17 de julio de 2024 | Actualizado 6:47
Bytemaster

La historia de una nube sin agua para almacenar datos logísticos

Bytemaster cumple 30 años siendo una de las primeras tecnológicas en España que ofreció soluciones al sector transitario y aduanero

“Masa de vapor acuoso suspendida en la atmósfera” o “Agrupación o cantidad muy grande de algo que va por el aire”. La Real Academia Española ofrecía estas dos acepciones de la palabra nube allá por 2001. Hoy, lo primero que ofrece el buscador si se teclean esas cuatro letras en busca de su definición es un resultado completamente distinto: “La nube es una metáfora para designar una red mundial de servidores remotos que funciona como un único ecosistema, normalmente asociada a internet”. Palabra de computación. En los primeros años 90, cuando se comenzó a hablar de una nube que almacenaba información intangible de los usuarios terrenales de un ordenador, no cundía la idea de que tener los datos de la mercancía propia disponibles con un golpe de click era más positivo que negativo. El actual director de Operaciones de Bytemaster, Andreu Camps, apenas recuerda aquella época (“Yo no estaba”), pero hasta hace siete años sí recuerda lo que era evangelizar. “Me encontraba con directivos que querían ver su caja de naranjas en la oficina, que si no la veían, no estaban tranquilos porque qué es eso de la nube, si no se puede pesar”, describe.

“Una vez el producto era maduro y competente para el mercado, decidimos apostar por ello”
Andreu Camps Director de Operaciones de Bytemaster

Aun así, la tecnología empezaba a estar en auge en aquellos años. De repente, casi todo el mundo necesitaba servicios para gestionar sus industrias de forma informatizada y la competencia se volvió feroz. Fue en ese contexto cuando Salvador Monill y Xavier Camps, amigos y compañeros de trabajo, decidieron rodearse de una plantilla de confianza para fundar un software de gestión de empresas focalizado en el sector industrial en general. Bytemaster, que cumple 30 años este 2024, fue de las primeras empresas tecnológicas en introducir la logística dentro de su campo de acción, si bien no comenzaron especializándose en dicho segmento. Su primer foco fueron las aduanas. “Teníamos productos orientados al sector industrial pequeño y mediano, y al comercio exterior”, describe Andreu Camps. “La logística era una línea de negocio que convivía con éstas y con otras tantas”. El año 1994 fue el pistoletazo de salida a una idea que, si bien no se fraguó en un garaje, sí logró trasladarse al parque empresarial TecnoCampus de Mataró (Barcelona) en 2012.

“Una particularidad de este campus es que era un caldo de cultivo perfecto para la captación de talento”, apunta Andreu Camps, algo que en estos años es similar a encontrar el arca perdida en el sector logístico. Ahora, dicho campus cuenta incluso con ayudas a la formación y grados y estudios superiores de logística. Ya entonces, tras la fundación de Bytemaster, la intención fue “nutrirnos de esa relación”, explica el director de Operaciones. Tres años más tarde de la fundación de la tecnológica, la compañía se instaló en Madrid mediante la adquisición de una empresa de software para el sector logístico, competencia de la oferta existente. Fue entonces cuando la joven compañía empezó a valorar la posibilidad de entrar en el sector tecnológico dedicado a la logística, sobre todo habiendo aterrizado en una ciudad con clientes más grandes con necesidades más grandes. Firmas como Tiba, Bergé, Cacesa, Cotransa, Space Cargo, Transnatur y Decoexsa hicieron el resto y Bytemaster apostó por la logística con una primera solución pensada sólo para transitarios y transporte internacional de mercancías aérea, marítima, terrestre y almacén: así nació el producto _b first.

