21 de mayo de 2022 | Actualizado 6:29
Carlos Santana

Cambio de paradigma global

El sector de la logística lleva tiempo copando portadas y titulares. Con un mensaje que leemos y escuchamos con demasiada regularidad: ¡crisis en la cadena de suministro! El coronavirus, Suez, Filomena, la huelga de transportistas, la actual guerra en Ucrania, las sanciones a Rusia… Han sido tratamientos de choque que nos han abierto los ojos y hecho cuestionar el ‘status quo’ de muchísimas cosas.

Las cadenas de suministro y la logística internacional han conseguido mucha visibilidad en este proceso de reflexión global, pero su replanteamiento comenzó tiempo atrás, antes incluso que del estallido de la pandemia. Gracias a esta reflexión temprana, gran parte del sector ha podido responder con éxito a muchos de los desafíos y retos aparecidos durante el peor momento del Covid o en circunstancias como la actual, de gran tensión.

Las diferentes crisis y sus particulares acentos han puesto de manifiesto la urgencia de ser (aún) más ágiles

Hechos geopolíticos prepandémicos como la constante escalada del proteccionismo; con sonados referentes como el Brexit, la guerra comercial entre EEUU y China, el pivote de Bruselas en su relación con Pekín o el auge de la defensa de la autonomía estratégica. Sumados a la escalada de los costes de transporte y las fluctuaciones en los tipos de cambio, crearon un fuerte debate en las empresas y el sector que hacía pensar en diversificar sus riesgos a la hora de diseñar sus cadenas de suministro. En este clima, una fuerte corriente de pensamiento abogaba por reubicar más cerca del consumidor fábricas y centros de producción. Posteriormente, llegó lo que todos ya conocemos, haciendo el problema aún más complejo -cuarentenas, escasez de producción, retrasos, cuellos de botellas o sanciones-.  Sin embargo, todas las diferentes crisis y sus particulares acentos nos ponían de manifiesto la misma necesidad, la urgencia de ser (aún) más ágiles.

Desde 2019 hasta ahora, se han gestionado en España más contenedores que en el año anterior. Y las cifras de 2022 animan a pensar que la tendencia continuará. Durante el 2020, con el horrible estallido de la pandemia, el sector logístico no dejó de abastecer los mercados. En los últimos 24 meses, hemos visto cómo cambiaban nuestros hábitos de consumo. En lo personal, hemos pasado de ir al gimnasio a querer una bicicleta. Con el consecuente aumento del consumo y golpe al sector servicios. En definitiva, se importa más, pero diferente.

Las cadenas de suministro de las que depende España no sufren una crisis, están en pleno cambio de paradigma

Las cadenas de suministro de las que depende España no sufren una crisis. Por el contrario, se encuentran inmersas en un cambio de paradigma. Por ello, mientras sigamos tratando los problemas derivados de este pivote global de la economía con tácticas y visión cortoplacista en lugar de estrategias nacionales y objetivos a medio plazo, seguirá aflorando de manera recurrente. No hay conspiración. Hay un cambio de tendencia. Necesitamos pensar más sobre el futuro, anticiparnos a él. Más estrategia y menos táctica.

En la reflexión que nos ocupa, existen muchos factores a tener en cuenta, pero hay uno que es clave. Un factor que va a ayudar a no solo competir en precio: la sostenibilidad. Las decisiones logísticas se tomaban tradicionalmente bajo el axioma tiempo (de tránsito) versus coste (del transporte). Eso ya no es así. O mejor dicho, solo es así para aquellos que viven anclados en el paradigma anterior. Donde reducir costes era la única motivación y estrategia. Ahora, estamos en un modelo de tres dimensiones donde la sostenibilidad es un eje más. Por supuesto que reducir costes está bien, siempre que no vaya contra la proposición de valor de la empresa. Pocos pueden pensar en futuro y largo plazo si su única propuesta es precio.

Lo que consumimos no depende de la logística, que actúa como un espejo de los comportamientos de la sociedad

Pensemos que hasta el 80% del impacto medioambiental de un producto muchas veces se encuentra en su cadena de suministro y no tanto en la fabricación del bien. Las marcas entienden que la reducción de costes en fabricación les puede salir muy caro en lo reputacional. Por ellos, el ‘reshoring’, que no es la solución universal ni definitiva y que como toda decisión acarrea consecuencias, continúa ganando adeptos cada día.

Sin embargo, decisiones de este tipo no son inmediatas y requieren de tiempo. También esfuerzo económico. Como ocurre con la transición energética, adaptarnos al nuevo paradigma de comercio internacional traerá consigo asumir costes. Es importante recordar que el comercio no es homogéneo y que el inmenso volumen de mercancías intercambiadas entre países responde a multitud de singularidades. De ahí la importancia de pensar y tomar decisiones acertadas no solo en el corto plazo (táctica) sino en el medio y largo (estrategia). Con políticas industriales que apuesten por productos innovadores, evitando condenar a generaciones futuras al pago de subvenciones por proyectos que ya hoy tienen fecha de caducidad.

El sector logístico ha respondido de manera extraordinaria a los desafíos que hemos vivido y continuamos viviendo. Lo que consumimos no depende del sector logístico, sino del mercado y sus necesidades. La logística es un espejo de los comportamientos de la sociedad, no manipula los mismos. Hablar de una crisis en el sector nos conduce a error. Los que se han anticipado se han visto menos golpeados por las crisis recientes y muchos ven ya los resultados. Apliquemos los casos de éxito a la gestión de las venideras políticas industriales.