1 de julio de 2022 | Actualizado 17:50
UNESCO/Ayuntamiento de Madrid

Un traslado de dimensiones faraónicas

El templo de Debod cumple 50 años de su inauguración en Madrid, fruto de la participación española en el traslado de Abu Simbel

Miles de personas aprovechan el buen tiempo para desplegar una toalla en la montaña de Príncipe Pío y contemplar uno de los mejores atardeceres de Madrid junto a un resquicio del Antiguo Egipto, el templo de Debod. Pero muy pocos se cuestionan por qué se ha erigido en ese lugar, de dónde viene, cómo fue la operación logística que lo llevó hasta Madrid y por qué en España es posible pasear junto a un monumento del siglo II a.C. Entre sus bloques se esconde una historia de orgullo, salpicada de momentos más oscuros. El templo de Debod simboliza la gratitud de Egipto hacia España por su ayuda en una de las mayores operaciones logísticas de la historia: el rescate y traslado del templo de Abu Simbel en la década de 1960.

Este relato comienza con una revolución en 1952, cuando los Oficiales Libres en Egipto se alzan contra Reino Unido y consiguen la independencia del país. La reforma agraria fue uno de sus primeros objetivos, pero implicaba la construcción de una gran presa que canalizase las aguas del Nilo y dotase a Egipto de energía hidroeléctrica. Así se inicia la construcción de la Gran Presa de Asuán en 1954. Cuatro años más tarde, el director del Metropolitan Museum of Art de Nueva York contacta de urgencia al ministro de cultura egipcio, Saroite Okasha, porque el nivel del agua estaba subiendo y cubriría varios templos, entre ellos Abu Simbel. Tras recibir un informe sobre el asunto, el entonces secretario general de la Unesco, Vittorino Veronese, formuló el 6 de abril de 1959 una llamada internacional oficial para el salvamento de los templos de la Nubia egipcia (actual Sudán) a cambio de llevarse el 50% de las piezas que descubrieran, entre ellos, el Templo de Debod, situado a 27 kilómetros aproximadamente de Asuán. En total, 22 países participan en la comisión de salvamento de los templos de Nubia, liderada por la Unesco.

Los 19 templos salvados

España entró tardíamente en la campaña de rescate. “Se incorpora en 1960, que es cuando se constituye el comité español para el Salvamento de los Tesoros Arqueológicos de Nubia, y se le encarga la dirección a Martín Almagro Basch”, relata el egiptólogo y director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, Francisco Martín-Valentín. Por aquel entonces, Martín Almagro era el director del Museo Arqueológico Nacional. Es él quien crea una comisión de arqueólogos españoles y se lleva a dos de sus hijos, aún en etapa estudiantil: el futuro historiador Martín Almagro y el arquitecto Antonio Almagro. ¿Por qué entra España en esta iniciativa? Hay distintas razones. La primera y principal es el histórico de relevancia cultural del país, independientemente de las circunstancias políticas, y al régimen de Franco le beneficiaba la acreditación de España con una acción cultural de esta envergadura. El contexto también influiría de manera positiva hacia España cuando solicitase el tempo de Debod: los países discutían el reconocimiento de Israel como Estado independiente y la alianza de España con los países árabes y con Egipto, que era entonces la República Árabe Unida (Egipto y Siria), hacía que tuviese un papel privilegiado por no haber reconocido aún a Israel.

Abu Simbel

La coalición internacional de egiptólogos, técnicos y expertos dividieron las tareas de excavación entre los distintos países y diseñaron el mecanismo de traslado. Finalmente, se optó por desmontar pieza a pieza los templos y volver a montarlos en otros emplazamientos. Entre 1964 y 1968, se cortó el templo de Abu Simbel en bloques de 20 toneladas cada uno, se almacenaban en áreas preparadas a salvo de la subida del agua y se colocaban en su actual localización, a 65 metros de altura y 200 metros más alejada de su posición original. Los ingenieros incluso tuvieron en cuenta el fenómeno solar que ocurre dos veces al año, cuando los rayos de sol iluminan el santuario del templo, aunque debido a un ligero error de cálculo tiene lugar un día más tarde. En el caso del templo de Maharraqa, varias compañías francesas lo colocaron sobre unos raíles y lo movieron de ubicación, y la empresa italiana Condotte-Mazzi desmontó y montó el templo de Filé en la isla de Agilkia. La campaña internacional consiguió salvar 19 templos y Abu Simbel; el resto de metrópolis quedaron bajo el agua.

NEGOCIACIONES ENTRE BASTIDORES
Como muestra de agradecimiento, Egipto comunicó desde un principio que se regalaría un templo a los países que más ayuda aportasen, entre ellos el de Debod. Antes de saber quién recibiría el templo de Debod, se desmontó en 1960 para salvarlo del agua y se depositó al año siguiente en cajas en la Isla Elefantina. La lucha por la adjudicación del templo fue encarnizada. El trámite se inició en 1964, cuando Martín Almagro pide al Gobierno egipcio un templo como compensación. “Para justificar la petición, se contaba la labor que había desempeñado la misión arqueológica en Nubia, así como la aportación económica aportada por España para el salvamento de los templos de Abu Simbel y el de Filé”, desarrolla Francisco J. Martín-Valentín. Para Abu Simbel, se entregaron 335.000 dólares y para Filé, otro 200.000 dólares, “un donativo bastante importante considerando las aportaciones del resto de países con una dilatada historia arqueológica”. Gran Bretaña, un ejemplo reconocido en el mundo de la arqueología, concedió 212.926 dólares para Abu Simbel.

