El próximo inquilino de la Casa Blanca mantendrá la senda proteccionista en Estados Unidos

Los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, el republicano Donald Trump y la demócrata Kamala Harris, prometen mantener la senda del proteccionismo en sus políticas económicas. El resultado en los comicios del próximo 5 de noviembre es impredecible, pero la tónica general de la política comercial estadounidense no cambia. Una de las principales razones radica en que ambos contendientes buscan interpelar a la clase media americana, que se siente en su mayoría perjudicada por los efectos de la globalización, especialmente en los estados decisivos del llamado Cinturón del Óxido. En esta región, en declive industrial después de su esplendor en el siglo XX, se encuentran tres estados llamados a decantar el resultado, Michigan, Wisconsin y Pensilvania, que fueron clave en la victoria de Donald Trump en el 2016 y que Joe Biden logró recuperar en el 2020.
“La prioridad de quién gane será garantizar una supply chain flexible y resistente”
Dan Mullaney Representante Comercial de EEUU para Europa y Oriente Medio
Los dos candidatos han prometido medidas para acercar la producción y priorizar la industria doméstica. Kamala Harris prevé mantener aranceles, en la línea de Biden, a los que Trump añade un arancel global del 10 al 20% para la mayoría de importaciones, y de hasta el 60% para productos provenientes de China. Se trata de “una amplia continuidad en materia de política exterior, incluida la política comercial, entre las administraciones republicanas y demócratas de los últimos años”, según recuerda Daniel Rechtschaffen, analista de riesgos políticos y regulatorios para Norteamérica en la consultoría Control Risks. “El consenso bipartidista actual es palmario: el orden mundial liberal se produjo a expensas de los intereses de la clase media americana”, añade. En este contexto, el que fuera representante comercial adjunto de EEUU para Europa y Oriente Medio del 2010 al 2023, Dan Mullaney, manifiesta que “la prioridad de quien gane las elecciones será garantizar unas cadenas de suministro flexibles y resistentes”, aunque difiera la receta: “Mientras una administración de Harris estaría más interesada en mantener múltiples cadenas de suministro en todo el mundo, incluida Europa, Trump buscaría esa resistencia centrándose en la producción doméstica”, añade el político.
Fue la primera legislatura de Donald Trump en la Casa Blanca la que marcó el giro con la política norteamericana del medio siglo anterior, desde el fin de la Guerra Mundial. El giro proteccionista se materializa en 2017, con el auge de la guerra comercial con China y el programa America First del republicano. Ello quedó certificado en el alejamiento de acuerdos multilaterales de libre mercado –como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica promovido por Barack Obama– para gobernar sus alianzas en base a acuerdos bilaterales, así como la imposición unilateral de aranceles a industrias específicas.
Por ejemplo, el expresidente impuso aranceles del 25% en el acero y del 10% en el aluminio para la mayoría de países (incluida la Unión Europea), lo que, según Morgan Stanley, impactó sobre el 4,1% de las importaciones americanas. Según Tax Foundation, los incrementos supusieron 80.000 millones de dólares en aranceles y afectaron a 380.000 millones en importaciones estadounidenses. Más adelante, Trump ajustó tarifas a algunos países de estos aranceles, como Canadá y México, por medio del acuerdo trilateral USMCA. La economía no tardó en notar las consecuencias. El Fondo Monetario Internacional estimó en el 2018 que las disrupciones producidas por los aranceles provocaron una caída del 0,3% del PIB mundial. A pesar de sus críticas, la administración Biden prosiguió en la misma senda, especialmente respecto a China. Mantuvo aranceles y en mayo de este año desveló un nuevo paquete contra el gigante asiático, en industrias específicas ligadas a la transición energética o los productos sanitarios.
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Kamala Harris, ha dado pocas muestras concretas de cuál será su enfoque, pero es previsible que, como en otros ámbitos, siga una línea continuista con el actual mandatario. Charles Lutvak, un portavoz de la campaña de Harris y de su número dos, el gobernador de Minnesota, Tim Walz, manifestó en un comunicado que la demócrata prevé “emplear aranceles específicos y estratégicos para apoyar a los trabajadores, fortalecer nuestra economía y hacer que nuestros adversarios rindan cuentas”.
Esta política comercial forma parte de una estrategia más amplia, “la creación de un bloque geopolítico por el que se ofrezca a los aliados de EEUU -Corea del Sur, Japón, la UE y otros países con los que existen acuerdos de libre comercio, como México y Canadá- un acceso preferente a la cadena de suministro estadounidense”, señala Rechtschaffen. Cita como ejemplo la Ley de Reducción de la Inflación (IRA), que, aunque resta competitividad a Europa, “ofrece incentivos a las empresas europeas que se alineen con los objetivos de transición energética de EEUU”, algo que, bajo un mandato de Harris, “se mantendrá y reforzará”. Los demócratas persiguen metas geopolíticas en el mantenimiento de unas alianzas fuertes “para contrarrestar al bloque, cada vez más interdependiente, de Rusia, China e Irán”, señala el analista. Las sanciones impuestas a Moscú por una coalición de países liderada por Biden, la presión a Bruselas para que desacople su economía de Pekín y la defensa de Israel ante la amenaza de Teherán son prueba de ello.
Las dinámicas propias de la guerra fría ya han impactado en las cadenas de suministro
