El puerto de Bilbao amarra más inversores del negocio de fueles alternativos

La Autoridad Portuaria de Bilbao continúa atrayendo a inversores privados que demandan implantarse en la dársena para producir combustibles alternativos destinados a la descarbonización de los diferentes modos de transporte y de la industria. Primero, tal como adelantó esta publicación el pasado 24 de noviembre, fue la energética Petronor, filial de Repsol, que ejecutará una inversión de 220 millones para construir una planta piloto para fueles sintéticos, con capacidad para producir 18.000 barriles al año, en su concesión de 47.700 metros cuadrados en Punta Sollana. Ahora, a la puerta de la dársena ha llamado la empresa de recogida y tratamiento de residuos Waste Plastic Iberia (WPI), que está dispuesta a desembolsar 111 millones de euros en la construcción y la explotación de una factoría de valorización de residuos sólidos plásticos para la producción de ecocombustibles.
Waste Plastic Iberia se propone invertir 111 millones de euros en una concesión de 35.000 metros cuadrados
Este tipo de inversiones encajan en la estrategia del puerto que preside Ricardo Barkala, quien, en numerosas comparecencias públicas, se ha hecho eco de que “la transición energética y la sostenibilidad son factores estratégicos de competitividad para la dársena”. Además, la petición de WPI asoma en un momento de bonanza y de gran potencial de desarrollo para los biocombustibles entre los armadores. El transporte marítimo demanda cada vez más este producto, que se puede mezclar con los fueles tradicionales, para propulsar sus barcos y cumplir así con los objetivos de la transición energética de los principales organismos internacionales sin necesidad de realizar grandes cambios e inversiones en modificar los motores de las flotas.
En concreto, la filial WPI Bilbao ha solicitado una concesión para ocupar 35.000 metros cuadrados en el Muelle AZ-1, en el municipio de Ziérbana. Según el expediente que se encuentra en información pública, el objetivo de la compañía es que la planta entre en funcionamiento en 2025. El compromiso planteado a la autoridad portuaria es mover 30.000 toneladas de residuos y 11.908 de producto en el primer año de operaciones; alcanzar 67.500 y 26.789, respectivamente, en el cuarto año; y las 200.000 toneladas de materia prima y las 82.682 toneladas de biocombustible cuando esté a pleno rendimiento partir del sexto año. WPI Bilbao, que tiene su sede en Azpeitia (Gipuzkoa), “recibirá el flujo principal de residuos por vía marítima” y “espera una afluencia máxima de 3,5 vehículos pesados a la hora”, según recoge el expediente.
“En cuanto al tráfico marítimo, como consecuencia del proyecto, el incremento sería de hasta el 0,97% (287.120 toneladas) sobre datos de 2020, correspondiendo, en principio, el 0,35% (63.350 toneladas) a los graneles líquidos y el 4,6% (165.000 toneladas) a los sólidos”, añade la memoria del proyecto. Ese año, el volumen de sólidos de la rada vasca fue de 3,6 millones de toneladas y el de líquidos de 18,1 millones. El tráfico total registró 29,6 millones de toneladas.
El proyecto WPI Bilbao incrementará cerca del 1% el volumen de mercancías del recinto vasco en 2020
Además de la inversión, la compañía WPI espera generar unos efectos indirectos en la zona colindante del puerto de Bilbao de 18,8 millones de euros. Del presupuesto presentado de 111 millones, los suministros absorberán 70,78 millones, la construcción tiene una partida de 36,43 millones y la ingeniería, otra de 4,1 millones.
El desembarco de WPI en la dársena vasca sería el segundo movimiento de calado de la empresa en el negocio de los biocombustibles. A finales de enero, la compañía recibió luz verde de la Autoridad Portuaria de Huelva, que preside Alberto Santana, para desembolsar 150 millones a través de su subsidiaria WPI Huelva en una planta de fueles ecológicos que ocupará 65.000 m2 en la dársena exterior de la zona de servicio.
