18 de julio de 2024 | Actualizado 12:10
Aecoc / Freepik

¿Cuánto cabe en un código de barras?

La creación del código de barras marcó el primer acercamiento a la trazabilidad del producto desde el inventario hasta las manos del cliente

Cuenta una leyenda que, hace poco más de 50 años, los dependientes de los comercios acababan sus jornadas con los dedos ennegrecidos. Su trabajo consistía en ejecutar sumas, restas y descuentos de los productos que vendían a la velocidad del rayo, cobrar, devolver el cambio y cuadrar las cuentas en la libreta preparada al lado de la caja registradora. Todo a mano. Igual que el recuento de ganancias al final del día, que podía volverse tortuoso si alguna cifra no cuadraba. La inquietud también era común en los almacenes. Más que por evitar colas en las cajas, por mantener registro de sus inventarios, que también se gestionaba a mano. Con el paso del tiempo, empezaba a hacer falta algo que simplificara los procesos para evitar cerrar las puertas un día entero para comprobar cuánto de cada producto quedaba estocado.

Un paquete de chicles se convertía en el primer producto de la historia cuyo código de barras se escaneaba

El primer acercamiento fueron unas tarjetas perforadas que se utilizaron por primera vez en el censo estadounidense de 1890. Sin embargo, no fue hasta 1932 que un estudiante de negocios, Wallace Flint, hizo su trabajo de fin de máster sobre una posible tarjeta donde los clientes perforarían sus elecciones de compra. A la hora de pagar, los clientes introducirían la tarjeta en un lector en la caja para ir recibiendo los productos por una cinta transportadora. De esta forma, sería posible mantener un registro de lo vendido y de lo que quedaba almacenado. Lamentablemente la idea era demasiado aparatosa y no era económicamente viable, y menos en medio de la Gran Depresión de Estados Unidos.

Testigo de ello, la consultora McKinsey and Company, especializada en resolver problemas concernientes a la administración estratégica de grandes empresas, convocó una reunión urgente entre varios representantes del gran consumo en 1971. De esa reunión salió un Comité para la Selección de un símbolo (Symbol Selection Committee), al principio de forma circular, que pudiera identificar cada producto y su precio de forma rápida. Sin necesidad de consultar las libretas o confiar en la memoria del dependiente. Dos años después, ese comité optaba por el emblemático código de barras que hoy se conoce como estándar y que diseñó la empresa tecnológica multinacional IBM. Y al año siguiente, un supermercado de una pequeña localidad del estado de Ohio acogía el momento en que un paquete de chicles se convertía en el primer producto de la historia cuyo código de barras se escaneaba. Según la información que arrojó el nuevo sistema, valía 67 centavos.

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ORIGEN DEL CÓDIGO DE BARRAS

Fuente: Aecoc

La mecánica de esa especie de documento de identidad de los productos tardaría unos cuantos años más en llegar a España. Cuando lo hizo, en 1981, la primera lectura de un código de barras fue para un estropajo de Scotch Brite. “El código de barras surge como respuesta a la necesidad que tenían tanto fabricantes como distribuidores de productos de gran consumo de automatizar la gestión de productos”, explican desde la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (Aecoc), encargada de la gestión en nuestro país de los estándares globales del código GS1. Con su llegada, “se redujeron los errores contables, se agilizó el paso por caja de los compradores… En definitiva, permitió la creación de un sector mucho más eficiente que abrió la puerta al comercio tal y como lo conocemos hoy”.

La BBC escogió el código de barras como uno de los 50 inventos que cambiaron la economía moderna

Las aplicaciones más evidentes del código de barras las encontramos en los establecimientos, pero la realidad es que su aplicación impacta en toda la cadena de valor, también en la parte logística, como señala Aecoc. Los códigos de barra aportan transparencia y trazabilidad. “Al identificar de forma única los productos, se puede capturar la información de los artículos para conocer su origen y su punto de destino o marcar su salida de un almacén, por ejemplo”, lo que aumenta la transparencia y la trazabilidad. Más si cabe con los avances actuales, que evitan pérdidas desconocidas por errores humanos y facilitan la lectura de palets para gestionar su entrada o salida. “Este tipo de innovaciones crean una cadena cada vez más eficiente”, afirma la asociación de fabricantes.

Tanto es así que la propia BBC lo escogió como uno de los 50 inventos que cambiaron el rumbo de la economía moderna. Su uso reduce los errores en catálogo (-80%), los recursos destinados al intercambio de información entre empresas (-60%), las devoluciones de productos (-10%) y el desperdicio alimentario (-40%), según los datos que maneja Aecoc. El sistema de barras negras de diferente grosor está actualmente presente en mil millones de productos de todo el mundo, se escanea más de 6.000 millones de veces al día y lo utilizan más de dos millones de empresas en todo el globo terrestre.

EL NÚMERO Y EL COLOR IMPORTAN
El código de barras consta de un símbolo (las barras) y un código (los números). “A pesar de que la gente cree que parte relevante del código son las barras, realmente es el número lo que es más importante y lo que garantiza que el producto tiene un identificador único, universal y no ambiguo”, resume Aecoc. La combinación de la información contenida en los números y la de las barras es lo que otorga de valor al código completo y lo que ayuda a relacionar el producto físico con la base de datos y la información que contiene una vez se realiza la lectura con el escáner. Y no, el DNI humano no está configurado porque sí, así que tampoco los números y el grosor de las barras no se eligen, se colocan y se dividen por grupos al azar. “Hay un proceso para garantizar que cada código generado sea un identificador único de cada producto”, explica Aecoc.

