21 de agosto de 2026 | Actualizado 14:48
Mafran Martínez

El necesario cambio de paradigma

Todo gira estos días en torno a Ucrania y a la lamentable actitud de Rusia y sus dirigentes, iniciando una guerra que nunca debería ser una opción. La invasión rusa de Ucrania debe ser condenada con todo nuestro empeño. Más allá de las necesidades humanitarias, todo el mundo intenta adivinar qué pasará en el futuro. Es difícil adivinar qué hará Putin, ni, sinceramente, es el objetivo de este artículo.

Sin embargo, sí que se pueden adivinar consecuencias en el mundo logístico que tanto nos atrae. En primer lugar, en un escenarios de fletes disparados como el que estábamos, esta invasión va a hacer que estén un tiempo más sin moderarse. Siempre se ha dicho que “a río revuelto, ganancia de pescadores” y los pescadores de contenedores lo han aprendido bien en los últimos años. Ahora, se avecina un periodo de precios máximos de combustibles y de limitaciones comerciales, lo que, parece, evitará la moderación en los precios del transporte que tibiamente se parecía divisar a medio plazo. Es un palo más al comercio internacional cuando esperaba recuperarse de la pandemia.

Se avecina un periodo de precios máximos de combustibles y de limitaciones comerciales

En segundo lugar, la situación de Ucrania como paso del gas ruso a Europa y las sanciones a Rusia va a volver a poner en entredicho este medio energético, ya controvertido durante la pandemia. Si bien Europa hizo malabares medioambientales para considerarlo un medio de transporte verde (defendiendo las inversiones de los grandes grupos de transporte), la limitación de suministro de gas que va a suponer esta guerra, probablemente, condene definitivamente al gas en su evolución. Son muchas las navieras que han apostado por el gas (en 2022, hay planeados nada menos que 26 megabuques de contenedores propulsados por GNL) y, ante el escenario que se avecina, no parece que sea la mejor apuesta. Es probable que sea una alternativa energética que ni siquiera llegue a nacer.

Pero, además, van a llegar problemas a nuestras industrias. Rusia es uno de los principales productores de materias primas del mundo (segundo productor mundial de aluminio y quinto de acero) y Ucrania es también un gran productor de acero. Los precios de las materias primas ya se han disparado y veremos en breve como, a los problemas de suministros de los semiconductores, se añadirán problemas a las materias primas, que, sin duda, nos afectará de lleno.

La invasión de Ucrania vuelve a mostrar la necesidad de acercar producción y de más independencia energética

Por último, pero no menos importante, es la dependencia que hay en la alimentación de países emergentes de Oriente Medio de la producción agrícola de Ucrania. Es el tercer productor mundial de patata y el primero de esa zona del mundo de maíz. De su producción se alimentan muchos países con condiciones ambientales más complicadas, como Egipto, Turquía u Oriente Medio. Para colmo, Rusia es también uno de los principales y sus sanciones traerán consigo limitaciones a su comercio exterior. Más inestabilidad en otros países y más problemas internacionales.

Estamos ante un momento complicado, porque estábamos saliendo de la gran crisis de la pandemia, cuando, casi sin esperarlo, nos encontramos ante una situación que nos afectará económicamente de forma directa. Se vuelve a poner de manifiesto el necesario cambio de paradigma que se vislumbraba con el Covid-19: es clave volver a acercar los centros de producción a los centros de consumo y, de esta forma, limitar la necesidad del transporte. Y algo más, es necesario olvidarnos de mecanismos energéticos en manos de unos pocos y buscar opciones más localizadas, que permita la independencia energética, como la energía nuclear o el hidrógeno. O se inicia ahora o, quizás, ya sea tarde.