21 de abril de 2021 | Actualizado 18:02
Mafran Martínez

Aprendiendo de internet: una solución para la logística

El incidente del Canal de Suez ha puesto de manifiesto al gran público, por su espectacularidad, algo que muchos ya intuíamos: la logística pende de un hilo. Para los telecos que en su momento estudiamos redes y luego nos enganchamos al sector logístico, es algo que nos resulta familiar. Los que vivimos desde dentro caídas de equipos, apagones o cortes de red, aprendimos a ser resilientes y a establecer mecanismos para salvar en automático las dificultades. Los que amamos los dos sectores vemos las similitudes entre el tráfico marítimo y el de internet y, aunque no es 100% extrapolable, sí que hay muchas lecciones que pueden ser aplicadas de forma útil al mundo de la logística.

En primer lugar, es interesante analizar la evolución. En las primeras redes de telecomunicaciones, la comunicación era simplemente un punto a punto. El operador se limitaba a poner todas las herramientas necesarias para esa conexión, primero operadoras manuales, luego automáticas, pero con el único fin de conectar físicamente un origen y un destino. No se miraba la información ni las necesidades, eso no era importante, solo se conectaba. Pero poco a poco fueron creándose servicios, ‘paquetizándose’ la información y mezclándose. Primero con protocolos de paquetes muy básicos, como X.25 o Frame Relay y luego con sistemas más sofisticados, como ATM o, el definitivo y famosísimo IP, que ya todos usamos y que ha permitido que las telecomunicaciones dejaran de ser una red de conexiones y pasen a ser una red de servicios demandados de forma casi aleatoria desde cualquier dispositivo. En la red de teleco, ya la conexión simplemente se dedica a buscar el mejor camino para el envío de la información y la dota de las características necesarias para que servicios tan dispares como la voz, el correo electrónico, la lectura de un periódico o ver Netflix se puedan cursar correctamente desde el mismo dispositivo y con la misma conexión. Es la evolución natural de una red de paquetes.

La logística empezó su proceso de ‘paquetización’ cuando un visionario pensó en crear una unidad estándar

La logística empezó este proceso de ‘paquetización’ a mediados del siglo XX, cuando un visionario americano pensó en meter la carga en una unidad estándar llamada contenedor. Pasamos en ese momento de tener líneas dedicadas (barcos monocarga) a un sistema paquetizado donde diferentes flujos de cargas compartían el mismo medio. Había conseguido mezclar flujos tan dispares como la mercancía perecedera, la mercancía refrigerada o la carga seca no perecedera en el mismo transporte. Como la red de telecomunicaciones.

Pero la logística, aún no ha dado el paso a convertirse en una red de servicios. Aún se tienen conexiones punto a punto, donde existe un emisor, un receptor y una ruta predefinida cuando una mercancía sale de su destino. A los telecos de más edad nos recordará a la red ATM. ¿Qué impide dar el paso a la evolución más sofisticada que sí hizo la red de telecomunicaciones? Principalmente, es por dos motivos.

Las telecomunicaciones minimizaron el impacto de la pérdida de un paquete dotando de inteligencia a los nodos

En primer lugar, está el miedo. Un paquete perdido en logística significa la pérdida de la carga, que puede ser asumible o directamente un drama de miles de euros. En teleco, pasaba algo parecido, aunque obviamente no tenía un impacto económico tan directo, sí que afectaba, ya que había pérdida de paquetes que directamente tiraban el servicio (¿cuántos de nosotros nos hemos quejado de una llamada cuando se corta?). Sin embargo, se consiguió minimizar el impacto, a base de dotar de inteligencia a los nodos.

En segundo lugar, la falta de una red de señalización que permita darse información unos nodos a otros, y que, precisamente, es lo que dota de esa inteligencia a la red. Una caída en un nodo de telecomunicaciones es rápidamente comunicada a los demás, y esto conlleva, de forma automática, la búsqueda de soluciones para otros tráficos que pudieran verse afectados por esa caída. Pasaron a ser routers, con inteligencia y capacidad de decisión. No nos engañemos, esta reticencia a compartir la información también está afectada por el miedo a que derive en perder carga, cuando a la larga, la pérdida de carga se produce por no prestar un buen servicio.

Es necesario crear un ecosistema de intercambio de información donde estemos digitalmente interconectados

La caída del Canal de Suez por el encallamiento del buque de Evergreen ha generado un colapso no solo por la dependencia de la logística de esa ruta, sino por la inexistencia de esa capa de señalización necesaria para dar el paso de dotar de inteligencia a la logística y generar una ‘physical internet’ adecuada. Si existiera, como en teleco, rápidamente se hubieran desviado buques y se hubieran activado rutas terrestres que hubieran trasladado las cargas de más valor de los buques de un lado del Canal de Suez a buques del otro lado del canal y modificado los destinos de esos buques para completar la ruta de las cargas. Todo casi en automático. Resiliencia en tiempo real, que se llama ahora.

Lo mismo podría hacerse ante problemas en algún puerto (con huelgas o congestiones) o con problemas en alguna ruta terrestre (por algún desastre natural, por ejemplo). Pero para ello es necesario crear ese ecosistema de intercambio de información donde todos estemos digitalmente interconectados, de forma que podamos ya reconfigurar las rutas no pensando en el medio de transporte, sino en el servicio a las cadenas logísticas. Pasar a ser routers es la clave para un transporte del futuro. Fue la evolución natural de la red de telecomunicaciones y será la de la red de la logística, aunque, en este caso, aún nos queden algunos años para saborearla.