1 de diciembre de 2021 | Actualizado 19:33
NASA / ESA

Una logística muy espacial

La Estación Espacial Internacional recibe y envía suministros y mercancías un mínimo de diez veces cada año desde su puesta en órbita en 1998

Antes de que el hombre diese un pequeño paso, que sería un gran paso para la humanidad, el espacio ya había recibido prácticamente de todo. En 1957, la Unión Soviética consiguió que la perra Laika llegase al espacio exterior a bordo del ‘Sputnik 2’, mientras que Estados Unidos lanzó en 1948 un vuelo pilotado por el mono Albert y, en 1959, otros dos monos astronautas, Able y Miss Baker, conseguirían volver a la Tierra intactos. Desde entonces, tanto en viajes espaciales tripulados como no tripulados, se han puesto en órbita objetos de lo más variopintos, desde un disco de The Beatles hasta un coche Tesla. Con el tiempo, la carrera espacial evolucionó y permitió crear una base permanente, la conocida como Estación Espacial Internacional, que está en órbita desde 1998 y que es una infraestructura clave para la investigación en un término amplio y la exploración espacial. Su creación motivó la necesidad de enviar y recibir todo tipo de suministros y productos al espacio exterior con una cierta regularidad. Con más o menos profundidad, se conocen las vicisitudes de la logística terrícola, pero ¿cómo es la que nutre a la Estación Espacial Internacional?

Se han puesto en órbita objetos de lo más variopintos, pero nada comparable a la Estación Espacial Internacional

Comencemos este viaje espacial por el principio. La frecuencia de envíos varía según las necesidades de la Estación Espacial Internacional. En la actualidad, hay uno cada mes y medio o dos meses. “El número de vuelos que alcanzan la ISS (International Space Station, en español Estación Espacial Internacional) es de diez aproximadamente por año, algunos de ellos se usan para transportar a la tripulación (en estos vuelos la cantidad de mercancías que se puede cargar es muy limitada) y algunos se usan solo para transporte de mercancías”, explican desde el directorio de Human and Robot Exploration Programme de la Agencia Espacial Europea (ESA). En el caso de esta entidad europea, envían mercancía, principalmente, “para cubrir todas las necesidades científicas y de mantenimiento”.

Lanzamiento del vehículo de mercancías ATV-5 de ESA a bordo del cohete ‘Ariane 5’. Transportó a la Estación Espacial Internacional aproximadamente 6,6 toneladas de suministros, incluyendo 2.682 kilogramos de mercancía seca.

¿Y qué se transporta? “De todo”, afirma el astrónomo y divulgador científico Álex Riveiro, “desde alimentos para los astronautas, que en ocasiones están deshidratados y debe añadirse agua en la estación, hasta alimentos envasados al vacío, pasando por experimentos y dispositivos, módulos, o componentes nuevos (o reemplazos) para la estación”. Desde la Agencia Espacial Europea confirman que “sobre todo enviamos experimentos, pero también repuestos para cubrir las necesidades de mantenimiento del módulo de la ESA” en la Estación Espacial Internacional. Todo se transporta en el interior de cápsulas espaciales que dependerán, en primer lugar, de la compañía o la agencia espacial que se encargue del transporte. “Los vehículos de mercancías permiten una carga de hasta 3 o 3,5 toneladas, presurizada y no presurizada”, sostienen.

La Agencia Espacial Europea envía sobre todo experimentos y repuestos de mantenimiento

Las mercancías son enviadas por lo general en misiones no tripuladas, que son llevadas a cabo por Roscosmos, la agencia espacial rusa, y NASA, que colabora con empresas privadas. Entre 2008 y 2016, el transporte de productos a la Estación Espacial Internacional y su devolución a la Tierra se realizó a través de una docena de naves espaciales de SpaceX, conocidos con el nombre de ‘Dragon’, y ocho naves espaciales de Northrop Grumman, conocidas como ‘Cygnus’. Desde 2019 hasta 2024, los envíos de mercancías estarán al cargo de 20 lanzamientos de SpaceX a bordo de sus ‘Dragon2’ y de diez vuelos gestionados por OrbitalATK, empresa absorbida por Northrop Grumman en 2018.

