21 de mayo de 2022 | Actualizado 6:29
Mike Hastewell/ Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica de Catalunya

La historia del loco del Hispano y la aeronáutica

El catalán Ramon Casanova i Danès inventó y patentó el pulsorreactor, que sería utilizado primero por los nazis y más tarde por la NASA

Era una mañana de octubre de 1944 cuando el catalán Ramon Casanova i Danés compró la revista británica ‘The Illustrated London News’ y un artículo le llamó especialmente la atención. Desde el 13 de junio de ese año, las bombas voladoras V1 de los nazis caían por doquier en Londres en represalia por el desembarco de Normandía. Pero ese día una de ellas no explotó y fue posible examinar más de cerca su mecanismo. Casanova no podía creer que el pulsorreactor que impulsaba la V1 era muy similar al que él mismo había patentado en 1917. ¿Cómo era posible que las bombas que le llovían del cielo se hubiesen inspirado en su invento, dirigido a propulsar aeroplanos?

A principios del siglo XX, los hermanos Wright iniciaban la gran aventura de la aviación en Estados Unidos y Francia entraba de lleno en la carrera del desarrollo aeronáutico. Al mismo tiempo, el automóvil daba sus primeros pasos. “Mi abuelo era un apasionado de este nuevo mundo que nacía”, recuerda su nieto y responsable de e-Miles Company, Mike Hastewell. El pulsorreactor surge de los desarrollos entrelazados de ambos transportes: “Su idea nació al considerar que en el aire los aeroplanos tendrían que desplazarse muchísimo más veloces que los automóviles”, señala. Los aeroplanos utilizaban motores clásicos a pistones, aún muy limitados a pesar de las constantes mejoras.

En la cabeza de Ramon Casanova bullían cientos de ideas innovadoras, pero no tenía apenas tiempo para ejecutarlas. En 1908, comenzó a trabajar en la empresa familiar La Farga Casanova, la forja situada en Ripoll que actualmente se conoce con el nombre de Comforsa, así que solo disponía de los domingos para trabajar en sus inventos, puesto que en ese momento los sábados eran laborables. El primero de ellos fue un prototipo de vehículo, creado en 1910, impulsado por aire comprimido que movía una hélice en la parte posterior del automóvil. Quería concebir un cohete “y, por ello, empezó a diseñar un elemento muy simple, pero a su vez muy eficaz”. Así surgió el concepto del futuro pulsorreactor. Consiste en un sistema de válvulas con una cámara de combustión y un tubo de salida de gases y su funcionamiento depende de la mezcla de aire y combustible en su interior. Ahora faltaba hacerlo realidad.

“Para probar su invento”, relata Mike Hastewell, “colocó un cable en la parte alta de un edificio de La Farga Casanova que luego unía en la parte baja de otro edificio de la misma fábrica situado al otro lado del río Freser, en Campdevànol (Girona)”. A continuación, y una vez realizados los reglajes que consideraba oportunos, procedía a lanzar su artefacto por el cable. Se dio cuenta muy pronto de que no funcionaría a menos que dispusiera de una entrada de aire por la tobera de entrada igual o superior a 100 km/h y la gasolina disponible era entonces de un octanaje muy pobre.

“Mi abuelo era un apasionado de este nuevo mundo que nacía”
Mike Hastewell Responsable de e-Miles Company y nieto de Ramon Casanovas

Para conseguir prender la mezcla de aire y combustible, Ramon Casanova colocó una serie de bujías alrededor del reactor que permitían obtener la primera explosión. “La casualidad quiso que, un buen día, el viento que se quedaba canalizado por las dos naves entre el río Freser fuese muy elevado y el propulsor cobró vida”, continúa Mike Hastewell. Pero en vez de funcionar de forma tranquila como era costumbre, el artefacto levantó el vuelo y destruyó parte de la nave, provocando un derrumbe de parte de la misma. “Por suerte, al ser domingo nadie resultó herido”, añade.

Como era de esperar, su padre le prohibió continuar con sus inventos en la fábrica, así que se le ocurrió utilizar otro campo de pruebas: montar el reactor en una plataforma de un tren de mercancías en la recta de Puigcerdà (Cerdanya), donde los trenes alcanzaban aproximadamente los 100 km/h. El pulsorreactor volvió a funcionar y esta vez estuvo a punto de hacer descarrilar el tren. Con el resultado conseguido, Ramon Casanova patentó su invento en 1917 y volvió a implicarse en La Farga Casanova, que acababa de suscribir un acuerdo con Damián Mateu y Marc Birkigt, fundador e ingeniero respectivamente de la marca automovilística Hispano-Suiza. La compañía creó la sección de forjas en una parte de la Farga Casanova y así Ramon Casanova se convirtió en el director general de la sección de forjas de la fábrica Hispano-Suiza desde Ripoll.