Esta política de “liderazgo occidental”, tal como la define el mandatario, ha contribuido al retorno de dinámicas propias de la guerra fría, con dos bloques económicos enfrentados, que ya ha impactado en las cadenas de suministro: el aumento de los fletes por el encarecimiento de la energía tras las sanciones a Rusia, la dificulta de acceso materiales críticos –como el litio, las tierras raras o el zinc– por los aranceles a China o la creación de rutas alternativas al Mar Rojo ante los crecientes ataques de los hutíes a los buques comerciales occidentales. Este escenario podría cambiar con Trump, que se presenta ante los americanos como “el único capaz de evitar una tercera guerra mundial”, aunque sin especificar cómo. En su primer mandato, el líder republicano demostró que su política exterior puede ser “imprevisible, unilateral y transaccional”, recuerda Rechtschaffen. En sus decisiones, pierde peso la ideología y lo gana su relación con líderes como Vladimir Putin, Xi Jinping o Kim Jong-un, a quienes definió en su reciente charla con Elon Musk como “tipos duros, inteligentes, despiadados y que aman a su país; no como Kamala o el dormilón de Biden”.
“El orden mundial nunca estuvo tan amenazado desde la Segunda Guerra Mundial”
Guy Platten Secretario General de la Cámara Naviera Internacional (ICS)
Trump promete aplicar la reciprocidad en el comercio con aquellos países que, en sus palabras, “se han estado aprovechando de nosotros” con su política comercial. El republicano vende estos aranceles en sus discursos como “un impuesto a los terceros países para proteger a la clase media”, pero instituciones como el Center for American Progress Action Fund calculan que podrían implicar un aumento de 3.900 dólares al año en los gastos de las familias americanas. También podrían provocar medidas de represalia de otros países y desencadenar una nueva guerra comercial. La directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala, señaló este año que un arancel del 10% a las importaciones estadounidenses podría dar lugar a una “batalla campal que acabaría con la estabilidad y previsibilidad del comercio”. Coincide el secretario general de la Cámara Naviera Internacional (ICS), Guy Platten, que alertó en una reciente entrevista en Financial Times de que un retorno de Trump podría desestabilizar el orden mundial, que “nunca ha estado tan amenazado desde antes de la Segunda Guerra Mundial”. Según Platten, cuya organización representa al 80% de la flota naviera global, la evidencia histórica demuestra que “las guerras comerciales llevan a la guerra” y que las medidas que quiere aplicar el republicano “ya se aplicaron y no funcionaron”.
ADELANTO DE PEDIDOS POR TRUMP
Vincent Clerc, consejero delegado del armador danés Maersk, advirtió en agosto de que los clientes ya estaban adelantando pedidos ante el temor de un retorno de Trump en noviembre y la intensificación de la guerra comercial entre EEUU y China. Los datos de Xeneta muestran un aumento del comercio entre ambos en los cinco primeros meses del año, que ha vuelto a los niveles registrados inmediatamente después del Covid-19. El puerto de Los Ángeles, el que mueve un mayor volumen de mercancías en el país, manejó en julio 939,600 teus, un récord histórico para ese mes, con un aumento interanual del 38% en importaciones y del 4% en las exportaciones. De enero a julio, se han superado los 5,6 millones de teus y el 18% más que el año anterior. Su director ejecutivo, Gene Seroka, atribuye estos datos a la cercanía de las elecciones, pues “las compañías navieras están intensificando el comercio antes de posibles subidas de aranceles”.
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Coincide el director de consultoría de transporte de S&P Global Market Intelligence, Paul Bingham: “Este año, los directores de las cadenas de suministros están tratando de reducir el riesgo avanzando su carga. Les preocupa la posibilidad de una recesión, pero también las disrupciones en las rutas del Mar Rojo, el Canal de Panamá y, sin duda, la posibilidad de nuevos picos de aranceles tras las elecciones de EEUU”. Todas las fuentes consultadas coinciden en que, ante la posibilidad de disrupciones tras las elecciones, las empresas deben diversificar sus cadenas de suministros para reducir su dependencia de regiones y países individuales. “Para asegurar sus provisiones en el largo plazo, deben formar parte de la cadena de suministros transatlántica, porque depender exclusivamente de importaciones chinas no es una estrategia fiable”, asegura Dan Mullaney.
REFUERZO DE LAS INFRAESTRUCTURAS CON KAMALA HARRIS
Las elecciones también tendrán un impacto en el desarrollo y mantenimiento de los puertos, aeropuertos y carreteras que hacen posible el transporte. La Administración de Joe Biden convirtió en una prioridad la aprobación de una ley de Infraestructuras, con una inversión de 550.000 millones de dólares en nuevas inversiones federales, que obtuvo en su primer año de mandato un apoyo bipartidista en el Congreso. En un hipotético mandato de Kamala Harris, se prevé que estas inversiones se complementen, junto con la ley de Reducción de la Inflación (IRA), con medidas de sostenibilidad, como la ampliación de redes de recarga de vehículos eléctricos o la adaptación de los puertos para la provisión de fuentes alternativas de energía a los buques. Aunque no ha presentado ninguna medida al respecto, la actual vicepresidenta, defensora del Green New Deal, podría crear nuevos estándares medioambientales más estrictos, que supondrían mayores costes de cumplimiento para las empresas de transporte, pero a la vez supondrían una oportunidad para la innovación en tecnologías más limpias.

Este reportaje es un extracto del análisis realizado en la edición impresa de El Mercantil correspondiente al mes de septiembre de 2024. Si desean leer el artículo completo, así como profundizar en otras cuestiones ligadas a la geopolítica y la cadena de suministro, pueden acceder a dicha publicación en castellano e inglés.

“La prioridad de quién gane será garantizar una supply chain flexible y resistente”
“El orden mundial nunca estuvo tan amenazado desde la Segunda Guerra Mundial”


