21 de agosto de 2026 | Actualizado 14:48
Biblioteca Nacional

Navegar sin temor con un manual de instrucciones a bordo

La cartografía marítima ha evolucionado desde el siglo XII, pero conserva el análisis del fondo del mar y la costa para esquivar peligros

Si el transporte marítimo es el sustento del comercio internacional, cualquier eventualidad que lo ponga en jaque va a ser vista como un desafío. Y recientemente han sucedido una cuantas: un buque encallado en el Canal de Suez, otro transportaba contenedores con pellets que acabaron en el mar frente a la costa de Galicia, una replanificación de rutas de transporte a nivel mundial para evitar el Mar Rojo, un buque de gran tonelaje que choca contra un puente… Las derivadas del transporte marítimo son tantas como opciones existen para la navegación. ¿Se pueden diseñar nuevas rutas marítimas más optimizadas? ¿Y que sean más seguras? ¿Y evitar zonas donde existan una mayor concentración de condiciones climatológicas adversas? La cartografía marítima trata de dar respuesta a estas cuestiones a la vez que traza una especie de cuaderno de bitácora de la navegación. Y es que desde que el hombre navega ha sido de gran utilidad anotar las formas de las costas descubiertas y el fondo marino, la clave de casi todo.

“Hoy en día la cartografía náutica se realiza teniendo un cuenta unos estándares de calidad muy exigentes”
Luis Gómez Saavedra Capitán de Corbeta del Instituto Hidrográfico de la Marina

Aunque no existe documentación que pueda contribuir a afirmarlo fehacientemente, el pueblo fenicio, de naturaleza marinera y comerciante, podría haber sido el primero en poner en circulación las llamadas cartas náuticas que indicaban qué rumbos eran los mejores para los buques de comercio y basaban dicha información en los accidentes del litoral a los que los marineros debían prestar atención. Años después, en el siglo XII, llegó la brújula, que contribuyó al desarrollo de la cartografía y al conocimiento de los rumbos magnéticos que ayudaría a perfilar la representación de las costas y la distancia a los puertos más importantes. “La cartografía marina ha ido adquiriendo mayor importancia a lo largo de los años, ya que se ha demostrado su indudable valor no sólo como soporte para la navegación y transporte marítimo, sino también en la determinación de los procesos de seguridad marítima y en la prevención de situaciones de crisis creadas por accidentes de buques, en especial de aquellos cargados con materiales contaminantes o peligrosos”, afirma el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid José Luis Almazán.

Actualmente, las brújulas, los compases y los mapas que antaño se elaboraban a mano siguiendo un modelo de escala se han incorporado en una especie de combinación tres en uno con la llegada de la digitalización. Desde entonces, se emplean equipos de posicionamiento para obtener una fotografía completa del fondo marino. En España, es el Instituto Hidrográfico de la Marina (IHM), dependiente del ministerio de Defensa a través de la Armada, quien difunde información sobre el mar y el litoral en aras de velar por la seguridad en cualquier tipo de navegación marítima: de pasajeros, de mercancías, de pesca o de recreo. Para ello, elabora y custodia la cartografía náutica básica de las aguas de soberanía española y de todas aquellas zonas del mundo donde España tenga algún tipo de interés.

“Los buques están dotados de medios electrónicos tanto para posicionamiento como para reconocimiento de fondos”
Francisco Esteban Lefler Consejero del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos

“Hoy en día la cartografía náutica se realiza teniendo un cuenta unos estándares de calidad muy exigentes, tanto en la obtención de los datos como en su validación, establecidos a nivel global por la Organización Hidrográfica Internacional (OHI)”, enuncia el Capitán de Corbeta del IHM, Luis Gómez Saavedra. Para elaborar las cartas náuticas, primero se estudian los levantamientos geográficos de cada zona. Hay que tener en cuenta la profundidad del mar en cada punto, el tipo de fondo marino o los niveles de marea. También se contemplan las modificaciones de la costa y la morfología de las zonas portuarias. Dentro de esta fase también se incluyen “las zonas de abrigo y todos los elementos, naturales o artificiales que sean relevantes de cara a la navegación”, y eso pasa por los faros y otros elementos de referencia, como explica el consejero del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Francisco Esteban Lefler.

trazando un mapa de la cartografía marítima

Después, la fase de ejecución y validación de los datos “se lleva a cabo siguiendo unas normas muy restrictivas, establecidas por la OHI, que buscan mantener unas cartas náuticas de elevada calidad”, describe Luis Gómez Saavedra. Estas cartas se elaboran empleando buques hidrográficos, cuya gestión en España depende del IHM. Este organismo cuenta con dos buques de este tipo y con varias lanchas hidrográficas. “Estos buques están dotados de medios electrónicos de última generación, tanto en lo que se refiere a posicionamiento como al reconocimiento de los fondos”, asegura Francisco Esteban Lefler. Para editar este tipo de cartas se suele emplear un método de medición en el que los ángulos medidos sobre la tierra y los medidos sobre el papel tienen el mismo valor. Sin embargo, las distancias y las áreas aumentan a medida que nos separamos del punto central de proyección.

