las horas de visita, moviendo piezas entre almacenes o a alguno de los búnkeres de restauración, siendo perfectos conocedores de la localización de cada una. “En general, somos poco conscientes del trabajo que hacen y de lo que implica”, admite Bennasar, que comenta que todos ellos llevan una larga trayectoria a sus espaldas y que no ha conocido aún ninguna jubilación.

ALMACENES, TRASLADOS Y MONTAJES EN EL SIGLO XX

CUANDO LA CALMA ES OBLIGATORIA
Entre exposiciones que han reunido a casi 600.000 visitantes, Bennasar recuerda como anécdota el traslado de las obras de gran formato del siglo XIX a las salas de Villanueva, uno de los trabajos donde más trabajadores estuvieron implicados. “Eran cuadros inmensos. Hubo que montar un dispositivo especial porque apenas cabían por estos pasillos y recuerdo a La Brigada, Restauración, Registro, Seguridad, etc. implicados en los movimientos”. En esos casos de logísticas tan delicadas y complejas, es imperativo guardar la calma por muy impresionante que resulte el proceso, aunque no siempre es posible. Isabel Bennasar admite, entre risas, que le cuesta mantener la cabeza fría con dos obras de la pinacoteca. Siente especial predilección por el ‘Autorretrato de Goya’ y ‘Los tres mulatos de Esmeraldas’, de Andrés Sánchez Galque, por las veces que ha organizado sus traslados al ser dos de las obras más prestadas en los últimos años.

UN MUSEO DEL TAMAÑO DE DOS ESTADIOS DE FÚTBOL


Pese a que su altura no es una de sus señas de identidad, el Museo del Prado dispone de 121 salas, que en total suman más de 14.048 metros cuadrados de exposición. Si dichas salas se ordenaran a modo de Tetris, la superficie total del complejo podría albergar dos estadios Santiago Bernabéu en su interior. Eso sin contar las incorporaciones de nuevos edificios al campus museístico que conforman en la actualidad el edificio Villanueva, el Claustro de los Jerónimos, el Casón del Buen Retiro y el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, que se ha incorporado a los anteriores recientemente y que se prevé que acoja sus propios almacenes y su propio muelle de carga para convertirse en un nuevo espacio de exposiciones. Aún tienen que empezar los trabajos de adecuación, pero es probable que alguna de las obras escondidas en los almacenes de Jerónimos termine expuesta allí.