26 de mayo de 2022 | Actualizado 13:01
Manuel Medina

Ganar el futuro o perder el presente

La fama de quien evita una enfermedad no suele ir más allá de la puerta de su casa. (De una historia de la antigua China)

Hace un tiempo un amigo me decía que el futuro se construye en el presente, porque cuando llegue ya no podremos hacer nada para cambiarlo. El futuro siempre será una especulación, incluso los aspectos más estratégicos, que se resumirían en una pregunta nada infantil: “¿Qué queremos ser de mayor y cómo nos preparamos para ello?”. Pero no siempre tenemos que ir tan lejos, hay también temas cercanos con un menor nivel de incertidumbre, que podemos planificar, y si fuera necesario afrontar el conflicto con anticipación. De esta forma, contaremos con tiempo para discutir, reflexionar y anticipar las decisiones y, por tanto, evitar el conflicto. De otra manera: solucionar el problema cuando aún no se ha manifestado (aunque nuestra fama no trascienda la puerta de nuestra casa).

Haciéndolo de este modo, el control del futuro sí que estará en manos de los que hayan realizado ese esfuerzo de análisis, reflexión, y decisión. Otra posibilidad es la de afrontar el problema cuando ocurra o a que el tiempo decida por nosotros. Pero el tiempo nunca arregla los problemas,… La espera, o la “no decisión”, nos llevará no solo a enfrentarnos con un problema al que no nos hemos anticipado, sino simultáneamente con unas discusiones entre diferentes intereses, sin tampoco estar preparados para ello, retrasando cualquier solución y posiblemente creando agravios que resurgirán en el futuro. ¡Casi nada! Es el peor escenario en el que nos podemos encontrar y no se me ocurre una situación más desfavorable.

Hay cuestiones en el mundo de la logística en las que va siendo crítico tomar decisiones

En el mundo de la logística, hay temas en los que, aunque sobre algunos hay mucho ruido, va siendo crítico tomar decisiones. No prejuzgo la decisión a tomar, sino que me preocupa su falta. Los enumero: pago por uso de las carreteras, impuestos a los combustibles, escasez de conductores de vehículos pesados, nulo impacto económico de las emisiones de CO2 en el transporte, inexistencia de un mapa de gálibos ferroviarios,… Y un tema mucho menos tangible y de largo plazo, pero en el que creo firmemente es la obsolescencia de la gobernanza actual del transporte marítimo. El derecho marítimo tiene una base que, en mi opinión, actualmente carece de sentido, y a ello también dedicaré unas líneas en artículos futuros.

En lo que respecta a la primera cuestión, el pago por uso de las carreteras, probablemente, por actualidad, pero también porque yo al menos lo relaciono con los impuestos sobre los combustibles fósiles, en un momento en que empieza a ser palpable una aceleración en el incremento de vehículos propulsados con otras energías, es el primer tema que voy a tratar. En un contexto complejo para la economía, los fondos europeos que vengan (recuerden: la deuda pública española está al 125% del PIB) han despertado una corriente de entusiasmo bastante generalizada, pero, por favor, invirtamos en temas con retorno y generemos futuro, no dediquemos a gasto recursos que deben ir a inversión, nunca es buen momento para hacerlo, y ¡ahora tampoco!

¿Por qué tenemos que pagar el mantenimiento de las carreteras universalizado a través de los impuestos?

En mayor o menor medida, el usuario ya paga por el uso de las instalaciones portuarias, de los aeropuertos, del ferrocarril, del metro, de los autobuses, de las canalizaciones de agua y de gas, del suministro eléctrico,… A ello se le suma en las ciudades el pago cada vez más generalizado por entrar en algunas zonas, por aparcar el vehículo y, todo ello, sin ninguna reducción compensatoria en impuestos sobre los vehículos…  Entonces ¿por qué tenemos que mantener el pago del mantenimiento de las carreteras universalizado a través de los impuestos? La discusión se podría invertir fácilmente: ¿Por qué solo el mantenimiento de la carretera se financia con impuestos? ¿Por qué no todo lo demás? ¿De verdad nos parecería razonable concentrar todos estos gastos en los Presupuestos del Estado? ¿No deberíamos pensar que los presupuestos públicos están para aquellos asuntos básicos relacionados con el mantenimiento del estado del bienestar y la creación de riqueza (educación, sanidad, seguridad, inversiones,…) y que aquello que sea gasto (y el mantenimiento lo es) repercutirlo, ni que fuera parcialmente, a los causantes? ¿Nos hemos planteado seriamente y con una visión amplia esta cuestión?

Es un tema con alto potencial de conflicto, pues el establecimiento de un pago por uso iría mucho mas allá del ámbito logístico. ¿No sería esta otra razón para afrontar rápidamente su discusión? ¿No podría ser esta una opción viable para monetizar también la reducción de emisiones de CO2 en los ámbitos de movilidad relacionados con el uso de las carreteras?

Aquí quedan las preguntas. Sea cual sea la decisión y el calendario sobre el modelo a implementar, entre los que, por supuesto, cabe el mantenimiento de la situación actual, creo que es una decisión que debería tomarse antes de que el tiempo (o terceros) la tomen por nosotros.