Despliegue de los diferentes tipos de cartografía disponibles actualmente en el IHM (digital y en papel) | Luis Gómez Saavedra

Aunque se siguen publicando cartas, anuarios de mareas, etc, en papel, el soporte actual por excelencia es electrónico, que se integra con los sistemas de navegación de los barcos. Atrás quedaron las plumillas y la impresión por planchas de cobre, como menciona el Capitán de Corbeta del IHM. Hoy día, las cartas náuticas “se imprimen a demanda siguiendo también unos estándares internacionales”, afirma Gómez Saavedra. “Este último método permite tener una carta actualizada al momento, ya que a la hora de imprimir se utiliza la información existente en la base de datos cartográfica”. Respecto a las cartas electrónicas, es la Organización Marítima Internacional la que homologa los equipos donde deben visualizarse. “La mayoría de los buques cuentan con un sistema de identificación automática con el que registrar en tiempo real la posición de un buque y por lo tanto la derrota [es decir, el camino que debe hacer la nave] trazada en una navegación”, explica Gómez Saavedra. Este sistema también se emplea para localizar a otras embarcaciones en las inmediaciones. La digitalización de la cartografía permite, entre otras cosas, la actualización rápida y permanente, así como un abaratamiento en el coste respecto de la impresión.

La cartografía existente sirve de igual forma para todas las formas de transporte marítimo y las rutas comerciales son, en general, conocidas, y en ellas prima la economía y la seguridad del transporte, según detalla Francisco Esteban Lefler (Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos). “Por ello, influyen condiciones meteorológicas, geopolíticas, de piratería en ciertas zonas y de todo tipo, incluyendo a corto plazo los Avisos a los Navegantes”. Estos avisos son una advertencia de elementos que puedan constituir una amenaza o incidencia para la navegación y se comunican mediante varias vías, que normalmente emplean tecnología radio y radioavisos que también cuentan con homologación internacional. Entre estas incidencias se incluyen los avisos meteorológicos.

Carta náutica del Mediterráneo de 1592 | Biblioteca Nacional

La mayor parte de modificaciones en las cartas de navegación se producen por la acción del ser humano debido a obras en diques y muelles o en operaciones de dragado. “No existe un periodo fijo de revisión de la cartografía. Ésta se lleva a cabo en función de las necesidades de actualización plasmadas en un documento denominado Plan Cartográfico Nacional”, describe el Capitán de Corbeta Gómez Saavedra. La mayoría de buques cuentan con una información actualizada del pronóstico muy precisa, pero durante la navegación siempre pueden surgir tormentas poco previsibles, por ejemplo, o eventualidades que retrasen o adelanten la llegada a puerto. Actualmente se dispone de medios de simulación numéricos y físicos para analizar la respuesta de un buque en casi cualquier situación, aunque, matiza Francisco Esteban Lefler, “a la hora de evaluar el riesgo meteorológico específico en cada caso no son necesarios, ya que se conocen las condiciones de navegación segura de los buques en función de las condiciones del mar”.

Pese a eso, siempre se puede dar una caída de contenedores… De ahí que convenga siempre tener un plan B a la hora de planificar la navegación en función de acontecimientos en curso, “como las amenazas terroristas en el Mar Rojo o la piratería en el cuerno de África”, ejemplifica Gómez Saavedra. “Las cartas náuticas no cambian, pero las rutas marítimas sí”. Precisamente por eso, el conocimiento detallado del fondo marino es tan determinante para establecer rutas seguras. “Una de estas rutas a destacar es la que transcurre por el Estrecho de Gibraltar, que enlaza de manera natural la navegación entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo”, concluye el capitán.

LA ROSA DE LOS VIENTOS: UNA MARAÑA DE LÍNEAS EN MITAD DEL MAR

La Biblioteca Nacional de España alberga entre sus miles de documentos las conocidas como cartas portulanas o portulanos de la Baja Edad Media, cuando se comienza a crear una representación cartográfica de la navegación. Los portulanos eran simples cuadernos de instrucciones para el transporte marítimo costero donde los marineros anotaban rumbos y distancias entre puertos. Según recoge la Biblioteca Nacional en la descripción de uno de esos documentos, en un momento determinado se empezaron a ilustrar con mapas o croquis. “Las más antiguas son genovesas, catalanas, mallorquinas y argelinas, sin que se haya podido asegurar cuáles fueron las primeras”, describe la Biblioteca.
Por lo general, la estructura del esquema se centra en un entramado de líneas rectas con gran nivel de detalle en el espacio dedicado al agua y muy poca concreción en el lado tierra. Esas líneas eran concéntricas a una circunferencia central, dando lugar a una especie de tela de araña cuyos hilos representaban las rutas. “Al conjunto de rumbos que partían del centro de la circunferencia hoy lo llamamos rosa de los vientos”, describe la Biblioteca. Con el paso del tiempo, el uso de estas cartas portulanas fue espaciándose hasta casi desaparecer de su función inicial. Actualmente se consideran verdaderas obras de arte.