Un alto el fuego en Ucrania no evitará los ataques rusos a mercantes en el mar Negro

La nueva Administración de Donald Trump, en su retorno a la Casa Blanca el 20 de enero, tendrá que lidiar con muchos interrogantes e incertidumbres para poner fin a la contienda militar en Ucrania, que ha generado una drástica alteración en las cadenas de suministro de los cereales y una guerra agrícola para dominar a los países emergentes. Antes y después de las elecciones de noviembre, el presidente electo ha repetido que acabará con el conflicto “en 24 horas”. Con independencia de la extravagancia de la promesa, alcanzar un hipotética interrupción de las hostilidades entre Moscú y Kiev no será sinónimo de la desaparición de los riesgos que sufre la navegación comercial en el mar Negro y de un retorno al normal funcionamiento de las principales infraestructuras portuarias de Ucrania, caso de Odesa, según la agencia de seguridad Ambrey.
Moscú tiene “tendencia a firmar acuerdos” para “incumplirlos cuando le conviene”, recuerda Ambrey
“Una vez que paren los enfrentamientos, seguirán existiendo varios riesgos para el transporte marítimo”, opina. “Es poco probable que un alto fuego dé lugar a una cese completo de las hostilidades. Es verosímil que Rusia continúe participando en actividades militares subversivas y encubiertas destinadas a desestabilizar Ucrania y socavar su economía. Esto podría incluir un mayor despliegue de minas marinas y actos de sabotaje contra la infraestructura marítima”, subraya la casa de inteligencia británica.
Ambrey basa su argumentación en que la historia del Kremlin como signatario de tratados “plantea importantes preocupaciones sobre la fiabilidad y la longevidad de los mismos”. Y es que Rusia tiene “una tendencia comprobada a firmar acuerdos” para “incumplirlos cuando le conviene”. De hecho, hasta que se llegue a un pacto, “la amenaza de un ataque directo ruso contra la marina mercante y los daños colaterales a los buques sigue aumentando”, ya que el presidente Vladimir Putin intentará “fortalecer su posición negociadora escudándose en supuestos envíos de armas” para “disuadir a los barcos de hacer escala en Ucrania y sus puertos estratégicos”.

