Una madeja logística del tamaño de un tapiz
Entrar en la Real Fábrica de Tapices supone entrar en una madeja: de pasillos, de salas, de mazas de lana y, sobre todo, de unos pasos logísticos y de transporte intrincados y desconocidos. Los tejidos que se tratan, se conservan y se fabrican allí son obras de arte especiales y de ahí radica todo lo demás. Igual que las esculturas y cuadros requieren de unas condiciones medidas al milímetro para su conservación y, especialmente, su transporte, en el caso de los tapices, la logística supone un reto diario en todos los sentidos. El director general de la Real Fábrica de Tapices, Alejandro Klecker, lo define como “dolor de cabeza”. Y uno se lo puede imaginar cuando camina por los almacenes, los obradores y las salas de restauración.
La logística de las alfombras y los tapices comienza con una desempolvadora de 1905 que se afana en limpiar los tejidos. Por ella también pasan las alfombras de cualquier particular, administración, familia o empresa que quiera encargar su limpieza y que esperan colocadas en forma de rulos en los estantes. La alfombra se introduce en un tambor equipado con una correa que golpea el tejido para soltar las partículas de polvo. La limpieza de un tapiz o de una alfombra suele durar 23 días, excepto si hay que pasar el tejido por una segunda máquina que, en este caso, elimina las polillas. “En esa máquina se extrae el oxígeno de la lana y se inyecta nitrógeno para acabar con ellas”, explica la responsable de Comunicación de la Real Fábrica de Tapices, María Eugenia Ramiro. De esta forma, el proceso puede alargarse a un mes.
La Real Fábrica de Tapices no trabaja con unas dimensiones determinadas. Cada obra tiene un tamaño dependiendo de la petición del cliente que pide un tapiz fabricado ad hoc o que envía un material para su tratado y posterior entrega. La sala de restauración da fe de ello. En un extremo, se reparan los tapices a mano. En el contrario, se encuentra el almacén de tapices, que se guardan enrollados en rulos de mayor o menor tamaño, dependiendo también del tejido que se trate. “Si por ejemplo son bordados, no se pueden doblar, así que el tapiz tiene que llevar un rulo todavía más amplio de lo normal con un montaje hecho a medida”, explica la jefa del departamento de Restauración de Tapices, Verónica García Blanco, que resalta el papel de los restauradores en la toma de decisión final sobre cómo embalar y transportar un tapiz. “El restaurador es una voz autorizada en la forma de transporte porque el estado de conservación de la obra es lo que tiene que primar”.
En este punto, comienza el reto de dar con un transporte adecuado. La Real Fábrica de Tapices trabaja con innumerables opciones en transporte marítimo, aéreo y de carretera, y cada una tiene una particularidad diferente. “Para transportar en barco, necesitas una cabina cerrada sin que exista contaminación porque si el envío que va al lado del tapiz tiene algún líquido, sería una pérdida irreparable”, explica García Blanco. Por otro lado, las incidencias y retrasos en el modo marítimo pueden provocar que el tapiz quede en manos del destino. “Nos ha ocurrido que la obra ha terminado en el sitio que no era”, apunta la jefa de Restauración. El transporte aéreo, por su parte, tiene el precio como principal barrera para el presupuesto que la fábrica suele manejar, además de la disparidad de agentes implicados en un traslado de mercancía, como señala el director general.
“Muchas veces, el precio del transporte duplica o triplica el precio de la restauración”
Verónica García Blanco Jefa del departamento de Restauración de Tapices de la Real Fábrica de Tapices
“Podemos contratar un vuelo Madrid-Frankfurt con escala, por ejemplo, DHL, y resulta que de Madrid al aeropuerto de escala opera DHL, pero en el tramo final del viaje hasta Frankfurt opera otra empresa”, explica Alejando Klecker. Sea cual sea el modo de transporte, la pieza debe ir estanca en todo momento. De esta forma, el rulo en el que se enrolla el tapiz debe introducirse en una caja de madera hecha a medida y tratada específicamente para contener la tela con las condiciones adecuadas de luz, aire y humedad. Por dentro, se forrará con material aislante y con un mecanismo interior específico que anclará el rulo para que el tapiz no se desplace. Teniendo en cuenta todo lo anterior y que un tapiz ya restaurado puede llegar a medir varias decenas de metros, contratar especialmente el transporte por carretera se vuelve misión imposible.
