3 de diciembre de 2021 | Actualizado 17:39
Andrés Arribas

El cuento de la escasez

Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos…

Así empieza el poema ‘Sé todos los cuentos’ del zamorano y gran poeta universal  León Felipe. Lo traigo a colación, porque hace unos años se empezó hablar de la escasez de conductores de carretera. Pero no se tomó ninguna medida, debe ser porque los neoliberales que nos gobernaban y los empresarios de esa corriente, pensaban que el principio de Adam Smith de la mano invisible se cumple. Y es que no estudiaron la segunda lección del profesor escocés, donde decía que esa mano invisible no era apropiada en servicios conocidos como “tragedia de los comunes” (Si se quiere profundizar, leer a la primera mujer Nobel de Economía, Elinor Ostrom,  donde muestra hasta un ejemplo de ello en un caso dado en España).

Casi todo tiene un límite y la mayoría de los recursos incluso son escasos, sí, salvo la población que crece de forma ilimitada. De ese recurso, el recurso humano, no hay escasez. Al contrario, siempre hay un ejército de reserva dispuesto a trabajar. El conflicto se crea cuando los que están en disposición de ofrecer un precio por ese valor, lo banalizan y lo tratan como una manufactura, pensando que es un ‘commodity’ de usar y tirar. Hago esta introducción para centrar el debate sobre el cuento de la escasez de conductores de camión.

Se comenzó a implantar en los 90 un modelo basado en falsos autónomos y pequeñas empresas de perfil familiar

No hay escasez de conductores de locomotoras, maquinistas, ni de conductores de aviones, pilotos, ni conductores de barcos, capitanes u oficiales…. pero sí escasean los de camión. Oh, sorpresa. Pero si todos utilizan un volante. ¿Qué hace diferente a este colectivo de los citados anteriormente?

Por hacer una génesis, decir que en España, hace 30 años, se optó por una contratación similar a la que en los últimos años se ha querido imponer para los repartidores a domicilio: “modelo ryder”. En los años 90 del siglo pasado, se comenzó a implantar lo que puede llamarse “modelo driver”. Se basaba en falsos autónomos individuales y pequeñas empresas de perfil familiar, de dos o tres empleados. Este modelo fue creciendo hasta atomizar el mercado de choferes de camiones por todo el suelo patrio. Incluso había cargadores y empresas de transporte que presumían de tener toda la plantilla de conductores externalizada. Algunas de ellas superaban hasta los 500 conductores subcontratados. Además, de forma colateral, se acababa de un plumazo con la sindicalización de este colectivo, algo que causaba pavor a empresarios cicateros.

Esto hizo que el formato configurado con esta estructura creciera de forma exponencial. Al final, los conductores quedaban presos de las empresas que les facilitaban las cargas. A cambio de ello, no tenían que hacer labores comerciales, las cargas estaban siempre en el mercado. Si las perdía una compañía, porque el ‘tender’ lo ganaba otra, la solución era migrar a la ganadora y ponerse a sus órdenes. Se creaba así una suerte de mercado imperfecto de monopsonio, donde el conductor trabajaba en exclusiva para esa empresa adjudicataria, que de esta manera nunca tenía pasivo social de este perfil y que, además, podía imponer los precios por ese principio de exclusividad.

Cuando se acentuaban los recortes de los márgenes, estos se trasladaban a los autónomos y pequeñas empresas del modelo. Eran los que en realidad soportaban las reducciones de tarifas, las penalizaciones por las entregas fuera de plazo, los costes financieros por las demoras en el cobro de su trabajo, se pasó de pagar a 30 días, a figuras bancarias alternativas como los pagarés, confirming, etc (apareció la banca y cuando esta aparece, ya se sabe: en España la banca siempre gana), que trasladaba el plazo de cobro a más de 90 días, las multas por excesos de horas al volante, uso indebido del tacógrafo al forzar más rotación al camión,  mayor siniestralidad por hacer las entregas y/o recogidas contrarreloj, (quiero hacer mención que al menos en el sector del portavehículo, las cargas que se transportan puede llegar a valer hasta el medio millón de euros), etc.

