31 de enero de 2023 | Actualizado 17:54
Dieter Nagl / Musikverein / Paula Witsch / Filarmónica de Viena

Sinfonía de una logística ‘Straordinarius’

Los instrumentos que componen la Orquesta Filarmónica de Viena requieren una logística especial por sus características únicas en el mundo

Las últimas palmadas del público durante la Marcha Radetzky, bajo las órdenes del director Franz Welser-Möst, marcan los últimos compases del Concierto de Año Nuevo de Viena (Austria). Una vez las luces se apagan, el universo de los hermanos Strauss deja atrás el protagonismo que lo caracteriza cada primer día de enero y se lo cede a lo que no se ve. La Orquesta Filarmónica de Viena, artífice de las sinfonías de los grandes clásicos, no ha terminado. Tanto antes como después del concierto, este grupo de 145 músicos y el personal de organización se encargan de entramar un sistema logístico que debe funcionar con la misma precisión que sus piezas para garantizar que los cerca de 150 instrumentos lleguen a tiempo y afinados y que regresen de la misma forma.

Las cajas que guardan los instrumentos cuentan con doble refuerzo y doble aislante térmico

La logística que conlleva organizar el Concierto de Año Nuevo comienza a prepararse prácticamente al mismo tiempo que los ensayos del repertorio final, y con un plazo mínimo de tres meses, según reconocen desde la Filarmónica. Habitualmente, todos los instrumentos, tanto de cuerda como de viento y percusión, permanecen guardados y conservados en condiciones especiales en la Casa de la Música de Viena, a apenas unos metros de la Ópera Estatal y a cinco minutos en vehículo del Musikverein, el edificio que alberga la sala donde se celebra el concierto del 1 de enero todos los años. Aunque los movimientos de instrumentos llevan poco tiempo, según la Filarmónica, “siempre se prefiere optar por cajas aislantes con doble refuerzo en los bordes y doble aislante térmico interior para la gran mayoría de instrumentos”.

“Para no dañar los valiosos instrumentos que tocan los músicos, tanto en el concierto como en las giras por todo el mundo, hay que llevarlos en temperaturas controladas lo más similares posibles a la temperatura ambiente estándar”, precisan las fuentes consultadas. En general, esta temperatura suele situarse entre los 15 y 20 grados. Se trata de condiciones básicas que deben tenerse en cuenta para cualquier transporte de instrumentos musicales clásicos, pero en el caso de esta orquesta vienesa, las características son particulares en tanto que sus propios materiales de trabajo son únicos en el mundo. El sonido y el estilo de ejecución también son distintos a los usados por otras compañías. “Ninguna otra orquesta tiene tantos instrumentos que hayan sido especialmente fabricados para ella”, recuerdan las fuentes.

La logística de los Strauss

El traslado de los instrumentos por Austria se realiza por carretera. Los más voluminosos (contrabajos, percusión, piano de cola y arpa) necesitan camiones de cuatro ejes para ser transportados casi en exclusividad | Martin Kubik / Filarmónica de Viena
El traslado de los instrumentos por Austria se realiza por carretera. Los más voluminosos (contrabajos, percusión, piano de cola y arpa) necesitan camiones de cuatro ejes para ser transportados casi en exclusividad | Martin Kubik / Filarmónica de Viena

Mientras las grandes orquestas aspiran a interpretar a compositores como Wagner, Strauss y Mahler, la Filarmónica procuró mantener siempre un sonido que el público identificase con la marca, un “sonido vienés”, como lo califican. De hecho, a día de hoy se mantiene esa filosofía entre los intérpretes más veteranos. Los instrumentos de la sección de cuerda pertenecen a la orquesta, que posee en préstamo cuatro violines Stradivarius. Los demás se han ido seleccionando con el tiempo, pero en cualquier caso, la Filarmónica de Viena es responsable de mantener su sonido estable e invariable a lo largo de los años. Los instrumentos de viento, como los clarinetes, la trompa vienesa y el fagot, además de fabricarse de forma exclusiva para la institución musical, cuentan con sistemas de digitación distintos, válvulas y lengüetas especiales, tubos más largos y de menor diámetro y campanas más estrechas. Oboes y triángulos están hechos a medida y los timbales están fabricados con piel de cabra en lugar de con plástico o piel de becerro, como en otras orquestas.

El transporte de los instrumentos debe contar con suspensión, climatización especial y dos conductores

Todo ello hace que las cajas que los contienen deban ser lo más herméticas posible para conservar el aire justo en el interior y no dejar pasar ni una sola gota de agua. “Si los instrumentos estuvieran demasiado calientes o demasiado fríos, o mojados, el sonido se distorsionaría y no habría forma de interpretar”, explican las fuentes. Además, algunas de esas cajas contenedoras, forradas de acero inoxidable, también necesitan ser fabricadas ex profeso para contener unos instrumentos cuyo tamaño y fisonomía no cabrían en cajas estándares. Generalmente, el medio de transporte escogido para transportar las cajas con los instrumentos es el camión, sobre todo cuando la orquesta gira por Austria. Pero este transporte debe contar con aire acondicionado en verano y calefacción en invierno para evitar grietas en la superficie de los instrumentos o el deterioro del pegamento en la madera. Los camiones deben ser de compañías especialistas en transporte de arte, según detallan las fuentes, y deben ir equipados con GPS, suspensión neumática y dos conductores asignados por camión.