La historia no es nueva. Como ya adelantó El Mercantil el pasado 22 de octubre, Ucrania ha pedido ayuda a la OMI (Organización Marítima Internacional) para frenar los ataques rusos a mercantes en el mar Negro. El amparo solicitado por el Gobierno de Volodímir Zelenski respondía a que Putin había intensificado su ofensiva militar en la zona, disparando misiles contra cuatro mercantes e instalaciones de almacenamiento de grano en Odesa, el mayor puerto ucraniano y uno de los más grandes del mar Negro. Entonces, Rusia aseguró que los barcos transportaban material militar para Ucrania.
UCRANIA “SE LAS HA ARREGLADO” PARA PRODUCIR Y EXPORTAR CEREALES EN PLENA GUERRA
Mientras tanto, las tropas rusas han escalado los ataques y, aunque lentamente, continúan avanzando a diario y ocupando más territorio en Ucrania. Este país, el granero de Europa, produce casi 20 millones de toneladas de trigo al año y es el quinto exportador del globo con una cuota del 12%. Según BRS Shipbrokers, “aunque Ucrania se las ha arreglado admirablemente para producir y exportar sus cereales desde una zona de guerra, la situación actual podría empeorar las perspectivas para la campaña 2024-25”.
El departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, en sus siglas en inglés) estima que su producción de trigo disminuirá ligeramente con respecto a la zafra 2023-24, cuando registró 23 millones de toneladas, y que las exportaciones encajarán una reducción de 2,5 millones, situándose en 16 millones. En el caso de Rusia, que acapara el 30% de la exportación mundial de trigo, BRS Shipbrokers, en base a los datos de USDA, prevé que las ventas al exterior bajen hasta los 48 millones de toneladas en la actual campaña, lo que supone un fuerte descenso con respecto a los 55 millones de la anterior, ya que la cosecha “se ha visto muy afectada por la sequía” en todas las regiones productoras del país.
El mar Negro ve pasar el 65% de la exportación del aceite de girasol, el 33% del trigo y una cuarta parte de los maíces
La invasión de Ucrania por parte de Rusia, que arrancó en febrero de 2022, ha derivado en una guerra agrícola. Como explica el experto en agro-commodities Pedro Nonay en la entrevista concedida a esta publicación, Putin “está usando el trigo para alimentación como un arma” para “comprar la soberanía comercial en mercados estratégicos de países emergentes”. Al poco de atacar a su vecino, Moscú expulsó a todos los traders internacionales de cereales y creó su propias comercializadoras, entre las que destaca Demetra-Holding, que tiene empresas de transporte y terminales de graneles en los puertos de Novorosíisk y Taman, en el mar Negro. En opinión de Nonay, si Rusia toma el puerto de Odesa, uno de sus objetivos militares, Putin “ganaría esa guerra agrícola”. El mar Negro, que tiene su única salida por la vía del Bósforo y los Dardanelos, representa el 65% de la exportación del aceite de girasol, el 33% del trigo y una cuarta parte de los maíces en el mundo.
LA UE PIERDE FRENTE A RUSIA LA EXPORTACIÓN DE TRIGO AL NORTE DE ÁFRICA Y ORIENTE MEDIO
Asimismo, la guerra con la que Trump pretende acabar en un abrir y cerrar de ojos ha provocado un cambio en la supply chain de los cereales a escala global. Por ejemplo, según BRS Shipbrokers, “las exportaciones de trigo de la Unión Europea (UE) se centran cada vez más en el lado occidental de África tras perder frente a Rusia los principales mercados del norte de África y Oriente Medio”. De hecho, en lo que va de año, los cargamentos de trigo de la UE son un 30% inferiores a los del ejercicio pasado por “la competencia de Rusia” y “las fuertes lluvias que han afectado a la cosecha en Francia”. En concreto, añade la casa de intermediación francesa, el 75% de las exportaciones de trigo de los países bálticos y de Polonia tienen ahora a África como destino, siendo Nigeria y Sudáfrica los principales compradores. Estos dos países “han sustituido a Irán y Arabia Saudí, que se han convertido en mercados cautivos de Rusia”.
En cualquier caso, en opinión de los expertos, el republicano no va a recorrer un camino de rosas en su retorno a la Casa Blanca para lograr un acuerdo negociado entre ambas naciones que finiquite la guerra. “A pesar del probable empeño de Trump, la paz no llegará pronto […] porque las causas de la guerra no van a desaparecer y porque las condiciones tanto de Ucrania como de Rusia para poner fin a la contienda siguen siendo maximalistas. Trump intentará negociar el final del conflicto, pero no hay que dar por hecho que Vladímir Putin quiera hacerlo”, señala la investigadora principal para Rusia del Real Instituto Elcano, Mira Milosevich-Juaristi.
“Trump intentará negociar el final del conflicto, pero no daría por hecho que Putin quiera hacerlo”
Mira Milosevich-Juaristi Investigadora principal para Rusia del Real Instituto Elcano
Otro condicionante son la personas nombradas por el magnate de Nueva York en los puestos clave de Seguridad Nacional, Kristi Noem, Servicios de Inteligencia, Tulsi Gabbard, y Defensa, Pete Hegseth, ya que representan diferentes sensibilidades de cómo abordar el final de la guerra. “Un grupo aboga por reducir drásticamente la ayuda a Ucrania, una opinión que muchos asocian con Trump. Este grupo es ingenuo sobre la política del Kremlin hacia EEUU —Putin afirma claramente que Washinton es el adversario número uno— y no tiene ni idea del peligro de una victoria de Moscú en Ucrania. El otro bando reconoce la amenaza a los intereses estadounidenses en Europa y en otros lugares si Washington abandonara a Ucrania. Este grupo seguiría una política a la manera de Reagan, de paz a través de la fuerza y, a diferencia del equipo de Biden, no se dejaría intimidar por las bravuconadas nucleares de Putin”, afirma el director del Centro Eurasia del think tank norteamericano Atlantic Council y exembajador de EEUU en Ucrania, John E. Herbst.


“Trump intentará negociar el final del conflicto, pero no daría por hecho que Putin quiera hacerlo”