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HISTORIA DE BYTEMASTER

Fuente: Bytemaster

"A lo largo de los años, esa línea de negocio se fue ampliando poco a poco y fuimos tratando de encajar las piezas para estar en el sector logístico. Una vez vimos que el producto estaba maduro, que era competente para el mercado español, decidimos apostar por ello", cuenta Camps. En 2016, la apuesta se hizo firme y la compañía se enfocó solamente en el sector logístico como proveedores tecnológicos del sector logístico y transitario. "Las grandes patas de tráfico internacional, aéreo, marítimo y terrestre poco a poco se fueron ampliando con soluciones de almacén cada vez más complejas, aunque quizá éstas no sean tan potentes", sostiene Andreu Camps. Pero esto tiene una explicación: mientras actualmente salen al mercado numerosos ERP para optimizar operativas en almacenes, Bytemaster prefiere seguir centrándose en la parte transitaria: "Tiene mucha más ventaja dedicarnos a lo que sabemos hacer".

Hoy día, Bytemaster cuenta con unas 35 compañías entre colaboradores y usuarios con firmas de hasta 500 empleados, y acaban de extender sus integraciones a Portugal y a Panamá. Parece ser que el mantra de ver y controlar en todo momento las famosas cajas de naranjas en la oficina ha pasado a mejor vida. Camps detecta una mayor confianza en aquella idea intangible de una nube que, en lugar de gotitas de agua, almacenaba datos, pese a los fallos que aún hay que mejorar, empezando por los del propio sistema logístico. Y es que el sector "aún tiene muchas tareas pendientes antes de poder siquiera plantearse retos como la forma de integrar la Inteligencia Artificial (IA)", opina Andreu Camps. Más allá de las posibilidades que las tecnológicas llevan intentando vender desde principios de los 90, las prisas no siempre son buenas si no existe un planteamiento en el tiempo y cierta capacidad para asumir los cambios y facilitar la vida de los operativos. "Una compañía que trabaje con Excel, por mucho que quiera meter este tipo de tecnología, estará muy alejada de ser capaz de absorberla, porque eso lleva tiempo, sobre todo por el lado de las personas. Son las compañías las que deben plantear sus tiempos y recursos".

El principal reto de los próximos años será enfrentarse a la nueva regulación aduanera europea

UN CIBERATAQUE QUE LO CAMBIÓ TODO
Como todas las historias, las tecnológicas también atraviesan por un bache previo al final feliz. En el caso de Bytemaster, ese bache no fue la pandemia, sino el año anterior. El ejercicio 2019 marcó un antes y un después cuando la cuestión de la ciberseguridad, el gran agujero negro de los avances en innovación, asomaba la patita. Un ciberataque dirigido a todo el parque tecnológico de la empresa afectó a cerca de 3.000 de sus usuarios. Tras la pandemia, la cuestión de la automatización y la dependencia de la tecnología salió a relucir con más frecuencia, y detrás, lo hizo la necesidad de protegerse a base de cortafuegos, pero entonces, reconoce el director de Operaciones, aquello de la ciberseguridad era una conversación casi de café en el pasillo. "A nosotros nos pilló desprevenidos y fue un golpe de humildad. Pensamos que tendríamos que echar la persiana", reconoce Camps. Después de ese ataque llegaron otros más, pero en esas ocasiones ya estaban bien entrenados. "A veces, las compañías ni se enteran de que hemos tenido un ataque porque tenemos tantas capas de seguridad y a tantos niveles que hemos logrado que el impacto sea mínimo".

Evidentemente, el Covid-19 también supuso un cambio de aires en las operativas y en la forma de trabajar de la compañía: las miras a corto plazo se ampliaron a los cinco años, las inversiones se multiplicaron para cambiarle la cara a la oficina de Mataró (Barcelona) y se potenciaron la analítica de negocio, la integración y la trazabilidad de todas las soluciones. "Cundió la idea de que nuestros clientes tienen que saber todo en todo momento, quién hizo qué, a todos los niveles", señala Camps. Algo parecido a tener la caja de naranjas a los pies de la silla, pero confiándole la tarea a la tecnología. ¿Un último reto para una tecnológica especializada en logística y aduanas? Los movimientos regulatorios de las aduanas a nivel europeo. Para Andreu Camps, de hecho, es el más importante que hay ahora mismo sobre su mesa. "Los clientes y los técnicos están dedicando muchísimas horas a la parte de programación y desarrollo para abordar un proyecto que será decisivo para los transitarios y aduaneros. Traerá cola, seguro".