21 de agosto de 2026 | Actualizado 14:48
Matcha & CO

De samuráis a influencers: un ritual milenario impulsado por las redes

El té matcha viaja desde Kyoto (Japón) hasta España en contenedores refeer para ser distribuido a temperatura controlada

La mañana de un día cualquiera de 2025 comienza preparando el foco de luz, colocando el trípode en la cocina y alineando todos los productos necesarios para un desayuno sano y estético. Un bol, una cuchara larga, un pequeño artilugio con forma de escoba, un vaso de cristal y una pajita. El influencer inicia la grabación y empieza a mover en círculos el artilugio con forma de escoba para mezclar un polvo verde con agua, hielo y leche. El té matcha está de moda en España. Ya han surgido numerosas empresas especializadas y jóvenes emprendedores venden por Tik Tok e Instagram. “Desde principios de 2020, hemos registrado un crecimiento anual de la demanda de matcha superior al 50%, con un fuerte repunte durante la pandemia, y la tendencia se mantiene al alza, impulsada por consumidores que buscan rituales saludables en su rutina diaria”, explican desde la empresa especializada Matcha & CO, que nació en Barcelona en 2018. “Detectamos entonces una demanda incipiente en Europa de alternativas saludables al café, y el té matcha reunió las condiciones perfectas porque es un estimulante natural gracias a su contenido en cafeína, suavizado por el aminoácido L-Teanina, y cargas potentes de antioxidantes”, apuntan.

En sus inicios, las hojas de té se cocían al vapor y se formaban en ladrillos para facilitar el transporte

Sin embargo, esta bebida se remonta al siglo VII y, además de políticos, adinerados y emperadores, eran los samuráis los que más se beneficiaban de sus propiedades. En concreto, los orígenes del matcha provienen de la dinastía Tang en China, que abarca desde los siglos VII al X. En esa época, las hojas de té se cocían al vapor y se formaban en ladrillos para facilitar el transporte y el comercio. Este método se mejoró durante la dinastía Song, que duró desde el siglo X al XIII. Fue durante este tiempo cuando un monje budista japonés llamado Eisai fue a estudiar a China y aprendió los métodos budistas zen para preparar té verde en polvo. En 1191, Eisai regresó a Japón, pero no lo hizo solo, se llevó consigo semillas de este té y el conocimiento de cómo preparar matcha. Escogió el sur de Kyoto, la ciudad de Uji, como lugar de plantación, logrando que 800 años después ésta sea la capital del té. “En sus inicios, el matcha sólo se producía en cantidades limitadas y se consideraba un símbolo de estatus de lujo”, explican desde Matcha & CO. 

Antes de entrar en batalla, los samuráis bebían matcha para mantenerse alerta y concentrados: “Es un superalimento que aporta vitaminas (A, C, E, K), minerales (hierro, calcio, potasio) y polifenoles con un alto poder antioxidante (especialmente catequinas), muy por encima de otros tés verdes, y su contenido medio de cafeína (unos 35 mg por porción de 1 g) ofrece un subidón suave y prolongado, sin los picos de ansiedad asociados al café, gracias a la L-Teanina, que modera la absorción de la cafeína y promueve la concentración calmada”, subrayan desde la empresa catalana especializada en este producto.

El té matcha necesita de un cultivo especial

Para reconocer el matcha tradicional hay que fijarse en el color, debe ser verde intenso; en la textura que será sedosa y sin granulosidad; en el aroma, con notas herbales suaves, sin amargos y en el sabor a umami pronunciado con un final ligeramente dulce/Matcha & CO
Para reconocer el matcha tradicional hay que fijarse en el color, debe ser verde intenso; en la textura que será sedosa y sin granulosidad; en el aroma, con notas herbales suaves, sin amargos y en el sabor a umami pronunciado con un final ligeramente dulce/Matcha & CO

Igual que ha evolucionado la forma de beberlo y las personalidades que lo consumen, también ha cambiado cómo se cultiva. En sus inicios, se producía a partir de plantas de té cultivadas bajo la luz solar directa, lo que daba como resultado un sabor áspero y amargo. No fue hasta 1568 cuando se descubrió un nuevo método para cultivar matcha. Este método consistía en cultivar las plantas de té en condiciones de sombra durante unas semanas antes de la cosecha. Este proceso, conocido como ‘Oishita Saibai’, resultó en un sabor más dulce y suave. Este matcha matizado permitió a los cultivadores producir matcha de mayor calidad y también se convirtió en una parte importante de la cultura japonesa del té. “El proceso de sombreado maximiza los beneficios para la salud del matcha y crea un perfil de sabor único que es apreciado por los entusiastas del té de todo el mundo”, explican desde la empresa Matcha & CO.