¿No será que las condiciones de trabajo y el salario que se ofrece no está alineado con lo de “actividad esencial”?

Con este escenario desalentador y tan poco motivante, cualquier persona un poco sagaz podía entrever que o cambiaban las reglas del juego o el sistema colapsaría por la diáspora del personal afectado a otras actividades. Lejos de reflexionar sobre ello, se echó la vista a otro lado, a izquierda acudiendo a cantera de choferes portugueses, luego a la derecha, a conductores de países del este. Y como el sur también existe que diría Mario Benedetti, por último a migrantes subsaharianos. Era alargar la agonía de la supuesta escasez.

Pues bien todavía hace un par de años, cuando empezaba el postureo de las quejas en las asociaciones empresariales sobre esta “escasez”, en un excelente artículo de Manuel Medina, demostraba que eran quejas huecas, porque no disponían entonces de un censo de dicho colectivo para acotar el problema y como indica Medina, preocupado, como responsable logístico de entregar vehículos para transportar, cuando lo expuso en las diferentes reuniones logísticas, algunas en la CEOE, para que se incluyera en el orden del día. Ni siquiera se hizo constar en acta dicha inquietud, muestra del poco interés que despertaba este problema.

Cuando se ofrecen condiciones dignas, la respuesta del mercado laboral supera la oferta empresarial

¿Cómo se puede decir que hay escasez de conductores cuando existen tres millones de parados? ¿No será que las condiciones de trabajo y el salario que se ofrece no está alineado con lo de “actividad esencial” y el lema de “ellos también merecen nuestro aplauso”? Puedo asegurar que cuando se ofrecen condiciones dignas para un puesto de trabajo, un salario justo y proporcional a la responsabilidad, es al contrario, la respuesta del mercado laboral supera la oferta empresarial. Recuerdo en mi anterior compañía que cuando se hizo una oferta para maquinistas con estas premisas, fueron tales las solicitudes recibidas que bloquearon la centralita telefónica durante un par de días y recibimos miles de CV. No, no hay escasez, lo que hay es poca dignidad en las ofertas de trabajo. ¿Qué cuento es ese de decir que el trabajo humano es escaso? Pero si es lo más abundante, solo hace falta echar un vistazo al desempleo que existe en el mundo.

Cuando en este momento estalla el “cumbre vieja” de falta de conductores, emergen las soluciones originales, eso sí, sin atacar la raíz del problema, sin reformular absolutamente nada de lo existente. Además, los que han creado el problema no pueden tener la solución. Por ejemplo, proponen incorporar mujeres a la profesión, lo defiende CETM, patronal del sector, que es de las pocas asociaciones en nuestro país que no cuenta con una mujer en su comité ejecutivo, lo que da una idea de su misoginia y endogamia.

Déjense de cuentos y prueben a introducir políticas seductoras para atraer conductores al sector

Por otro lado en los Presupuestos Generales del Estado 2022 vuelven a mantener la partida de 10 millones de euros para la ayuda al abandono de transportistas autónomos. Parece que tampoco va en la dirección de ilusionar la captación de profesionales…

Déjense de cuentos y prueben a introducir políticas seductoras para atraer empleados al sector, por citar algunas sin querer ser exhaustivo: planes de formación, respeto y valoración de la profesión, condiciones saludables, salarios dignos, obligar a las empresas transportistas a tener un porcentaje mínimo de conductores en plantilla, reciclaje periódico, herramientas digitales para la parte administrativa de la mercancía (eCMR, dispositivos móviles de transmisión de datos, etc), demandar la reducción de tiempos de espera de cargas/descargas en los centros logísticos, puertos, etc, forzar a que los cargadores tengan las mercancías preparadas en los muelles y puntos de expedición evitando tiempos muertos innecesarios,…

Así acaba el poema ‘Sé todos los cuentos’ del célebre León Felipe:

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.

Pero me han dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos.

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