26 de mayo de 2022 | Actualizado 13:01
Fernando González Laxe

La nueva maritimización: las relaciones puerto-ciudad

Las relaciones puerto-ciudad se han intensificado mucho en los últimos años y cada vez son mayores las pistas de reflexión sobre el tema. No hay duda que las ciudades-puerto son diferentes a las otras ciudades y nadie discute que la co-evolución de las ciudades portuarias ha permitido presentar y desarrollar numerosas iniciativas e incrementar sus niveles de posicionamiento.

En un principio, las funciones portuarias quedaban modeladas por el crecimiento del comercio, por la necesidad y dificultad de incrementar la superficie dedicada al puerto dentro de las ciudades, en atender a la diversificación de la economía y a sobrellevar las tensiones en torno a la utilización de los suelos urbanos. Más tarde, por mor de la progresiva liberalización del sector marítimo y la revolución de los contenedores, las estrategias de los actores y agentes globales, cada vez más potentes, coadyuvaron a fomentar una integración vertical de las operaciones portuarias, conjuntamente con la logística, a una mayor competitividad y a la construcción de nuevas infraestructuras fuera de las ciudades interiormente congestionadas. En la actualidad, los formulamientos estratégicos se desarrollan bajo esquemas tipo ‘hub & spoke’, para poder favorecer una localización más óptima, donde las rutas marítimas sean más rápidas y rentables, donde se alcancen las mayores economías de escala y que permitan afianzar la dinámica de una selección y jerarquización portuaria.

Hemos asistido a una nueva formulación de la dimensión marítima en los últimos años

La globalización no ha hecho más que poner de manifiesto la relevancia del comercio internacional y del transporte marítimo. Alrededor del 80% de los flujos comerciales mundiales expresados en volumen y el 70% medido en términos de valor se efectúan por vía marítima. De ahí la importancia del transporte marítimo y, por ello, de los roles de la ciudades-puerto. Sin embargo, para algunos investigadores y políticos, el puerto sigue siendo sinónimo de problemas. Unos, derivados de los impactos medioambientales (contaminación, ruidos, basuras); otros relacionados con los problemas sociales (empleo precario, conflictividad, escasamente tecnificado y de bajo valor añadido); y unos terceros que piensan en las reducidas repercusiones económicas que generan (como la débil atractividad y la existencia de des-economías de escala y de aglomeración).

En los últimos años, hemos asistido a lo que vengo denominando una nueva maritimización. Es decir, una nueva formulación de la dimensión marítima. Ello ha permitido revelar interdependencias entre la especialización de los flujos comerciales y la especialización socio-económica de las ciudades y regiones; también entre los tipos de agentes regionales y los desarrollos relacionados con la ordenación del territorio; y, al mismo tiempo, como las ciudades-puerto continúan suministrando externalidades positivas por medio de la conformación de redes de actores locales en función de las tradiciones históricas.

Los peligros se ciernen cuando se produce un divorcio espacial entre el puerto y la ciudad

Adentrándonos en las continuas reflexiones en torno al tema, parce necesario abrir el debate a las nuevas propuestas. A modo de ejemplo, la emergencia de las startups en el interface puerto-ciudad; los territorios portuarios bajo la óptica de la ecología industrial; las redes de empresas en el hinterland; la asociaciones públicas/privadas en la comunidad portuaria, las interconexiones entre redes marítimas y redes terrestres; o la relevancia de los puertos secos. Quizás, analizando estos temas encontremos avances a nivel macro que nos permitan enfocar y compensar los efectos de la intensa competencia inter-portuaria, las huidas/captaciones de tráficos, la integración en corredores logísticos, las demandas de nuevos empleos cualificados, o la adecuación de las infraestructuras para recibir a los megabuques, por citar algunos ejemplos. Por eso, resulta fácil afirmar que el transporte marítimo continúa impulsando los cambios a nivel mundial y que las ciudades-puerto son la llave de dichas tendencias.

Los peligros se ciernen cuando se produce un divorcio espacial entre el puerto y la ciudad; y, cómo dicho peligro deriva hacia una desconexión institucional debido a los cambios organizativos y mudanzas en lo que respecta a las estrategias portuarias. De esta forma, la clave del éxito o del fracaso radica en la definición de los mecanismos relativos a la port-governance y en las repercusiones inherentes a la creciente privatización de las terminales portuarias. Dicho “juego de fuerzas” es el objetivo de muchas investigaciones y el resultado de muchas polémicas. Y ejemplos no faltan en España.