2 de julio de 2022 | Actualizado 14:25
E.M.

Un paseo por la fábrica del futuro

El DFactory Barcelona proporciona espacio a empresas de la industria 4.0. para que desarrollen sus proyectos y creen sinergias entre ellas

Una gran caja de cristal se alza en medio de una explanada en la Zona Franca de Barcelona. Robots, vehículos de movilidad sostenible y proyectos con la tecnología más puntera se concentran en este espacio de 17.000 metros cuadrados. Startups con soluciones de inteligencia artificial crean sinergias con compañías multinacionales como Huawei, que les proporciona su tecnología. Se trata del DFactory Barcelona, el nodo de la industria 4.0. impulsado y gestionado por el Consorci de la Zona Franca de Barcelona (CZFB), el punto de encuentro que aspira a convertirse en el referente del sur de Europa.

Más de 20 empresas relacionadas con la innovación y la tecnología se han instalado en el DFactory desde que abrió sus puertas hace medio año. Ya trabajan a diario unas 150 personas, aunque la idea es llegar a 500 y albergar a 100 empresas. El espacio dispone de oficinas, salas de encuentro y laboratorios divididos según la temática de los proyectos. Así, empresas como Robotnik o Alisys comparten espacio en el laboratorio de robótica, y Mastertec 3D y Windforce se encuentran en la parte destinada a impresión 3D. Desde el punto de vista de la sostenibilidad, el techo del edificio está cubierto de placas fotovoltaicas y el interior aprovecha la luz natural.

“La filosofía del DFactory es explorar los nuevos territorios de la nueva industria”
Pere Navarro Delegado especial del Estado en la Zona Franca de Barcelona

“La filosofía del DFactory es explorar nuevos territorios desde el punto de vista de la nueva industria, la industria 4.0, y eso significa nuevos lugares de trabajo y nuevas actividades”, ha explicado el delegado especial del Estado en la Zona Franca de Barcelona y presidente del DFactory, Pere Navarro. El objetivo es englobar empresas relacionadas con innovación para crear una comunidad que convierta a Barcelona “la capital de la nueva economía y de la industria 4.0”.

En esta fase inicial, el Consorci de la Zona Franca de Barcelona ha invertido aproximadamente 30 millones y más adelante, cuando este espacio se consolide, se añadirán otros 70.000 metros cuadrados. Este es un primer paso para crear una red internacional. “En estos momentos, no podemos actuar solo en un territorio municipal o en un territorio determinado”, continúa Pere Navarro. Por ello, ya están estudiando la posibilidad de conectarse con otras experiencias similares por todo el mundo, ya sea en Nueva York, en París o en Alemania. “La idea sería conectar todos estos mundos”, subraya, pero principalmente “queremos convertirnos en el referente del sur de Europa”.

UN MICROCOCHE FLEXIBLE Y SOSTENIBLE PARA CAMBIAR LA MOVILIDAD
Dentro del DFactory, cercano a su entrada, se encuentra un prototipo de cuadriciclo pesado de propulsión eléctrica. Es el microcoche de The e-Miles Company, empresa creada por Malena Engineering, que aspira a revolucionar la movilidad urbana desde un punto de vista sostenible. Este microcoche recibe el nombre de e-Miles porque “las ciudades serán de última milla”, según explica el responsable de la compañía, Mike Hastewell. El vehículo expuesto en el DFactory se presentó a mediados de julio y se expuso en el Salón del Automóvil de Barcelona.

En poco espacio se engloban funcionalidades hasta ahora nunca vistas en la automoción. La primera novedad es que el acceso al vehículo se realiza frontalmente con un portón abatible. Sus techos altos permiten a los conductores entrar andando, poder colocar un carrito de la compra o introducir una silla de ruedas sin dificultad. No hay panel, ni volante, ni palancas de cambio, solo un joystick. Gracias a este inusual volante, no se necesario modificar el vehículo para mercados en lso que se conduzca por la izquierda o por la derecha. El e-Miles ofrece dos posiciones para ampliar su capacidad en caso de necesidad. Aquellas personas sin carnet podrán conducir la versión corta de 2,5 metros y dos plazas. El resto será capaz de conducir un vehículo de mayor tamaño, alargando el chasis de forma automática hasta 2,87 metros de largo, donde caben cuatro asientos. Ambas posiciones consiguen más espacio si se abaten los dos asientos traseros y alcanzan los 45 km/h en el ámbito urbano. El vehículo está homologado con la certificación L7-e y está patentado por la compañía. Para el frenado, existe una ondulación en el suelo que al ser presionada reduce la velocidad.

