24 de octubre de 2020 | Actualizado 9:25
Mafran Martínez

El corazón del puerto

Se conocía recientemente que una empresa de importación de productos perecederos había conseguido, para su sede en el puerto de Valencia, que se ubicara un puesto de inspección fronteriza (PIF) en dichas instalaciones. Aunque podría parecer una noticia anecdótica, en realidad encierra la gestión de una de las actividades centrales en el proceso de importación y exportación en los puertos. El corazón del puerto. No es baladí.

El modelo de inspección fronteriza que se adoptó en España está centrado en las funciones, de forma que organismos diferentes se encargan de inspecciones diferentes, aunque sea sobre el mismo producto. Esto lleva a que, realmente, lo que hay en un PIF es un batiburrillo de organismos cuya labor conjunta es difícil de optimizar. Voy a intentar enumerarlos de forma breve. Por una parte, Sanidad Exterior depende del ministerio de Sanidad (con el nombre que se le dé en cada Gobierno, ya me entienden), se encarga de la inspección de la carga para consumo humano. También están involucradas Sanidad Vegetal, dependiente del ministerio de Agricultura y encargada de las inspecciones de los productos de origen vegetal, y Sanidad Animal, que también depende del mismo ministerio y realiza las inspecciones de origen animal y animales vivos.

A estos, les acompaña el Soivre, que cuelga del ministerio de Industria, Comercio y Turismo, y se encarga del control de calidad. Tampoco podemos olvidar a Aduanas (Ministerio de Hacienda), que desarrolla la labor de la gestión impositiva de las importaciones y exportaciones. Por si les parecen pocos actores, aún faltan la Guardia Civil (ministerio de Interior), encargada de la seguridad en esas inspecciones y, por último, la autoridad portuaria (ministerio de Transportes), que se responsabiliza de la conservación de las instalaciones donde se producen las inspecciones.

La dispersión de organismos hace que el PIF sea un micromundo con su propia jerga, gestión y movimiento

Si han conseguido llegar hasta aquí, enhorabuena, es fácil perderse. Son siete organismos diferentes dependientes de seis ministerios distintos. Esta dispersión de organismos hace que el PIF sea en sí mismo un micromundo que tiene su propia jerga, gestión y movimiento. Es un lugar especial, y ser capaz de tener una buena relación dentro del mismo puede suponer una ventaja competitiva de primer orden para las empresas.

Las autoridades portuarias han hecho un esfuerzo (y siguen haciéndolo) para modernizar los sistemas y reducir los tiempos de espera en la inspección, ya que en algunos casos puede llegar a ser muy complicada. Hay que tener en cuenta que una mercancía puede ser inspeccionada, física o documentalmente por parte de varios de esos organismos. Por ejemplo: una partida de pepinos importadas para consumo humano debe ser inspeccionada por Sanidad Vegetal, Sanidad Exterior, Soivre y Aduanas, con la protección de la Guardia Civil y en las instalaciones de la autoridad portuaria. Afortunadamente, suele haber coordinación y funciona adecuadamente, pero… ¿y si hay un conflicto? Pues mejor ni lo piensen.

Sin menospreciar la seguridad, que debe ser la que prime por encima de todo, debemos tener en cuenta que España ya no vive en un mercado local y que todos los puertos juegan (mejor dicho, deberían jugar) con las mismas reglas. Desde que el mercado único es una realidad, los puertos españoles compiten también con los comunitarios que, por tradición o por eficacia, tienen una mejor organización en inspecciones en frontera. Hay miles de ejemplos de cadenas logísticas que dan rodeos para pasar las inspecciones en Holanda, que tiene un modelo muy diferente al español. Y las cadenas logísticas que no entran por España, supone dinero que el Estado pierde, en servicios, en almacenes, en transformaciones. Hasta en impuestos. Es un daño para la economía del país.

Vivimos en la era de la información y ya disponemos de los datos necesarios para un cambio de paradigma

En España, vivimos, como siempre, con la voluntad de unos inspectores que hacen su trabajo en condiciones a veces difíciles e, incluso, con escasez estructural de personal, pero que desempeñan su labor con una profesionalidad digna de elogio. Son ellos los que entienden lo que tienen entre manos y los que agilizan los procesos, aun sabiendo que la organización existente no acompaña. Hay que felicitarse por ellos, no tanto por los que organizan, porque, aunque cualquier manual de operaciones afirma que para mejorar la capacidad es necesario invertir principalmente los cuellos de botella, la Administración (con mayúsculas y en general), invierte cantidades enormes en infraestructuras, pero regatea cantidades menores en mejorar el cuello de botella que supone en PIF en muchos puertos.

Vivimos en momentos en el que ser competitivo es clave. Ahora finaliza el plazo de consulta pública para la reforma de la Ley de Puertos y quizás hay que dar un paso más y plantearse un nuevo modelo de inspección fronteriza. Quizás con un organismo que aglutine todas las inspecciones, quizás con inspectores especializados en la inspección física y otros especializados en la documental (lo que ahorraría bastante tiempo en la inspección), quizás con una coordinación entre las inspecciones y las mercancías, dándole a cada mercancía lo que necesita para que se posicione en el mercado en las mejores condiciones. Vivimos en la era de la información y tenemos en nuestros sistemas los datos necesarios para poder realizar este cambio de paradigma. Quizás sea el momento, por el bien de todos.