El transporte de tapices de Patrimonio por carretera requiere de vigilancia 24 horas y de no detenerse
“Muchas veces, el precio del transporte duplica o triplica el precio de la restauración y el cliente no está dispuesto a pagar 18.000 euros por el traslado si la restauración le ha costado 5.000”, explica Verónica García Blanco. Ello obliga a disponer de un amplio abanico que no siempre es correcto para el tapiz. “El cliente siempre tiende a buscar la oferta más económica y hay que ser consciente de que el riesgo de daños será mayor”, razona. Muchas de las obras con las que trabaja la Real Fábrica de Tapices son de Patrimonio del Estado sin valor monetario ni sustitución posible. Son, por así decirlo, tesoros. Ello implica que el transporte se inicie con un convenio firmado con Movilidad Nacional y un permiso de salida, “como un pasaporte de las piezas”, según define la jefa de Restauración. Así, y con la Guardia Civil detrás, se transportó una bandera de Panamá que llegó a España para ser restaurada en la fábrica.
Además, en los viajes internacionales por camión es necesario custodiar la pieza las 24 horas del día y llevar dos conductores porque no se puede parar ni a comer ni a dormir. Aquí, Alejando Klecker hace un apunte: en un traslado de un tapiz de Patrimonio Nacional de Francia de París a Madrid para ser restaurado, se toparon con la subcontratación de las empresas de transporte por carretera. “Sólo había un conductor encargado de llevar el tapiz en un camión de lona. Aquello contravenía la normativa española y la francesa”, rememora.
MÁS DE UNA DECENA DE MULTAS POR LAS ZONAS DE BAJAS EMISIONES
El director general de la Real Fábrica de Tapices recuerda con una mezcla de frustración y risa el acto de juramento de la Princesa de Asturias el pasado 31 de octubre. Para esa fecha, la Puerta de los Leones del Congreso de los Diputados se engalanó con el tradicional baldaquino que salió de la Fábrica con sus 147 metros de longitud y sus 215 kilos de peso. El transporte hasta la Cámara Baja estaba planificado con una compañía en cuyos vehículos no cabía la tela. “Así que tuvimos que recurrir a otro vehículo mejor adaptado y a partir del día siguiente nos llovieron más de una decena de multas”, explica Alejando Klecker. Unas, por haber introducido un vehículo de esas dimensiones en la Zona de Bajas Emisiones, otras por haberlo hecho fuera de hora y otras, porque la matrícula de dicho vehículo no coincidía con la que constaba en el control. “¿Cómo se supone que tenemos que llevar semejante tela por el centro de Madrid?”, se pregunta el director.
En los casos de la bandera de Panamá y el viaje París-Madrid entró a jugar el procedimiento aduanero. Tiene que haber una declaración del ministerio de Cultura y otra de Patrimonio de cada país con las que se gestionará la salida de origen, la llegada a destino y el viaje de regreso. También es necesario un seguro clavo a clavo. “Hay algunas empresas de transporte de obras de arte que tienen una oficina dedicada a esto, pero nosotros también contamos con apoyo de un agente de aduanas específico que tiene experiencia en el traslado de obras de arte”, señala Verónica García Blanco. Prefieren hacerlo así, explica, porque “cuanto más controles tú mismo esa infinidad de factores, más tranquilo estás”.
PROCESO DE REPARACIÓN DE TAPICES
Fuente: Real Fábrica de Tapices
El edificio de la Real Fábrica de Tapices suma un total de 2.000 metros cuadrados en los que se distribuyen las salas de producción, tejido y fabricación que se suman a la sala de restauración y al almacén de alfombras. Entre particulares y el depósito de la fábrica, actualmente el stock es de 1.500 piezas. Si bien la logística de la cadena es 100% manual, la fábrica cuenta con innovaciones que permiten extremar los cuidados de los tapices. Una es la piscina de la sala de restauración, donde se emplean hasta 5.000 litros de agua que luego se recicla para lavar los tapices. La otra es el uso de drones. “El tapiz se cuelga, se divide en cuadrículas y se crea un mapa de daños. Luego, se extiende en las mesas y se inicia la restauración. Todo con la presencia del dron, que documenta con vídeos y fotos”, concreta María Eugenia Ramiro.
Entre el obrador de tapices y el obrador de alfombras se encuentra el almacén de lanas, donde se almacenan 15 toneladas de este tejido de todos los colores. Los que no existen, los crean en la sala de tintes. La lana llega de dos proveedores pertenecientes a familias con siglos de historia: uno, de Toledo y el otro, de Salamanca. “Todo es lana merino y siempre usamos el producto nacional, salvo que, en casos extremos, haya que recurrir a Francia o a Italia”, cuenta la responsable de Comunicación de la Real Fábrica de Tapices. Con esos mazos se elaboran también las alfombras de los pedidos particulares y una especial que irá en el altar mayor de la Catedral de La Almudena que se está ejecutando en varios telares por las enormes dimensiones que tendrá. Aún queda mucho para conocer la forma en que será trasladada, pero todo apunta a que la madeja logística volverá a entrar en acción.








“Muchas veces, el precio del transporte duplica o triplica el precio de la restauración”