EXILIO, SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y LA NASA
Durante la guerra civil española, Ramon Casanova se trasladó junto a su familia a Francia, primero a Tuchan (al norte de Perpignan) y más tarde a Toulouse. Allí trabajó en la fábrica de aviones Dewoitine, que sería absorbida por la SNCAM (Société nationale des constructions aéronautiques du Midi). Esta compañía cesó sus operaciones en 1941 y retomaría su actividad unos años más tarde bajo el nombre de Airbus. Cuando los nazis ocuparon el sur de Francia, Ramon Casanova regresó a Catalunya. Mientras tanto, La Farga Casanova había sido tomada por el ministerio de Industria del régimen de Francisco Franco y vendida a una empresa privada. Por suerte, su hermano Josep Maria había comenzado a restablecer la compañía familiar cambiando el nombre de la fábrica a Farga Casanova. Gracias a esta decisión, en 1943 Ramon Casanova estableció una de las secciones en uno de los barrios industriales de Barcelona, Poble Nou. Sus siguientes ideas innovadoras estarían enlazadas a la compañía hasta su muerte en Barcelona en 1968.

LOS COCHES BISCÚTER Y SU RELACIÓN CON LOS CASANOVA
El pionero de la aviación Gabriel Voisin presentó en 1952, durante el Salón del Automóvil de París, el minicoche Biscúter con la intención de implicar a Renault o Citroën en la fabricación en masa del mismo. Su objetivo no prosperó en Francia, pero levantó el interés de Damià Casanova i Serra, hijo de Ramon Casanova, que le propuso fabricarlo en España y concretamente en Barcelona. Gabriel Voisin apostó por esta oferta y el Biscúter, o también conocido como ‘zapatilla’, comenzó a fabricarse en la planta de Sant Adrià (Barcelona) de la compañía Autonacional, de la que Damià Casanova era jefe de su taller. En total, esta fábrica construyó 12.000 biscúters.

Sin embargo, la historia del pulsorreactor no acaba aquí. Retrocedamos a la Segunda Guerra Mundial. Los nazis ocuparon el sur de Francia, también Toulouse, donde vivía Ramon Casanova con su familia. Años más tarde, en 1944, tuvo lugar el desembarco de Normandía y el ataque a Londres con las bombas voladoras V1 y V2, ambas creadas por el ingeniero Wernher Von Braun. Es en este contexto cuando Estados Unidos pone en marcha un plan ultrasecreto, la Operación Paperclip. “Durante dicha operación, los norteamericanos recuperaron al acabar la Segunda Guerra Mundial centenares de científicos alemanes que habían desarrollado las armas de la venganza, las V1 y las V2, en Peenenmünde”, relata Mike Hastewell. Estas personas fueron instaladas en Huntsville (Alabama, Estados Unidos) para desarrollar los misiles balísticos, y más tarde, trabajarían en la carrera al espacio con la NASA.

Se homenajea a Ramon Casanova junto a una maqueta del V1 en el US Space & Rocket Center de Huntsville

Una vez más, el azar tiene un papel protagonista. “La casualidad quiso que mi tía, que se había casado con un piloto de la Navy, estuviese viviendo en Hutsville en los años 70”, explica Hastewell. Su tía era profesora de castellano en la universidad y entabló amistad con un alemán que trabajaba en el Rocket Center de la NASA, Willy Pratshofer. “Al explicarle los pormenores del invento de su padre, el señor Pratshofer se quedó muy sorprendido por descubrir que el invento alemán había nacido en Catalunya”, continúa. Desde entonces, en la zona del museo del US Space & Rocket Center, en Huntsville, se reconoce la labor y se homenajea la aportación de Ramon Casanova con su biografía junto a una reproducción del V1.

UN RECONOCIMIENTO TARDÍO
Ramon Casanova falleció sin saber que su invento había revolucionado la aeronáutica. De hecho, en Campdevànol y en Ripoll era conocido como “el boig de l’Hispano”, el loco del Hispano, en referencia a su cargo en la fábrica Hispano-Suiza. “Por supuesto, durante la época franquista no hubo ningún interés en reconocer un invento por parte de un catalán”, asegura Mike Hastewell. Hubo que esperar hasta el 2013, cuando “la Generalitat de Catalunya se tomó muy en serio el descubrimiento y realizó un encuentro para explicar al público dicho descubrimiento”. En la actualidad, en el Museo Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya, situado en Terrassa (Barcelona), existe una réplica del reactor con una explicación del invento y la biografía del “boig de l’Hispano”, el loco que puso los cimientos sin querer de la aeronáutica.