A este respecto, explican que, actualmente los cultivos siguen realizándose con el mismo método ‘Oishita Saibai’. “En esencia, es similar a cultivar té verde, pero unos 20 días antes de la cosecha, las plantaciones se cubren con lonas negras (‘kabuse’), reduciendo la luz solar directa y forzando a la planta a aumentar la clorofila y los aminoácidos”, señalan. Este ingenioso truco mantiene la luz solar a raya, “asegurando que la teanina no se transforme en tanino, lo que a su vez provoca el desarrollo de un sabor dulce y menos astringente”. La hoja tarda unas 12–14 semanas desde brote hasta recolección, según la climatología de cada temporada. Además, dentro del té matcha hay tipologías. Hoy día, el más demandado y de mayor calidad es el de grado ceremonial. “Para obtener este matcha hay que recoger manualmente sólo los brotes y hojas más tiernas, descartando tallos y bordes dañados”, destacan. 

El proceso de sombreado del té maximiza los beneficios para la salud del matcha

Una vez recolectadas, las hojas de té “emprenden su viaje hacia nuestra fábrica en Japón, propiedad de los agricultores de quinta generación, donde se les somete a un suave baño de vapor a temperaturas elevadas”, subrayan desde la firma catalana. Este paso crucial detiene en seco la actividad de las enzimas de fermentación, manteniendo ese color verde. “A continuación, eliminamos meticulosamente las venas y cualquier tallo que se haya colado en la recolección. Las hojas de té se clasifican por color mediante aire, un proceso que las transforma en ‘tencha’, el precursor del matcha”, continúan desde Matcha & CO. El ‘tencha’ se transporta a sus instalaciones de molido. Allí, se muele hasta convertirse en polvo mediante molinos de piedra. “Cada molino trabaja todos los días del año, procesando hasta 40 gramos de té por hora”, apuntan.

Para demostrar que el matcha es ceremonial, pasa por unas certificaciones orgánicas y controles analíticos de laboratorio. Por otro lado, el matcha “saborizado” se produce bien en origen, mezclando el polvo con ingredientes deshidratados (frutas, flores, especias) o aromas naturales antes de exportar, o bien en destino. “En Matcha & CO optamos por importar matcha puro y realizar nosotros mismos las mezclas, para mantener un control total sobre la calidad, por lo que homogeneizamos la fórmula con molinos de baja temperatura y envasamos inmediatamente, asegurando estabilidad organoléptica”, manifiestan.

El matcha viaja desde Kyoto hasta el puerto de Barcelona en contenedores refeer

En cualquier caso, una vez cultivado, recolectado, secado y molido, el matcha debe emprender su viaje a España. “Tenemos presencia en múltiples tiendas multimarca en España, Portugal, Reino Unido y Francia y para la logística, colaboramos con operadores 3PL locales para mejorar los plazos de entrega”, explican. En concreto, viaja desde Kyoto hasta el puerto de Barcelona, para posteriormente, subirse a un camión que lo llevará hasta su centro en Barcelona desde donde los operadores de transporte Correos Express y GLS se encargarán de la última milla. “El matcha, envasado al vacío en Japón, viaja en contenedores refrigerados (2–4 °C) por vía marítima al puerto de Barcelona, en contenedor reefer mantenemos la cadena de frío para preservar sus propiedades”.

Después, continúan explicando desde Matcha & CO, los palets se trasladan por carretera con camiones frigoríficos a su centro cerca de Barcelona. “Desde nuestro centro se envasa y distribuye a los partners 3PL”. Por su parte, el packaging se produce en fábricas europeas certificadas. “Las piezas llegan a nuestras instalaciones en Barcelona, donde ensamblamos el producto justo antes de la expedición, minimizando tiempos de almacenamiento y garantizando frescura, además, disponemos de múltiples formatos, adaptándonos a consumidores ocasionales y profesionales del té”, sostienen.