El vehículo ha sido fabricado mediante impresión 3D con fibra de video y ABS, de manera que la compañía ha evitado las emisiones de carbono. El cristal delantero de policarbonato no se raya y está dotado de un recubrimiento para repeler el agua y la suciedad que pudiera dificultar la visión. Aunque el modelo original no incluye limpiaparabrisas, porque no los necesita, The e-Miles Company se ha visto obligada a incorporarlo en futuros coches por normativa. Los retrovisores tradicionales han sido sustituidos por cámaras que replican la imagen en la pantalla frontal y la motorización se encuentra en la parte trasera. Para recargar la batería, el vehículo utilizará la carga por inducción, aunque se espera dar el salto al uso de hidrógeno en un futuro. Más adelante, y con la homologación pertinente, el e-Miles podría conducirse de forma autónoma incorporando un radar en el techo para detectar obstáculos mediante infrarrojos. Desde la compañía aseguran que ya se están realizando pruebas piloto en una ciudad para esta funcionalidad.

“Los moldes y las matrices ya no son válidos en este siglo”
Mike Hastewell Responsable de The e-Miles Company

No solo está dirigido a particulares, también el reparto de última milla tiene cabida en este vehículo. Con una capacidad máxima de 150 kilogramos de carga, el e-Miles es capaz de transportar elementos de hasta dos metros de largo. Su producción comenzará en 2023 a través de la deslocalización de fábricas de impresión 3D. Una de las propuestas surge desde el propio DFactory, donde The e-Miles Company ha firmado un acuerdo con Windforce, otra compañía alojada en este espacio, para crear cinco prototipos más, aunque descartan concentrar la producción en un mismo centro. “Los moldes y las matrices ya no valen en este siglo”, apunta el responsable de la compañía Mike Hastewell, “la fabricación aditiva es el futuro”. Si alcanzan una producción de 1.000 e-Miles, el precio de cada uno de ellos rondaría los 12.000 euros. “No aspiramos a ser fabricantes, somos una empresa ingeniería y sabemos que nuestro modelo funciona”, asegura Hastewell, de ahí que confíen en que el precio disminuirá con el tiempo. Por el momento, han invertido un millón de euros en todo el proceso y se plantean rondas de financiación para el futuro.

ROBOTS DE VIGILANCIA Y AUTOMATIZACIÓN DE ALMACENES
En el laboratorio de robótica, hay expuestos brazos móviles que ayudan en las tareas repetitivas, plataformas autónomas que levantan estanterías y animales cuadrúpedos de metal. En esta última categoría se enmarca el Spot Enterprise de Alisys, el robot desarrollado para actividades de vigilancia, tanto en espacios públicos como en almacenes y fábricas. Dispone de cinco cámaras de profundidad y estéreo, además de una cámara de percepción de 360º, para detectar obstáculos y recupera el equilibrio sin dificultades. Sus cuatro patas llevan incorporados 12 motores que le permiten caminar por pendientes de aproximadamente 30 grados a una velocidad de 1,6 m/s.

Se trata de un robot con navegación autónoma, aunque es posible controlar su movimiento de forma manual, y funciona entre una hora y media y tres horas aproximadamente. El Spot Enterprise también cuenta con un brazo móvil integrado para manipular objetos con su pinza y automatizar series de movimientos y acciones. Actualmente, la compañía mantiene su centro de operaciones en Gijón, mientras que el equipo técnico de robótica se ha instalado en en DFactory y el departamento comercial reside en Madrid. “En España, empieza a ser normal tener un robot”, aseguran desde Alisys. Al otro lado del océano Atlántico, la empresa ha abierto una oficina en Colombia porque “hay mucho mercado de robótica en Latinoamérica”, al igual que Emiratos Árabes Unidos, y están apostando por Marruecos “para expandir mercado”.

