21 de abril de 2021 | Actualizado 18:02
Mariano Fernández

La incertidumbre de un éxito

El proceso de renovación y desarrollo del Port de Barcelona en las últimas décadas es uno de esos proyectos que hacen que sintamos orgullo, nos miremos y encontremos razones para echar la vista atrás y contemplar con satisfacción el trabajo que hemos hecho todos juntos remando en la misma dirección. Este orgullo es compartido por las mujeres y hombres que desde 1996 formaron y forman parte de la historia de la comunidad portuaria de Barcelona que en estas fechas cumple su 25º aniversario. Desde los orígenes de la navegación y el comercio, Barcelona fue pionera y ejemplo de un sentimiento de complicidad entre navieros y mercaderes.

En el libro ‘El Consulado del Mar’, se recopilaron las reglas de usos y costumbres en los puertos y un tratado de derecho marítimo que estuvo en vigor desde el año 1283 hasta el 1681 en el mediterráneo Port de Barcelona. La ciudad y el puerto de Barcelona, al igual que otros lugares de Europa, han experimentado a lo largo del tiempo el impacto de cambios sociales y económico. Los Juegos Olímpicos del año 1992 marcan un hito histórico por el cambio prodigioso que experimentaron el puerto y la ciudad y que la opinión unánime califica como exitosa. Coincidente con ese momento, el Gobierno del Estado estableció un nuevo régimen de gobernanza de los puertos. Los de Barcelona, Bilbao, Huelva y Valencia, que gestionaban con autonomía las Juntas de Obras del Puerto, se incorporaron a los demás puertos de interés general y, por tanto, a depender de un organismo público y centralizador llamado Puertos del Estado. Así se creó el modelo de las autoridades portuarias, que actualmente son las 28 que abarcan la gobernanza de los 46 puertos de interés general de las costas españolas.

Barcelona es pionera y ejemplo de un sentimiento de complicidad entre navieros y mercaderes

En el Port de Barcelona, el incremento de la relación infraestructura/volumen de mercancía y el creciente uso del contenedor causaba en aquellos años no pocos obstáculos, tanto en la parte operativa en los muelles como en la burocrática de la tramitación de documentos de control e inspección del comercio exterior por lo que ante las demandas de los agentes económicos. Por ello, la autoridad portuaria redactó la llamada Carta de Calidad Concertada (1994) y constituyó el Fórum Telemático para analizar la circulación de los documentos. Fueron dos iniciativas pioneras que se vieron secundadas ese mismo año por la comisión delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, que dotó de mayor agilidad al conjunto de operaciones relacionadas al paso de las mercancías por los puertos a partir del informe Cominport, que incluía también una normativa para la transmisión electrónica de datos (EDI) para agilizar la tramitación de documentos.

En otra disposición de dicho informe, El Gobierno autorizaba a las autoridades portuarias a planificar y financiar las estructuras, incrementar la participación del sector privado regular y coordinar los servicios portuarios con las figuras de consignatarios, agentes de aduanas y transitarios, atendiendo los primeros los servicios a los buques y los otros los equivalentes a las mercancías. Otra de las responsabilidades de las autoridades portuarias es convocar concursos y evitar situaciones de monopolio u oligopolio en las obras y servicios licitados. No fue una tarea fácil coordinar los procesos que el informe Cominport exigía dados los intereses contrapuestos en la actuación de cada figura y la evaluación de sus competencias individuales en el encaje en la comunidad portuaria que pretendía la excelencia en los servicios del puerto y especialmente en algunos casos de los organismos oficiales que intervienen en la vigilancia y control fiscal: “Cada uno habla de la feria según le va en ella”, dice un refrán. Sin embargo, el encuentro entre lo público y lo privado ha sido una de las claves del éxito de la comunidad portuaria de Barcelona.

Se cumplen 25 años desde la constitución formal de la comunidad portuaria y logística de Barcelona

Es de justo reconocimiento mencionar a las personas que con su liderazgo visión y convicción dedicaron su tiempo en negociar los acuerdos, no sin algunas ‘broncas’, que propiciaron un final favorable a la proyección del puerto en el concierto internacional. Los fallecidos presidentes Joaquim Tosas (Port de Barcelona) y Jordi Mallol (Ateia Barcelona) que, junto con el entonces director de Desarrollo y Promoción del Port de Barcelona y actual director de la gerencia del Port Vell, Joan Colldecarrera, y los respectivos presidentes  Joaquim Tintoré (agentes de aduanas), Enrique Forcano (consignatarios) y Javier Vidal (empresas estibadoras y actual decano de los presidentes de la comunidad portuaria) formalizaron en 1996 las bases para las actuaciones posteriores de la promoción del puerto y quienes a lo largo de estos años han aportado su experiencia y trabajos a la asamblea del Consejo Rector para la promoción de la comunidad portuaria de Barcelona.

La integración igualmente pionera en España de la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) en la órbita del puerto amplió el ámbito de los actores con el concepto de operador logístico que en la cadena de suministro contempla el ciclo puerta a puerta y extiende la definición de la comunidad portuaria a la logística. En el catálogo de éxitos, tienen un lugar destacado las misiones empresariales como eficaz estrategia para introducir al puerto de Barcelona en los mercados exteriores con encuentros institucionales y empresariales, estableciendo acuerdos bilaterales e intercambio de experiencias con los 25 países y 30 puertos visitados desde 1998, lo que ha posicionado al recinto catalán en la conectividad mundial para la carga y en el primer puerto europeo para la actividad de cruceros.

Se deja entrever en la comunidad portuaria y logística de Barcelona cierta desorientación e incertidumbre

La crisis de las características de la que estamos sufriendo parece que va a crear una nueva metodología en la manera de evaluar a los actores de la cadena logística mundial. Los recursos financieros y tecnológicos, escasos y elementos decisorios, han creado una competición inusual en el sector. Tanta mudanza y restauración está acusando una cierta desorientación, no solo en las empresas, sino en las asociaciones sectoriales y deja entrever incertidumbres en la comunidad logístico-portuaria de Barcelona. Es ahora cuando conviene mirarnos en el espejo de la historia para ver cómo hemos capeado los temporales adversos que también existieron antes del éxito.

Si borramos las historias de superación de etapas pasadas, estamos negando la capacidad de superar los daños del Covid-19 en una comunidad que ha demostrado su vigor al mantener sus servicios en los momentos clave del episodio que nos ha consolidado como actividad esencial. El liderazgo de la Autoridad Portuaria de Barcelona se hace más necesario que nunca, tomando medidas decisivas con empatía y transparencia, considerando las dificultades a las que se enfrentan las empresas en sus entornos.

El experimento social surgido en la pandemia mostró movimientos espontáneos de solidaridad y autodisciplina en favor del bien común, a pesar de ciertos episodios de algunos ‘tiburones’ de los océanos, actuando al amparo de una impunidad lamentable y sin explicación coherente. La participación de la comunidad portuaria y logística en la elaboración del IV Plan Estratégico del Port de Barcelona, publicado recientemente, contempla los retos que la incertidumbre nos puede plantear a corto, medio y largo plazo. Ahora menos que nunca caben reticencias al hablar de la ‘feria’, porque las nuevas preguntas precisan de respuestas cercanas con transparencia, confianza y sostenibilidad.