Existe la posibilidad de sufrir “desde dificultades técnicas que puedan ralentizar el proceso de empaquetado, o algún experimento que no está listo para ser enviado al espacio, hasta lo que afecta al vuelo y la cápsula en sí”, advierte el divulgador Álex Riveiro. Otros problemas plausibles serían los ocasionados a la hora del despegue, que obligaría a posponerlo a otra fecha, o en pleno vuelo. “En este último caso, la cápsula puede perderse (se desintegra en la atmósfera de la Tierra) o no lograr alcanzar su objetivo de acoplarse a la Estación Espacial Internacional”. Desde el directorio de Human and Robotic Exploration programme de ESA afirman que “especialmente con pequeños objetos el riesgo es que se pierdan, por eso su contención es muy importante”. Así y todo, y teniendo en cuenta todos los factores que intervienen en el proceso de envío, Álex Riveiro sostiene que “hoy en día es muy raro que un vuelo de suministros salga mal”.

La tripulación usa velcro o cuerdas elásticas en la Estación Espacial Internacional para sujetar las mercancías

Si la precisión y las medidas de protección son cruciales para el transporte de mercancías en la Tierra, en el espacio cobran el doble de importancia. Su almacenamiento depende del producto que se quiera enviar, asegura el divulgador Álex Riveiro, “pero por lo general todo se intenta reducir al mínimo espacio posible para aprovechar al máximo la capacidad de carga de las cápsulas”. Todo lo que se puede empaquetar en un espacio mínimo, se comprime para dedicar más espacio a otras cosas.

Las mercancías se transportan en bolsas estándar, conocidas como Cargo Transfer Bags o CTB, que se usan durante la fase de lanzamiento, el trayecto y el regreso a la Tierra. Estas bolsas están fabricadas con el material Nomex por razones de inflamabilidad, según explican desde el directorio de Human and Robotic Exploration Programme de la Agencia Espacial Europea, cuando estas bolsas contienen hardware en su interior y se cierran, “no hay riesgo de tener objetos flotando”. Para evitar que los objetos floten producto de la ingravidez, la tripulación puede usar velcro para pequeños objetos o cuerdas elásticas para objetos de tamaño medio y grande para frenarlos. De hecho, hay piezas de velcro para sujetar los objetos en las paredes de la Estación Espacial Internacional, lo que ejemplifica que, a veces, las soluciones más simples, incluso en la logística espacial, son las más útiles y eficientes.

BASURA ESPACIAL, LA ÚLTIMA FRONTERA DE LA LOGÍSTICA PARA SER SOSTENIBLE
El cuidado por el medio ambiente y el respeto por el lugar donde vivimos no solo repercute en la actividad logística de la Tierra, también alcanza al espacio. Según el informe anual de la Oficina de Basura Espacial de ESA, cada vez existen más desechos espaciales que son susceptibles de colisionar con satélites en funcionamiento. En sí, los residuos no se devuelven, se almacenan en una cápsula que, cuando llega el momento, se desacopla de la Estación Espacial Internacional y se envía a la atmósfera de la Tierra, donde se desintegra por completo. Desde la Oficina de Basura Espacial de la ESA confirman que solo hay dos ejemplos en los que la basura espacial llega a la Tierra: cuando “un satélite o cohete vuelve a entrar en la atmósfera, una porción sobrevive y se encuentra más tarde en el suelo” o cuando “un experimento específico es orbitado que tiene el objetivo de recolectar ejemplos de basura y más tarde este instrumento es recuperado”.

Por el momento, afirman desde ESA, “no hay forma de desorbitar objetos pequeños de basura espacial, aunque estamos trabajando en una nueva tecnología con láseres que resulta prometedora”. Por su parte, el ingeniero Diego Garces de D-Orbit recuerda que “si queremos ser capaces de continuar enviando objetos en el futuro, de viajar al espacio y de seguir teniendo una órbita terrestre utilizable, este problema debe ser abordado para no llegar a un punto crítico”. Siempre que se lanzan cohetes al espacio se realiza previamente un análisis de cuál es la posibilidad de ser golpeado por basura espacial y, con los futuros viajes turísticos al espacio, se deberá estudiar con mayor profundidad. “Si queremos ser sostenibles, debemos limitar los desechos espaciales en órbita”, subraya Diego Garces.