Tal como se puede observar en el cuadro adjunto, el accionista mayoritario de WPI, que tiene un capital social de 2,9 millones de euros, es la catalana Layre Dynamics, grupo especializado en la gestión y explotación de estaciones de servicio. Otro accionista de referencia es Javier García-Munté a través de Goralme. García-Munté es también administrador de la red de gasolineras de Gm Fuel Service, con sede en el polígono industrial de la Zona Franca de Barcelona. Esta última se dedica al transporte y a la comercialización, al detalle y al por mayor, de carburantes y lubricantes. En el puerto de Bilbao, trabaja en la terminal de hidrocarburos de Exolum. En Huelva y Barcelona, opera en las terminales de Decal.
ESTRUCTURA DE LA PLANTA DE WPI EN BILBAO
2) Valoración del RSP seleccionado para obtener el producto químico base para los procesos de blending o mezclas.
Fuente: Waste Plastic Iberia (WPI)
La planta de WPI en el puerto de Bilbao consistirá en diferentes unidades. Entre ellas destacan el área de recepción, la de clasificación y secado, la de pirólisis o valorización material (la descomposición química de la materia orgánica a temperaturas muy altas en ausencia de oxígeno), y el parque de tanques intermedios y de producto acabado para su posterior entrega en cisternas y/o tubería según las especificaciones del cliente, bien para la automoción, la aviación y la navegación, o aceite refinado como materia prima para la industria petroquímica.
LOS BIOCOMBUSTIBLES GANAN CUOTA DE MERCADO ENTRE LOS ARMADORES
El uso de biocombustibles en el transporte se ha limitado históricamente a los camiones. “Sin embargo, aunque no todos se consideran sostenibles y, potencialmente, neutros en carbono, los biocombustibles están ganando en popularidad entre los armadores y aumentando su cuota en el negocio marítimo ya que pueden emplearse sin hacer grandes modificaciones en los buques e incluso mezclarse con versiones fósiles similares”, explica un análisis realizado al alimón por la patronal Anave (Asociación de Navieros Españoles) y la sociedad clasificadora noruega DNV.
La capacidad actual de producción mundial de biocombustibles sostenibles es de unos 11 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep) anuales y DNV estima que aumentará hasta los 23 millones de tep en 2026. El suministro potencial de biocombustibles sostenibles y económicos podría aumentar hasta entre 500 y 1.300 millones de tep anuales para 2050.
Su uso para propulsar barcos “se ha incrementado de forma significativa” en los últimos dos años, pasando “de niveles muy bajos —principalmente pruebas y proyectos piloto— a un total de 930.000 toneladas de biocombustible suministradas en 2022 a barcos en Singapur y Rotterdam”, los principales hubs de bunkering del mundo, añade el informe. En concreto, en 2023, las ventas de búnker mezclado con biocombustible alcanzaron las 751.638 toneladas en Rotterdam, con un aumento del 151% frente a 2021, según cifras de la primera dársena europea. También es cierto que esta cifra merma cuando se compara con los 9,1 millones de fueles fósiles que suministró ese mismo año.
“Teniendo en cuenta que los biocombustibles suelen encontrarse mezclados, generalmente en una proporción en volumen del 30%, podemos traducir las 930.000 toneladas en unas 280.000 toneladas de biocombustible puro. Esto equivale aproximadamente al 0,1% del consumo actual de energía marítima, que es de unos 280 millones de tep al año”, explican Anave y DNV.
Si el transporte marítimo se descarbonizara por completo en 2050 utilizando principalmente biocombustibles, se necesitarían 250 millones de tep al año. Sin embargo, “existen limitaciones en la capacidad de producción de biocombustibles avanzados que pueden limitar la oferta disponible”. Además, a medio y largo plazo, “el transporte marítimo tendrá que competir con otros sectores (carretera y aviación) por el uso de estos biocombustibles”, concluyen las organizaciones.






