24 de enero de 2021 | Actualizado 10:25
Enric Ticó

En el portal… de Berlín

Finalizado el periodo navideño y la presidencia alemana de la Unión Europea, me parece que no exagero si digo que si bien hace mas de dos mil años, la capital de Judea fue un punto de referencia para nuestra civilización, hoy Berlín lo es en lo que respecta al futuro de la sociedad europea y a los aspectos relacionados con la economía y la pervivencia del estado de bienestar (especialmente ahora que el Reino Unido ha dejado de estar Unido).

La crisis sanitaria ha puesto de manifiesto, como bien decía el presidente Sánchez (pero sin entender él mismo a lo que se estaba refiriendo…), que el virus no entiende de fronteras. Europa no entiende de fronteras. Y una vez más, nuestros compatriotas del Norte (Alemania, Dinamarca, Holanda…), han propuesto un Plan Marshall, o mejor llamémosle un ‘Plan Merkel’, para inyectar decenas de miles de millones de euros a nuestras maltrechas economías.

¿Hay algo que nos garantice que el dinero europeo, llamémosle ‘Plan Merkel’, va a llegar donde debe llegar?

Pero seamos francos: ¿hay algo que nos garantice que este dinero va a llegar donde debe llegar? Me gustaría equivocarme, porque el New Green Deal tiene unos objetivos encomiables: contribuir a la recuperación económica -salvar a las empresas, vamos-, y conseguir que este despegue no se haga para volver a la situación de partida (si fuese un cohete espacial, significaría estrellarse…), sino que crezcamos en la dirección adecuada: una Europa sostenible, organizada en red, y en lo que concierne a los transitarios (‘Spediteurs, wenn du mich liest,  Frau Merkel’), derribando otros muros que aún existen en Europa, tales como infraestructuras obsoletas, reinos de taifas ferroviarios, aduanas infranqueables (mejor dicho, sistemas aduaneros autistas), multimodalidad en entredicho… No me alargaré en estos aspectos, pero sí que quiero resaltar que si los fondos europeos se siguen aplicando en el desarrollo de modernos trenes de feria… Que no conectan, por ejemplo, con los puertos, pues mal vamos. Mejor dar soporte a empresas estratégicas de los distintos sectores productivos, previo debate respecto a si queremos que España siga siendo el gran y cutre Restaurante de Europa o aspiramos a algo más.

Pero dejemos las decenas de miles de millones de marcos (perdón, de euros), y vayamos a cosas que no valen nada, pero que cuestan mucho dinero a las empresas, en un momento en el que no van sobradas de fondos: Señora Merkel, ¿podría echar un vistazo a un proyecto de ley que está pergeñando el Gobierno de España, el cual, bajo un título más que respetable, la “lucha contra el Fraude”, significaría, de aprobarse, la práctica desaparición de transitarios, expedidores y representantes aduaneros de España?

Bien pensado, mejor que no lo lea, porque el espacio que ahora ocupan nuestras empresas lo van a ocupar compañías alemanas, danesas u holandesas, países en los que se apuesta por la internacionalización de su economía, respetando las normas europeas, y confiando en los profesionales del sector. ‘Vielen Dank für Ihre Aumerksamkeit’.