27 de septiembre de 2022 | Actualizado 10:55
Enric Ticó

El forense tenía razón

Hace años, el añorado Ferran Prat, alcalde de Vilamalla (donde hoy está en marcha Logis Empordà, la mayor operación logística del Norte de Catalunya, impulsada por Cimalsa), reunía en una entrañable, típica y desenfadada cena de verano a un colectivo  variopinto, formado por periodistas, forenses así como a algún incalificable -por ejemplo, un servidor. Dio pie a una locura de intercambio de anécdotas vividas, la mayor parte impublicables.

Uno de los forenses afirmaba que, en el caso del ser humano, era realmente milagroso el hecho de que sigamos vivos, dado que un pequeño fallo en cualquier órgano, de una pequeña vena, por ejemplo, podía provocarnos la muerte inmediata. Sin embargo, milagrosamente, al menos mientras escribo estas líneas, aquí estamos, en pie.

Siempre dijimos que la cadena logística es como un cuerpo humano, formado por arterias (el transporte marítimo y el ferroviario), las venas (la carretera) y los nervios (la distribución urbana o rural de mercancías). Por no hablar de la caspa (la burocracia que nos invade) o el cerebro (la digitalización, el blockchain) así como los transitarios, la verdadera alma de la logística.

Es un verdadero milagro que los transitarios no muramos y que sigamos organizando los envíos

Y como decía el forense, aplicado a este cuerpo al que llamaremos ‘cadena logística’, es un verdadero milagro que no muramos y que sigamos organizando los envíos, aplicando las reglas Incoterms, buscando y encontrando las mejores soluciones para que la carga no se quede detenida en cualquier punto negro del sistema, que los hay. Es verdadera magia el hecho que en una farmacia, por ejemplo, encontremos siempre el protector gástrico…o que lleguen los microchips a las fábricas de automóviles.

Y a pesar de esa sensibilidad y profesionalidad de todos los integrantes de esta cadena de confianza, a las nuevas tecnologías y al blockchain, que nos permite operar bajo cualquier circunstancia, hoy por hoy los problemas se acumulan en el sector del transporte, y parece que hemos llegado a un callejón sin salida, a la posible metástasis del sistema logístico. Ya hace años que sentíamos fuertes dolores, agudos en algunos casos (como el mal funcionamiento del sistema ferroviario, las dificultades para implementar la multimodalidad, las deficientes infraestructuras, la ausencia de tecnología fiable…). Pero ahora, con los auspicios de una Unión Europea burocratizada, ineficiente e inútil en muchos aspectos que afectan directamente al sistema logístico, estamos viendo como las compañías navieras, aprovechando la situación favorecida por el Reglamento Europeo Consortia, controlan y adquieren muchas compañías del sector, tales como transitarias, terminales, compañías aéreas -y como les sobra el dinero, también empresas farmacéuticas…-, provocando lo que finamente se ha llamado “integración vertical”.

Lo que estamos viviendo es más una desintegración de la competencia que una integración vertical de las navieras

Me van a perdonar, pero de integración vertical nada de nada. Se trata de una desintegración de la competencia, del servicio y el alza de los costes. De seguir con esta suicida política de la UE, volveremos a la época de los monopolios, la ineficiencia y el vuelva usted mañana. Lean ustedes el informe del International Transport Forum (ITF), informe que ciertamente debe haber estudiado el presidente Joe Biden, haciendo reaccionar a la administración norteamericana, que nuevamente nos pasa la mano por la cara cuando se trata de defender el libre mercado y de luchar contra los monopolios

En todo caso, ahora que ya se han enriquecido, parece llegado el momento de derogar el reglamento Consortia. Los clientes lo agradecerán, porque estamos a tiempo, espero, de reintroducir la libre competencia en nuestro sistema. La pelota está ahora en el Parlamento Europeo. Esperemos que actúe pronto, porqué como decía el amigo…..lo más fácil es morir: tanto las personas como las empresas o la cadena logística.