24 de enero de 2021 | Actualizado 10:25
Mariano Fernández

El olvido de lo esencial

El valor social y los beneficios de la logística y el transporte, así como su importancia económica y estratégica en España, resultan todavía difíciles de entender para muchos ciudadanos y parecen olvidarlo bastantes políticos, desde diferentes gobiernos y desde tiempos pretéritos. Posiblemente, necesite un proceso de concienciación de todas las empresas que lo conforman para recabar su importancia y reconocimiento como el eslabón central de la cadena que enlaza la producción con el consumo.

No se concibe que los aplausos que obtuvo en los momentos más críticos de la pandemia no son, acabado el año, más que una parte de lo olvidado. No se concibe que la declaración gubernamental como “actividad esencial” no se haya acompañado más que con las mínimas y puntuales ayudas para un conglomerado de empresas en donde un 80% son pymes que están al límite de la supervivencia cuando no a su desaparición. No se concibe que no se hayan atendido las razonadas propuestas de las organizaciones y asociaciones del sector desde hace décadas para mejorar las redes de transporte y modos operativos en aeropuertos, puertos y plataformas ferroviarias, potenciando la intermodalidad en una estructura del espacio de actuación en su doble aspecto social y territorial.

La inseguridad que crea la arbitraria revisión de leyes no favorece la innovación ni la sostenibilidad de las empresas

Propuestas de pluralismo, estabilidad, rigor, medios, formación y recursos para garantizar igualdad y equidad, año tras año y gobierno tras gobierno, van quedando en el olvido, mientras se atienden con preferencia otras de sectores no tan esenciales. La inseguridad que crea la arbitraria revisión de leyes y medidas de carácter fiscal, técnico, administrativo, social y medioambiental, no favorecen la innovación en el sector ni la sostenibilidad de las empresas al causarles disfunciones y gastos innecesarios.

Decenas de documentos acompañan a la mayoría de los transportes y si falta alguno o contiene el mínimo error, los costes no previstos pueden ser nefastos para las empresas y no concuerdan con el desarrollo de las actuales aplicaciones tecnológicas. Leyes y normativas, que aplauden la mitad y abuchea la otra, no son buenas ni eficaces al no permitir la flexibilidad y opciones que respeten a todos y no las de unos impuestas sobre los otros. 

El naufragio que ha causado la pandemia, provocando un freno sin antecedentes en el transporte y la logística, puede ser la ocasión propicia para revisar leyes y medidas que integren con una interlocución mínima a toda la cadena y en donde la misma pregunta no tenga respuestas diferentes. Las circunstancias han cambiado y obligan a revisar el pasado ahora que hemos tomado conciencia de la fragilidad ante la naturaleza. Debemos evitar todo lo que dañe nuestro entorno, afecte a nuestra salud y complique el desarrollo de la economía y la calidad de los servicios.

La demagogia política recurre ante el fracaso a culpar a terceros como excusa a sus incapacidades

Promesas incumplidas, falsas esperanzas o apelación al miedo han acompañado siempre la demagogia política, que recurre ante el fracaso a culpar a terceros como excusa a sus incapacidades. El balance del 2020, entre otras cosas, nos ha enseñado el auge del marketing político que al igual que el tradicional se ha de centrar en satisfacer las “necesidades esenciales” de los ciudadanos y no en acusaciones entre partidos, que lo único que consiguen es el poco aprecio de quienes les otorgaron sus votos. 

La esperanza puesta por el sector en el ansiado ministerio de Transportes, que nos llevaría a la salida del túnel en el que aún estábamos desde la crisis del 2008, poco ha aportado, salvo reconocer tibiamente que es un sector resiliente. El mundo siguen viéndonos como un destino turístico y no acabamos de demostrar que nuestra posición estratégica como plataforma intercontinental tiene un valor tan igual o superior a la bondad de nuestro clima.

El ansiado ministerio de Transportes poco ha aportado, salvo reconocer tibiamente que es un sector resiliente

La pandemia no va a detener el mundo, aunque la crisis económica nos va a acompañar bastante tiempo. La única forma de superarla no es enfrentándose ni polarizando los intereses entre lo público y lo privado. Las demandas al Gobierno han de ser de todo el sector sin sucumbir a eslóganes o falsas promesas. Los proyectos y las acciones a nivel individual y colectivo deben de ser parte de la solución y no el problema. España forma parte del acuerdo de las Naciones Unidas para alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados par el periodo 2015/2030 y deberemos trabajar en cooperación pública-privada para dejar a las nuevas generaciones una sostenibilidad asegurada. Ojalá veamos pronto el amanecer de esta larga noche de olvidos.