Una vez en el Musikverein, los instrumentos permanecen en bambalinas, cerca de los músicos, guardados en sus cajas hasta el momento necesario de extraerlos para comprobar que la afinación es la correcta y realizar las pruebas de sonido “justas”, como dicen desde la Filarmónica. Previamente a eso, el Musikverein ya ha accionado la gestión de la Goldener Saal, el salón dorado desde el que se retransmite el Concierto de Año Nuevo. Según un portavoz de la organización del edificio, los asientos de la sala normalmente están guardados para que, en el caso de que haya ensayos, la acústica no dé lugar a engaño. La sala está dotada de una abertura en el centro que da acceso a un subsuelo en el que se guardan las bancadas y a las que se acceden con ayuda de un sistema de palancas, poleas y rampas.

Todo este proceso, eminentemente manual, se complica más allá del Concierto de Año Nuevo. La Filarmónica tiene otra segunda gran actuación anual en verano en el Palacio de Schönbrunn. Se trata de un concierto al aire libre ante 100.000 espectadores que tiene lugar de noche, con lo que las temperaturas y la climatología austríaca pueden variar con mayor facilidad. Por ello, los instrumentos viajan con una capa de plástico que los envuelve (sobre todo los de cuerda pulsada, como el piano de cola), la carpa que se instala sobre el escenario tiene forma de cúpula para garantizar un sonido óptimo y los paneles del interior de dicha cúpula mantienen una temperatura constante a prueba del posible viento. Las cajas de embalaje, por su parte, se mantienen detrás del escenario.

Para las giras internacionales, principalmente por Europa, Estados Unidos y Japón, la Filarmónica cuenta “con varias compañías, tanto de carretera como aéreas, encargadas del transporte de los equipos puerta a puerta” antes, durante y después de los conciertos. Entre el material también se encuentran los vestuarios y partituras, los atriles, la batuta del director e incluso algunos asientos. A veces, aclaran las fuentes, incluso se sigue la estrategia de otras orquestas, como las alemanas, de mantener un avión de carga en alerta mientras la Filarmónica está fuera para garantizar una reacción rápida si existiese cualquier emergencia o problema con alguno de los instrumentos y hubiera que desempolvar un sustituto de la Casa de la Música de Viena.

La arquitectura de lo fundamental

Las cajas en las que se transportan los instrumentos, además de cumplir con una función puramente logística, también han demostrado su valía como materia de exposición artística. En 2017, la Filarmónica de Viena cumplió 175 años. Aprovechando la efemérides, una editorial alemana especializada en arte, arquitectura y diseño editó ‘Special Cases’, un libro de fotografías realizadas por la artista suiza Nives Widauer. En él, los protagonistas eran las fundas y embalajes de los instrumentos y el argumento, un recorrido visual diario de la parte menos conocida y más necesaria del transporte de violines, pianos, timbales y trompetas. La artista acompañó a la orquesta durante un año en sus viajes alrededor del mundo.

Una vez de regreso en Viena, además de editar el libro, Widauer construyó esculturas de hasta 14 metros de alto en las que la base eran cajas de percusión o incluso los baúles del vestuario, el cuerpo, fundas de violonchelos y otros instrumentos de cuerda y la cúspide, los embalajes más pequeños de viento. Las esculturas estuvieron expuestas en el salón principal del Palacio Belvedere de Viena. Unas muestras que también formaron parte del libro. “Cuando viajamos por el mundo, las cajas en las que transportamos los instrumentos son esenciales, y Nives Widauer creó un libro entero de fotografías inusuales y exclusivas en las que daba a esas piezas la importancia que merecen”, explica la Filarmónica. De hecho, la portada del libro la ocupa una de las estructuras más conocidas de la colección que estuvo expuesta en la entrada principal de la Casa de la Música de Viena durante más de un mes.

LOGÍSTICA DE 30.000 FLORES
La Goldener Saal del Musikverein de Viena se adorna tradicionalmente con miles de flores de tonos rosados, amarillos y anaranjados para el Concierto de Año Nuevo. Entre 1980 y 2013, estas flores llegaban como producto perecedero en transporte aéreo desde la ciudad de San Remo (Italia), como regalo anual del ayuntamiento. Pero en 2014, fue la propia Filarmónica de Viena la que las proporcionó y desde 2015 existe un acuerdo entre el Musikverein y el departamento de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Viena por el que son los propios floristas de toda Austria los que las preparan y las reservan con hasta años de antelación para el Concierto de Año Nuevo.
Con la colaboración de tres empresas de transporte por carretera que mueven las flores desde varias ciudades, entre ellas, la propia Viena, se instalan un total de 30.000 flores durante cuatro días. “No hay más antelación para evitar que las flores pierdan frescura”, explica el Musikverein. En el proceso, totalmente manual, trabajan desde algunos de los floristas de Viena hasta técnicos del ayuntamiento de la capital austríaca. La tradición manda que, una vez finalizado el concierto, los asistentes separen algunas flores y se las lleven como recuerdo. Por ello, explica el portavoz del Musikverein, no suele existir problema de producto sobrante.