DEL BOOM DEL MATCHA A LA ESCASEZ
Sin embargo, este crecimiento tan drástico de la demanda está desembocando en unos problemas de stock que, por el grado de cuidados que necesita este té, son difíciles de sortear. “Partiendo de la premisa de que las cosechas no son eternas y teniendo en cuenta el largo proceso de elaboración que conlleva la producción del matcha de grado ceremonial no es de extrañar que nos encontremos ante una escasez de producto, una subida de precios y, en algunos casos, una bajada de calidad”, explica la sumiller especializada en té japonés y fundadora de The Japanese Tea Hub Concept Shop, Xenia Blanco. De hecho, destaca que “es algo que se veía venir desde hacía tiempo, aunque se ha visto acelerado en los últimos cinco años”.

En este sentido, la sumiller aclara que, para entender la falta de stock, hay que tener en cuenta que sólo se utilizan las hojas de la primera cosecha, no sirven otras, y, por tanto, la producción es limitada. Además, no toda la cosecha se destina a matcha y las hojas que se van a utilizar para elaborar ‘tencha’ se mantienen alrededor de cuatro semanas a la sombra antes de su recolección. “En otras palabras, las hojas destinadas a la producción de matcha necesitan un mes extra de cultivo y cuidados, a esto se suma la fluctuación del volumen de producción anual y la necesidad de una fábrica de producción específica más costosa”, explica Xenia Blanco. Esto repercute en que, al final, se necesita medio año para que el matcha ceremonial pueda ser consumido. 

“Algunos distribuidores han impuesto limitaciones a la cantidad que se puede adquirir”
Xenia Blanco Fundadora de The Japanese Tea Hub Concept Shop

Por lo tanto, estos factores, unidos a su popularización en gran medida por las redes sociales y la falta de relevo generacional, están afectando a los stocks. Los agricultores no pueden acelerar el proceso de producción si lo que quieren ofrecer es un producto de calidad por lo que, “para estirar el stock, algunos distribuidores han impuesto limitaciones a la cantidad de matcha que se puede adquirir y los productores que ceden a la presión del mercado deciden abaratar costes y reducir tiempos de producción, lo que implica una reducción de la calidad del producto”, apunta la especialista en té japonés. De hecho, a través de su tienda, distribuye té matcha y tés de autor de familias cultivadoras japonesas, por lo que cuenta con un stock limitado de cada producto.  

En este contexto, alerta de que la escasez de producto “está generando una subida de los precios”. Respecto a la falta de relevo generacional, recalca que en el año 2000 había 53.000 cultivadores y en 2020 el número ha descendido por debajo de los 13.000. Por ello, “algunas empresas ya han automatizado mucho sus procesos debido a la falta de mano de obra y el Gobierno japonés está estudiando el implementar un plan de apoyo para que algunos cultivadores realicen la transición de cultivo de té verde a producción de ‘tencha’, aunque este cambio conlleva riesgos”, advierte la sumiller de tés. En este sentido, recuerda que “si el consumo de matcha es una moda pasajera, los cultivadores podrían incurrir en perdidas considerables”.

El ritual clásico consta de cuatro principios básicos de la ceremonia del té japonesa: Armonía (wa), Respeto (kei), Pureza (sei) y Tranquilidad (jaku). Estos principios se convirtieron en la base de la ceremonia japonesa del té, también conocida como ‘Chanoyu’, el camino del té. “El término ceremonial alude a la ‘Chanoyu’, donde sólo se emplean matchas de máxima pureza (grado ceremonial) y utensilios específicos”, explican desde Matcha & CO. Los invitados se sentaban en una habitación tranquila y serena, normalmente en una estera en el suelo. El maestro de té realizaba una ofrenda de agua a un altar y luego se lavaba las manos y la cara en un lavamanos de piedra. Posteriormente, preparaba el té matcha en un ‘chawan’ utilizando un ‘chasen’, agregaba agua caliente al tazón y mezclaba el té matcha en polvo hasta que se forma una espuma suave. A continuación, ofrecía el té a los invitados por estricto orden de edad y se servía una taza a cada persona. Los invitados debían beber el té de un solo trago y luego devolver la taza al maestro de té, el cual limpiaba todos los utensilios.

Por lo tanto, ese bol que utiliza el influencer para sus videos, es en realidad un ‘chawan’, esa cuchara larga de bambú es un ‘chasaku’ que sirve para medir la cantidad de té y ese artilugio que nos recuerda a una escoba es un ‘chasen’, un batidor fabricado también de bambú. “Esta práctica milenaria, busca armonizar estética, filosofía zen y sabor por lo que el bambú es crucial por su resistencia a la humedad, su flexibilidad para crear espuma en el matcha y su ligereza, que facilita el gesto rítmico de batido”, concluyen desde la empresa catalana. Ahora sí podemos decir aquello de ‘el té está servido’.