
La Luz sigue encendida 138 años después
Cuenta la leyenda que el nombre de La Luz del puerto de Las Palmas viene porque cada noche, una luz misteriosa recorría la bahía de La Isleta hasta llegar a la punta del arrecife y desaparecer en el mar. Tan anecdótico fue el nombre como la construcción de un puerto que surgió casi por presión, pero que ha alcanzado tal popularidad que ahora es parada de muchos buques que pasan por el Atlántico. Desde hace 138 años, interconecta África, América y Europa.
Las obras del puerto comenzaron por una triquiñuela legal de un ministro canario y su hermano
Sin embargo, su camino hasta recibir un millón de pasajeros al año entre turistas y usuarios de rutas nacionales fue arduo. Tanto es así que la gran olvidada Gran Canaria solo empezó a aparecer en los mapas de los Reyes Católicos a partir del siglo XV, cuando los monarcas concedieron exenciones fiscales a la isla para fomentar la llegada de habitantes que ayudaran a mantener la ruta a América. Aun así, la población era escasa y las guerras convirtieron a la isla en un blanco fácil para las tropas enemigas al menor conflicto con la corona española.
Tres siglos después comenzaron las necesidades portuarias de verdad, provocadas por la libertad de comercio. “La ciudad de Las Palmas no estaba donde está hoy el puerto, sino en una bahía difícilmente defendible”, explica Juan Francisco Martín, director comercial del actual puerto de La Luz (nombre comercial) o de Las Palmas (nombre oficial). Frente a la ciudad, en la isleta de la famosa luz, había un pequeño puerto inservible para los objetivos del Estado. La Ley de Puertos Francos de 1852 otorgó a la isla independencia de la Ruta de las Indias, así que contar con un recinto para aprovechar la ley y fomentar el abundante comercio de la cochinilla canaria se hizo crucial.
Pero con la burocracia hemos topado. Las obras se retrasaron 30 años desde la apertura de licitaciones hasta que un ministro canario, Fernando León y Castillo, y su hermano, el ingeniero de obras del puerto, ejecutaron una virguería legal para acelerar el proceso: declarar Las Palmas como puerto refugio que podía ser del Estado sin tener que constituir un organigrama propio de la nueva infraestructura. De esta forma, se logró que las obras se pusieran en marcha dos años después.
PUERTO INGLÉS Y PUNTUALIDAD BRITÁNICA
Las colonias inglesas se extendían por África occidental, así como su necesidad de contar con puertos de carbón que dieran servicio a su navegación a vapor. La intención británica era establecer una carbonera en el puerto oficial de Santa Cruz de Tenerife. La negativa de España benefició a Las Palmas, donde ya existían las primeras colonias inglesas.
Paralelamente, la familia Swanston, magnates del comercio, se presentaron al concurso público de rebote. “El proyecto de un puerto en la India fracasó, así que optaron a este”, cuenta Martín. El recelo de la Iglesia Católica con los anglicanos que habían ganado el proyecto más importante de los últimos años en la isla fue patente. “Por eso, en la colocación de la primera piedra el 26 de febrero de 1883 la familia llevó una pancarta con el lema ‘God bless our work’ (Dios bendiga nuestro trabajo)”. El puerto tuvo tanta influencia británica en sus primeros años como bastión del vapor que lo primero que hicieron los Swanston fue instalar un reloj en el muelle. “El transporte es tiempo. El trabajo es tiempo. El tiempo es oro”, sentencia Martín.
LA LUZ DE LAS ESTRELLAS
Cuando el tránsito de buques entre América y Canarias fue frecuente, se incrementó la conexión cultural. Juan Francisco Martín cuenta que los barcos que partían de Italia hasta Argentina con espectáculos a bordo fondeaban allí y realizaban actuaciones musicales. La industria del cine fue otro gran aliciente para el puerto por las exenciones fiscales. Eso sumado a los entornos naturales atrajo a todo tipo de producciones internacionales, entre las que destaca ‘Moby Dick’, con Gregory Peck encabezando el reparto.

Un momento del rodaje de ‘Allied’ en la Plaza Manuel Becerra de Las Palmas | Puerto de Las Palmas 
Brad Pitt ensayando una escena en una calle de la ciudad | Puerto de Las Palmas 
El puerto de Las Palmas como escenario de ‘Moby Dick’, con la estructura que hizo de ballena | Puerto de Las Palmas 
Gregory Peck, encarnando al capitán Ahab junto a los marineros del barco ballenero Pequod | Puerto de Las Palmas
A mediados del siglo XX, desembarcaban personalidades como Marcello Mastroianni y años después llegaron producciones como ‘Allied’, ambientada en los años 40 y protagonizada por un tal Brad Pitt y Marion Cotillard. El puerto también ha acogido rodajes españoles como ‘Palmeras en la nieve’, ‘El Niño’ o ‘Cien años de perdón’. Por el lado turista, se pasearon por allí políticos como Winston Churchill, galanes como Paul Newman, miembros de la realeza británica como el duque de York, intelectuales como Stephen Hawking y escritores como Agatha Christie, que aprovechó para empezar una de sus novelas en la isla e inspirar su argumento en los viajes de uno de los protagonistas.
SIEMPRE EN ALERTA
Actualmente el puerto de Las Palmas conecta con unos 380 puertos de todo el mundo gracias a una treintena de líneas marítimas de pasaje y carga. Además, constituye un hub de mercancías de importación y exportación y un punto de redistribución y abastecimiento. Por ello, su existencia ha dependido siempre de lo que sucede más allá del océano. “Durante las dos guerras mundiales, aquí nos morimos de hambre”, cuenta Martín. “En cambio, nos vinieron bien los conflictos de los años 60 en el Canal de Suez porque el tráfico marítimo se redirigió hacia aquí. Tuvimos 10.000 buques al año en las distintas guerras”.
El crecimiento de La Luz ha sido permanente desde la llegada del combustible líquido, al mismo ritmo que la sucesión de crisis: desde la reconversión de astilleros en Cádiz y Lisboa para la reparación naval, hasta el auge del repostaje en Gibraltar, pasando por los corralitos económicos en Argentina y Brasil, grandes exportadores de contenedores, o la piratería en el Golfo de Guinea. El Covid-19 les ha hecho perder el 60% de tráfico turístico, pero ha logrado salvar los muebles. “Hemos sobrevivido 138 años sin nada cautivo. Esperemos sobrevivir otros 138 más. Pero la competencia es permanente desde el primer día, y la amenaza, tan grande como las oportunidades”, concluye Martín.