La cuestión económica se entremezclaba con la política y la visión para negociar de los países para recibir un templo, y sin duda, España salió ganando. “Si bien aportamos mucho dinero, en comparación con el resto de países estábamos a la cola”, destaca el director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. “Estados Unidos había aportado 18,5 millones de dólares y al final se llevó el templo de Dendur, uno de los pequeños, Francia aportó 1,677 millones de dólares, la República Democrática Alemana, 678.000 dólares, y Países Bajos, 550.000 dólares”. Mientras tanto, los egipcios pedían que no se interrumpiesen las labores españolas en Nubia y que se volviese a enviar la misión de España en 1967, con la promesa de que al final todo contaría en el momento de otorgamiento del templo.

En una reunión de Martín Almagro y el entonces canciller de la embajada española en El Cairo, de apellido Fronista, con el ministro egipcio de Antigüedades y encargado del comité de los trabajos en Nubia, este último “ponderó altamente la labor de Almagro y de su equipo, así como el nivel de las publicaciones de la misión española (ocho volúmenes publicados en tiempo récord por el consejo de investigación de publicaciones científicas)”. El comité consultivo, integrado por miembros egipcios y de la Unesco, se opuso a conceder Debod a España porque los monumentos se entregarían a quienes aportasen más dinero. Para crear un clima favorable de cara a conseguir el templo, Martín Almagro aumentó la cuantía 80.000 dólares.

Finalmente, en una reunión celebrada por la Unesco en marzo de 1966, se confirmó la cesión del templo de Dendur a Estados Unidos y el de Ellesiya a Italia, sin mencionar el de Debod. Al parecer, el retraso se debió a dos miembros del organismo internacional dependiente de Naciones Unidas, que se opusieron por razones políticas: el británico Walter Bryan Emery y la francesa Christiane Desroches Noblecourt (la arqueóloga había militado en el Partido Comunista francés y había formado parte de los maquis durante la invasión alemana). Países Bajos y Alemania también se opusieron, aunque no formalmente, porque pedían el templo más grande y era el de Debod. “El problema es que ya había saltado a la prensa española y egipcia que el templo de Debod sería entregado a España”, explica Francisco J. Martín-Valentín. Así, el comité consultivo del 15 de septiembre de 1966 se accedió a la petición española y en 1968 se dictó un decreto de la República Árabe Unida, firmado por el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, por el que se entregaba el templo a España “en consideración a sus esfuerzos en la contribución a la salvaguarda de los templos de Abu Simbel”.

EL PERIPLO DEL TEMPLO DE DEBOD
Tras conseguir la concesión, faltaba escoger un lugar para colocarlo. “Barcelona y Elche adujeron que el clima de Madrid dañaría el templo y que sería más adecuado un clima mediterráneo”, relata el director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, y propusieron su candidatura. Almería, por su parte, destacó que su clima era el más adecuado por el palmeral. Al final, Martín Almagro avaló la instalación del monumento en Madrid por ser la capital del país. El acuerdo de su traslado se firmó en abril de 1970, cuando el egiptólogo catalán Raimundo Griñó y la embajada de España en El Cairo se hicieron cargo de la supervisión del embalaje y recuento de los bloques del templo. Las dificultades técnicas fueron notables, porque el edificio era de arenisca y había estado dañado durante 60 años, además de estar nueve meses al año sumergido bajo el agua. “Hubo que organizar el viaje de 1.359 cajas que contenían 1.724 bloques cuyo peso rondaba las 1.000 toneladas”, subraya Francisco J. Martín-Valentín.

En 1970, las autoridades egipcias contrataron un servicio de transporte en gabarras para llevar el templo desde la Isla Elefantina hasta Alejandría. Allí fue embarcado en el barco de vapor ‘Benissa’ que zarpó hacia España el 6 de junio de 1970 y llegó al puerto de Valencia el 18 del mismo mes. El Ayuntamiento de Madrid contactó a la compañía SIT Transportes Internacionales, actualmente SIT Spain, para que 12 empleados transportasen por carretera 12 contenedores “que se fueron entregando poco a poco”, según recuerdan desde la empresa. Fueron depositados en el solar del antiguo Cuartel de la Montaña, en la montaña de Príncipe Pío. “SIT colocó las piezas de forma radial alrededor del lugar donde se iba a instalar y se fue montando una a una con la ayuda de elevadores mecánicos”, continúan.

A partir de aquí, la reconstrucción se complicó: “No llegó toda la documentación sobre cómo debían colocarse los bloques”, asegura Francisco J. Martín-Valentín, “de manera que tuvieron que investigar a partir de las escasas publicaciones que se habían hecho del templo para no equivocarse”. Se utilizó como técnica de reconstrucción la anastilosis, que consiste en completar las partes desaparecidas con aquellas que sí están. En el caso del templo de Debod, se hizo a partir de documentación de viajeros del siglo XIX. Para las partes nuevas del templo se utilizó una piedra parecida a la original proveniente de Villamayor (Salamanca) y se instaló aire acondicionado caliente en el interior del edificio para crear una atmósfera estable y seca, parecida al clima de Nubia.

“El hecho de que esto ocurriese en tiempos de Franco ha hecho que se discrimine al templo”
Francisco J. Martín-Valentín Egiptólogo y director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto

El templo de Debod fue inaugurado por el príncipe Juan Carlos y el alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro, el 18 de julio de 1972. Desde entonces, el monumento quedó desprotegido jurídicamente hasta 2006, fecha en la que recibió la denominación de Bien de Interés Cultural. “El hecho de que esto ocurriese en tiempos de Franco ha hecho que se discrimine al templo”, lamenta Francisco J. Martín-Valentín. Con casi 50 años que cumplirá este 18 de julio desde su inauguración, el templo de Debod es la memoria viviente de un traslado y una operación logística de dimensiones faraónicas que fue posible gracias a la contribución de diversos países, entre ellos, España.