La robótica colaborativa también tiene su espacio en este laboratorio. Son los robots móviles autónomos de Robotnik, que despliegan un abanico de capacidad de carga, medidas y aplicaciones. Por ejemplo, el RB-1 Base levanta hasta 50 kilogramos y mueve carga pequeñas en interiores o en espacios muy reducidos, mientras que el RB-Robout consigue transportar hasta una tonelada. “Pretendemos que cualquier compañía tenga la oportunidad de implementar robótica colaborativa, sin necesidad de tener una gran infraestructura”, explica la chief marketing officer (CMO) de Robotnik, María Benítez. Todos ellos cuentan con navegación libre y son capaces de tomar decisiones en medio del entorno del trabajo, es decir, sortea obstáculos y redefinen su ruta para seguir con sus tareas gracias a los sensores, láseres y diversos componentes que le permiten procesas y analizar datos en tiempo real. Estos componentes se complementan con tecnologías de inteligencia artificial y otras funciones inteligentes avanzadas, como la comunicación por voz o el seguimiento de personas.

Sus robots se emplean en en sectores como el ecommerce, la agricultura, la sanidad o la seguridad, aunque Robotnik acusa un aumento de clientes que los demandan especialmente para tareas de logística, de inspección y de mantenimiento. Un ejemplo son los RB-1 Base o el Summit-XL Steel, ambos solicitados en empresas de logística “para el transporte de materiales en procesos de picking y preparación de pedidos en el sector del ecommerce”. Aunque podría pensarse que a este tipo de soluciones solo pueden aspirar las grandes empresas, “cada vez más pymes están experimentando un incremento en la rentabilidad y una reducción en los costes de producción gracias a la automatización inteligente de ciertos procesos”, añade María Benítez.

UN VIVERO DINAMIZADO DE STARTUPS
Muchos de los proyectos que habitan en el DFactory, o que están por llegar, provienen de startups. Además de financiación externa, los emprendedores a veces también necesitan acompañamiento legal, ayuda en la gestión o apoyo en general. Es ahí donde entra Oryon Universal, la firma de asesoramiento a startups que se ha instalado en el DFactory con el objetivo de “crear un ecosistema de startups, empresas medianas e inversores”, según explica su consejero delegado, Victor Giné. Contar con una zona en el DFactory “nos ayuda a llegar al mercado”. Planean dinamizar el ecosistema mediante actividades de todo tipo: foros de inversión, conferencias, shows e incluso formaciones con inversores y startups. La clave es “intentar que pasen cosas dentro del DFactory”. Por el momento, han invertido en 17 startups, con el objetivo de alcanzar las 40 en 2022, y han organizado más de 35 rondas de financiación. Dentro de su portafolio, también hay espacio para el mundo de la logística y un ejemplo es Foodsourcing Specialist, la startup que desarrolla packaging compostable.

“El DFactory nos ayuda a crear un ecosistema y un espacio a las startups”
Victor Giné Consejero delegado de Oryon Universal

Esta compañía invierte en la etapa conocida como “valle de la muerte” para aportar valor y seguridad al emprendedor, y más tarde, aporta una inversión mayor para apuntalar su crecimiento. Al mismo tiempo, le acompañan con todo aquello que la startup necesite: tecnología, financiación, equipo de marketing y legal. “Invertimos en personas”, asegura su consejero delegado, “buscamos personas que les haga feliz emprender”. Disponen de tres vehículos de inversión para el apoyo económico: uno inicial de 10.000-25.00 euros, otro de 50.000 hasta 300.000 euros y una inversión final de 500.000-750.000 euros. En paralelo a este actividad, Oryon Universal cuenta con un fundación para recuperar talento y reorientar a empresarios que no han logrado triunfar. A finales del año pasado, la compañía abrió sede en Madrid para crear un ecosistema de startups con la perspectiva de internacionalizarse, dar el salto a Latinoamérica y llegar a Miami como vía de entrada a Estados Unidos.