Tomando como referencia el modelo de 13 dígitos, el más habitual, su lectura se divide en tres apartados, como detalla la asociación de fabricantes. Los primeros dos números del código identifican el prefijo del país, que en el caso de España, es el 84. Los siguientes cinco, a la empresa propietaria de la marca, lo que se conoce como el prefijo de empresa. Los siguientes cinco dígitos son el contador de referencias dadas de alta por la empresa. Es decir, que “cada vez que esa compañía quiere lanzar un nuevo producto, le asignará un código único”, y ese nuevo producto sólo tendrá en común el prefijo de la compañía con los productos anteriores. El último dígito es el de control, “que es el resultado de un cálculo necesario para identificar de forma única los productos”. Esencialmente sirve para asegurar la trazabilidad y verificación de la mercancía para evitar las falsificaciones.

Códigos de colores posibles para el código de barras | Elaboración propia a partir de datos de Aecoc

En cuanto a las barras, representan de forma gráfica la información numérica para permitir la lectura con escáneres. Por lo general, los códigos de barras suelen encontrarse en blanco y negro, pese a que existe una mayor combinación de colores más allá de esa. Aun así, existen una serie de normas que respetar para que la lectura del código sea efectiva.”Las barras siempre deben ir sobre fondos claros y nunca deben ser de color blanco, rojo, amarillo o naranja, ya que el láser de los escáneres suele ser de esta gama de colores, lo que imposibilita su lectura”, detalla Aecoc. Aunque en nuestros días estamos acostumbrados a verlo como una combinación rectangular de 13 dígitos y 30 barras, su diseño ha ido cambiando a lo largo del tiempo, e incluso existen diferentes modalidades hoy día para adaptarse a la diversidad de sectores y aumentar su capacidad de contener información.

Por ejemplo, el modelo de 13 dígitos es el que normalmente se ve en los puntos de venta. En el aspecto más logístico se identifican otros modelos, como el código GS1-128, que se encuentra en entornos de almacén. “Su presencia permite la lectura conjunta de los productos presentes en el palet y permite la introducción de más información, como el peso de la mercancía, la fecha de caducidad, el número de lote…”, describe Aecoc. El código ITF-14 aparece en cajas de cartón y se utiliza en entornos logísticos, mientras que el GS1 DataBar tiene un diseño más compacto y está pensado para su aplicación en puntos de venta, aunque no es habitual verlo en España.

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LOS PROTAGONISTAS

Fuente: Aecoc

50 AÑOS Y MÁS CERCA DE LA JUBILACIÓN
Medio siglo después de su nacimiento, el diseño del código de barras empieza a quedar obsoleto y su descenciente más cercano, el QR abierto, se prepara para tomar el relevo. Y es que esta nueva generación de código viene con una mochila de infinitas posibilidades y con una capacidad de almacenamiento de información sin precedentes. Su uso ya es estratégico para contar la historia detrás de cada producto: “Monitorizar en tiempo real todos los procesos que se aplican, bloquear la venta de lotes de productos afectados por cuestiones de seguridad alimentaria, reducir el desperdicio indentificando los artículos con fecha de caducidad próxima, saber de dónde viene el producto, si continene alérgenos, si es orgánico, como debe reciclarse, cuál es su huella de carbono…”, enumera Aecoc.

Amazon ha comenzado a desterrar el código de barras tradicional por un modelo con Inteligencia Artificial

La lista de atributos es inmensa y está disponible tanto para las empresas como para los consumidores, legisladores, aduanas y pacientes del ámbito sanitario. A finales de 2020, la empresa GS1, que sentó el estándar del código de barras, lanzó una iniciativa mundial para activar la transición del viejo código a las nuevas generaciones. “En GS1 ya se trabaja en la aplicación de códigos QR estandarizados para el sector salud”, describe Aecoc. En España, los sectores del vino y el gran consumo serán los primeros en probar la herramienta Aecoc Escan QR. Actualmente, más de 20 países han iniciado sus proyectos piloto y una de las primeras compañías del comercio electrónico en apuntarse a la lista fue Amazon.

El gigante norteamericano está desarrollando un modelo de Inteligencia Artificial que usa una cámara para identificar los productos en almacenes, de forma que ya no será necesario escanear un código de barras, que puede arrugarse, estropearse o directamente no aparecer en la caja contenedora por error humano, como ha señalado la compañía. Ello agilizará el procesamiento de envíos en los centros de distribución. Aunque Aecoc coincide en que el empleo de un QR ofrece menos problemas de lectura que un código de barras, “ambos necesitan un código de estandarización único y universal”. Por ello, la asociación rebaja los humos de la desaparición del código de barras de aquí a 2030. “Más allá de la forma física que tome, el código de barras sigue siendo un elemento imprescindible”, y al igual que en el mundo humano, la belleza está en el interior. “Lo que importa es lo que contiene el código”.