26 de julio de 2021 | Actualizado 12:54
Manuel Medina

Ganar el futuro o perder el presente (II)

La tributación de los combustibles

Puede que de manera aislada la tributación de los combustibles no parezca que esté relacionada con la posibilidad de pago por uso de las carreteras, pero ver los temas de manera conjunta hace visible tanto la relación, como la falta de relación, si fuera el caso, entre ellos. En mi artículo de hace unos días, me planteaba la necesidad de una decisión en lo referente al pago (o no) por uso del sistema viario y la necesidad de una decisión al respecto.

En este segundo texto, lo que me planteo es el hecho de que a través de los impuestos que gravan los combustibles, y salvando el hecho de que solo las tasas y no los impuestos, son finalistas, el Estado obtiene fondos que sirven, entre otras cosas para cubrir la financiación de los gastos relacionados con las infraestructuras. Dado que los combustibles fósiles eran los únicos utilizados para la propulsión de los elementos de movilidad viaria, inicialmente fue más sencillo gravar el uso de las infraestructuras de una manera indirecta a través de dichos combustibles. Mi planteamiento aquí es que si se reduce drásticamente el uso de los combustibles fósiles, los ingresos fiscales relacionados con los mismos desaparecen, y de no abrirse una vía de financiación alternativa, solo se podrá mantener los gastos relacionados con el mantenimiento de las infraestructuras a través de un incremento del déficit publico. Queda clara pues mi opinión de que el sistema actual, la imposición a través de los combustibles fósiles, puede estar camino de la obsolescencia y que es necesaria una puesta al día del sistema.

No he oído hablar en ningún momento del impacto fiscal durante la vida útil de los vehículos eléctricos

Para quien siga las matriculaciones de vehículos eléctricos (o dicho de otra manera, los que no usan combustibles fósiles) no es ninguna sorpresa su crecimiento. No hay que olvidar que las propias autoridades nacionales y europeas lo están fomentando a través de menores impuestos en su adquisición o ventajas en su uso, por ejemplo, la accesibilidad o aparcamiento gratuito en los centros urbanos, pero de lo que no he oído hablar en ningún momento es del impacto fiscal durante su vida útil.

Es importante también poner de manifiesto que este no es solo un tema de movilidad profesional (logística y transporte). De hecho, la expectativa de los particulares que adquieren estos vehículos es que al conectarlo a la red eléctrica, el coste de su ‘nuevo’ combustible sea el mismo que el que paga por otros usos, mantener conectada la nevera, usar la lavadora,… Pero es que, ya no hablamos solo de coches, los camiones se están electrificando y, más pronto que tarde, los veremos circular por las carreteras. ¿No habría que empezar a pensar sobre el impacto fiscal de estos cambios?

¿Incorporará el kilowatio eléctrico de movilidad todos los impuestos que gravan a los combustibles fósiles?

Me pregunto si tendremos dos precios eléctricos: el de casa y el de ‘combustible’ o será uno solo; si el precio del kilowatio eléctrico de movilidad incorporara todos los impuestos que actualmente gravan los combustibles fósiles. Si tiene que ser así, deberíamos apresurarnos para que la gente que está comprando esos vehículos eléctricos no se lleven ninguna sorpresa.

Por otra parte, con la tecnología actual, sería técnicamente planteable la tributación directa sobre la movilidad con independencia del modo de propulsión, haciendo desparecer los impuestos relacionados con los combustibles como ‘vehículo intermedio’ de tributación. Sea cual sea la decisión, en uno u otro sentido, o una intermedia, creo que la sustitución del actual modelo de tributación sobre los combustibles fósiles es un debate que debemos abrir, y también cerrar, junto con su calendario de implantación, antes de que sea tarde.