
El valor del tiempo
Es bastante habitual oír que es necesario mejorar los transportes ferroviarios para que la mercancía vaya más rápida o que hay optimizar los procesos para que vayan más rápido, haciendo ver que reducir los tiempos es una obsesión para la logística. Sin embargo, eso no es del todo así.
Lo más importante en logística no es el tiempo, es el dinero y en logística el tiempo no siempre es oro
El tiempo influye de tres maneras diferentes en la logística. En primer lugar, el tiempo del transporte, que es el tiempo que tarda en llegar una mercancía de un origen a un destino. Este tiempo es realmente importante si la carga es perecedera, es decir, que pierde valor con el tiempo. Evidentemente, si la carga tiene una vida de 15 días, perder siete días en un transporte es mucho peor que perder cinco, porque tienes menos probabilidades de ser vendida en destino. Esta mercancía perecedera no tiene porqué ser refrigerada: la tecnología o la moda son carga que pierde valor con el tiempo y, por lo tanto, también son perecederos. También hay mercancías refrigeradas que no son perecederas, como los congelados. Aunque uno tiende a confundirlo (quizás por la inercia de lo que se estropea en casa de uno), en logística no es lo mismo.
En segundo lugar, la variación del tiempo de transporte. En las cadenas recurrentes, es necesario que el tiempo entre llegadas sea estable, porque evita picos de carga e incertidumbre en el transporte. Un retraso en el tiempo de transporte, como el que se vivió en el Canal de Suez, genera muchísimos problemas, más allá de la duración del trayecto, incluso en productos no perecederos, porque genera rupturas de stock.
En tercer lugar, es clave la frecuencia del transporte. El tiempo entre dos llegadas de la misma ruta determina el almacén necesario y, por lo tanto el coste de almacén del destino: cuanta más frecuencia tenga la línea, menos coste de almacén. En este caso, no estamos hablando de cuánto tiempo dure el tránsito, sino sólo la frecuencia entre llegadas. Derivado de este funcionamiento, aparece el ‘just in time’, que determina el momento de llegada la mercancía, para dejar el almacén casi a cero. Esto obliga casi siempre a tener un almacén regulador cercano al destino, que suele quedar en manos del proveedor. Aquí da igual lo que tarde el transporte y lo que varía. Lo que importa es el momento de llegada.
Estos dos últimos puntos también afectan y mucho al balanceo de equipos en cadenas tensas, mucho más que la velocidad, porque en la mayoría de los casos (salvo para las mercancías perecederas), acelerar la mercancía no es lo verdaderamente importante, sino que lo es mucho más que el tráfico fluya en base a las demandas y necesidades de la carga y de la capacidad de almacenamiento.
Todo lo que se haga en logística genera intereses contrapuestos y acelerar no es diferente
Un estudio de la Universidad de Cádiz de 2012 (al que ya hice referencia en mi último artículo sobre el flete negativo) vio que el tiempo medio entre la llegada de un contenedor de importación a la terminal de Algeciras y su salida para inspección era de seis días y medio en las mercancías no perecederas. La pregunta era, ¿por qué esperaban tanto para irse? Si las mercancías quisieran correr, ¿por qué no se iban el primer día y esperaban tanto? La respuesta me llegó casi por casualidad: las mercancías tenían una franquicia de una semana en la terminal. ¡Se estaba utilizando como almacenamiento gratuito! Mientras no necesitaran la mercancía y no tuviera coste, el proveedor prefería que siguiera en la terminal antes que llevarlo a sus instalaciones y ocupar su almacén. Uno era gratis mientras que el almacén propio sí que tiene coste.
En logística, todo lo que se haga genera intereses contrapuestos, y acelerar no es diferente. No siempre es bueno para la logística, porque lo verdaderamente importante no es el tiempo, es el dinero y en logística el tiempo no siempre es oro. No pretendamos tratar a la carga como a las personas, la mercancía debe fluir de forma constante, a buena velocidad, pero no hace falta que vayan en AVE. Hay que mejorar los transportes ferroviarios y hay que mejorar la operativa para que el transporte sea más eficiente y cueste menos por unidad de carga. Generalmente es mejor que vayan más despacio, pero a mejor precio: sólo algunas mercancías perecederas pueden soportar este incremento de precio que supone correr más.
Que las mejoras repercutan en bajar los precios es mejor que en bajar los tiempos y el que quiera correr, que pague
Curiosamente, este tratamiento diferenciado en el tiempo en función del tipo de carga es algo que se hace desde hace mucho en otra red: la red de telecomunicaciones. Es la calidad de servicio y, queramos o no, lo vivimos en el día a día: no es lo mismo el tráfico de una llamada de teléfono, que tiene que ser inmediato, al tráfico de un correo electrónico, que si espera un poco no pasa nada y mucho menos al tráfico de las actualizaciones de los aparatos, que si espera mucho más y llega de noche, casi mejor. Todo está inventado, sólo hay que interpretarlo. En logística, que las mejoras repercutan en bajar los precios es mejor que en bajar los tiempos. El que quiera correr, que lo pague.



