17 de enero de 2022 | Actualizado 6:21
Mafran Martínez

Desde mi ventana

Cuando se oye Ceuta en el territorio nacional se relaciona con una singularidad. Se relaciona con un punto en África, lejano, que por algún motivo extraño sigue siendo España, cuando, de forma lógica debería ser Marruecos. Sí, Ceuta está lejos, muy lejos de la conciencia de los españoles, que lo conocen porque se estudia como una de esas dos “ciudades autónomas” que no se sabe bien a qué vienen.

Sin embargo, todo es mucho más complejo. Ceuta fue una ciudad portuguesa antes que Granada, Almería o Málaga dejaran de ser árabes. Con la unión de España y Portugal durante los reinados de los Felipes, Ceuta pasó a ser administrada por Castilla y cuando se produjo la separación de nuevo, Ceuta celebró el primer referéndum de autodeterminación de la historia, decidiendo ser española, pero manteniendo los símbolos portugueses. Es por eso por lo que la bandera de Ceuta es aún hoy en día la bandera de Lisboa y el escudo, el histórico escudo de Portugal.

Aunque desde la Península se ve muy lejos, desde la ventana de un algecireño, Ceuta está cerca, muy cerca

Ceuta, por lo tanto, es española por derecho propio y aunque desde la Península se ve muy lejos, desde la ventana de un algecireño, Ceuta está cerca, muy cerca. Apenas 20 kilómetros separan Ceuta de Algeciras. Las casas se ven perfectamente desde cualquier ventana y sus luces nocturnas se reflejan en nuestras playas. Son nuestros vecinos, como son los de L’Hospitalet en Barcelona o los de Móstoles en Madrid.

Y no solo eso, para el Estrecho, Ceuta es un reto logístico de primer nivel. Una ciudad asediada, con unas relaciones difíciles y sin tránsito de mercancías por tierra con el país que le rodea. Ceuta es suministrada casi íntegramente desde Algeciras, desde lo más básico a lo más complicado. Desde el agua potable, transportada en barcos cisternas y almacenada en aljibes hasta cualquier alimento de primera necesidad. La mayoría del tráfico con Ceuta es rodado, convirtiéndose realmente en una extensión del Campo de Gibraltar. Su logística, servida desde este lado del estrecho es, en la práctica, una logística de última milla.

El tránsito con Ceuta es continuo, al estilo del puente aéreo, los barcos, prácticamente no paran en los puertos y solo están el tiempo necesario para volver a cargar, realizar las tareas necesarias y volver a cruzar el Estrecho. Incluso, en los últimos años, se ha creado una línea regular en helicóptero que dura escasamente ocho minutos.

Es el momento de dotar a Ceuta de un régimen de ciudad franca para impulsar una zona marítima estratégica

¿Y para qué la queremos? Ceuta, aparte de ser españoles por derecho propio, asociada a las coronas peninsulares antes que otras ciudades indiscutibles, es clave para el tráfico marítimo del Estrecho, que es la segunda ruta con más tránsito del mundo y su control desde las dos orillas otorga a España una posición predominante en ella. Si el Reino Unido no quiere salir de Gibraltar aunque lo impongan los tratados internacionales de descolonización es por lo mismo, porque es fundamental para sus intereses estratégicos.

Sin embargo, España, lejos de valorar Ceuta y potenciarla como Gran Bretaña ha hecho con Gibraltar, sigue teniéndola en tierra de nadie, esperando un futuro nada cierto. Ahora es el momento de pensar en su estatus y dotarla de un régimen de ciudad franca, sería un impulso también para esta ruta marítima estratégica para todos. Ceuta no es un punto lejos del mapa, son las luces que se ven desde mi ventana, y que, aparte de ser hermanos y conciudadanos, es un punto clave para la economía de mi comarca, de mi región y de mi país.