27 de septiembre de 2022 | Actualizado 19:02

El reparto autónomo del proyecto Logismile estudia su continuidad a través de una startup

La iniciativa europea, liderada por el hub de movilidad Carnet, está fechada en dos años y busca validar un nuevo modelo de reparto urbano
Prueba piloto del robot Ona, realizada el pasado 10 de junio en Esplugues de Llobregat | Carnet Barcelona

La primera prueba en un entorno urbano real del robot autónomo Ona, perteneciente al proyecto europeo Logismile, aportó información de valor para un modelo de reparto que aspira a transformar la movilidad del futuro. Tras el primer testeo el pasado 10 de junio en Esplugues de Llobregat (Barcelona), el proyecto liderado por el centro de investigación de movilidad eléctrica Carnet llevará a cabo a lo largo de este año dos nuevas pruebas piloto en Europa, concretamente en Hamburgo (Alemania) y Debrecen (Hungría). Este proyecto, cofinanciado por la iniciativa europea EIT Urban Mobility y dimensionado para dos años, está estudiando las posibilidades para lograr su continuidad, entre las que gana peso la creación de una startup.

“El principal objetivo con las pruebas piloto que estamos realizando es validar el sistema de delivery autónomo”, manifiesta el project manager de Logismile, Albert Baldó. “Este proyecto comenzó a principios de este año y actualmente está pensado para una duración de dos años”, explica. “De momento, tenemos financiación para el primer año y estamos trabajando para conseguir la del año que viene”. Cuando finalice el proyecto Logismile -que comprende el estudio de la tecnología, la adaptación regulatoria y de infraestructuras, así como la integración del reparto autónomo de paquetes en las ciudades-, “dentro del proyecto hay la intención de crear una startup”, anuncia Baldó.

“Trabajamos en un modelo de negocio sostenible para la comercialización de robots autónomos”
Albert Baldó Project manager del proyecto Logismile

De este modo, “la idea es poder definir un modelo de negocio sostenible que permita usar este tipo de robot y poder comercializarlo de algún modo, pero todavía se está definiendo”. En este sentido, el project manager de Logismile asegura que “no hay una decisión clara en torno a cuál debe ser este modelo de negocio, pero sí que la intención es darle continuidad y que no se limite tan solo a un proyecto de dos años”. El centro de investigación Carnet (Cooperative Automotive Research Network), fundado en 2016 por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), Seat y Volkswagen Group Innovation, está compuesto en la actualidad por 12 socios industriales ligados al mundo de la automoción y la movilidad.

Según argumenta la directora ejecutiva de Carnet, Laia Pagès, estas empresas “tienen un interés claro, porque han financiado tanto el diseño como la fabricación del robot Ona”. A pesar de las restricciones actuales en el mundo de la automoción, “hay un interés muy grande en crear esta startup”, asegura, “pero lo que finalmente hagan estas empresas, por ejemplo, si acabarán montando una fábrica para la producción en cadena, está fuera de nuestras manos”. De este modo, como grupo Carnet, “nos limitamos a nuestras atribuciones como entidad de investigación”, manifiesta Pagès, si bien “estamos poniendo la semilla para que sea una realidad”. Las posibilidades reales de la creación de una startup dependerán de las conclusiones del proyecto, que está trabajando en la definición un modelo de negocio que permita integrar el reparto autónomo en las ciudades.

“Estamos poniendo la semilla para que el reparto autónomo en las ciudades sea una realidad”
Laia Pagès Directora ejecutiva de Carnet Barcelona

De momento, en el seno del proyecto se ha diseñado y fabricado el robot Ona, que realiza la función de ‘autonomous delivery device’ (ADD), es decir, está pensado para realizar la entrega de paquetería desde el centro de consolidación hasta el cliente final. Este robot autónomo y eléctrico, de 100 kilogramos de capacidad y seis ruedas -lo que le permite la flexibilidad de subir peldaños-, actuará en coordinación con un segundo robot de mayores dimensiones, que ha sido diseñado por la Universidad Técnica de Braunschweig. Concretamente, se trata de un ‘autonomous hub vehicle’ (AHV), es decir, un centro de consolidación móvil, “un almacén portátil que permita resituar el centro de consolidación y las distintas Onas” alrededor de la ciudad, explica el responsable del proyecto, Albert Baldó.

Ambos robots requerirán de sincronización, que se realizará a distancia a través de un ‘backend office’, “un operador que controlará y ayudará en la navegación de estos robots autónomos, en el caso de que se queden bloqueados o necesiten asistencia externa”, asegura Baldó. Precisamente, este aspecto constituye uno de los grandes retos tecnológicos de este proyecto. Según explica, después del testeo realizado en el Campus Nord de la UPC y en distintos aparcamientos facilitados por el ayuntamiento de Esplugues, “una de las lecciones aprendidas del primer piloto tiene que ver con la geolocalización en un entorno urbano”, pues en lugares con alta concentración de edificios “hemos visto una pérdida de la precisión en la localización, que es importante para poder tener una monitorización de la flota”.

Sin embargo, los desafíos del proyecto Logismile no se limitan al aspecto tecnológico: la adaptación de la infraestructura, la regulación de la movilidad autónoma, la aceptación social y la integración en el espacio urbano, son ámbitos de estudio en el día a día de Carnet. De hecho, en el proyecto Logismile colaboran actores muy diversos, que trabajan para avanzar en dichos aspectos. La DGT, por ejemplo “nos está ayudando a adaptar al robot Ona a las regulaciones actuales”, explica Baldó, “por ejemplo, ahora mismo la instrucción que más se acerca, a nivel de automatización, es la V15”.

TRANSFORMAR EL ESPACIO URBANO PARA DAR CABIDA A LOS ROBOTS DE REPARTO
Además, en el proyecto también participa un equipo de arquitectos de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), cuya función es el estudio de la definición de usos del espacio urbano, lo que incluye la transformación de la infraestructura viaria en las ciudades. Gracias a su diseño de seis ruedas en tres ejes, “este robot permite ir tanto por carretera como por la acera”, manifiesta Baldó, “y en la prueba piloto de Esplugues se testeó en ambos entornos”. Se utilizó un primer tramo de sentido único donde el robot Ona circuló “como un vehículo más” y después “hizo la transición hacia una zona peatonal, donde permitió la interacción con el cliente final y el reparto del paquete”. Para lograr que este sistema de reparto se materialice en un futuro, se están estudiando las posibilidades de canalizar el tráfico de estos robots por un carril segregado. En este sentido, “está por decidir si finalmente hay un interés por usar los nuevos carriles de bici que está adquiriendo la ciudad de Barcelona”, explica el director del proyecto, pues “este es un punto clave: lograr una infraestructura que permita actuar a un sistema de reparto como el que estamos proponiendo”.