21 de mayo de 2022 | Actualizado 6:29
Mafran Martínez

La primera ruta logística intermodal

El pasado 22 de abril tuvo lugar un aniversario que ha pasado prácticamente inadvertido, pero que supuso un cambio radical en nuestro mundo logístico. Fue el principio de la globalización. Remontémonos al principio de la historia. Tras la llegada de Cristóbal Colón, se produjo la increíblemente rápida expansión española por América, que en apenas 40 años había no solo conquistado, sino expandido la estructura administrativa española por todo un continente.

Casi en paralelo, 19 héroes consiguieron dar la vuelta al mundo en la ‘Victoria’, capitaneados por Juan Sebastián Elcano, en la quizás mayor hazaña de la historia de la humanidad, de la que precisamente este año se conmemoran los 500 años. Hernán Cortés, al enterarse de la noticia de Elcano y de la existencia de unas islas que podían ser colonizadas al otro lado del Pacífico, comenzó a preparar una flota en la costa oeste de México para llegar a esas islas que daban acceso al mayor negocio económico de ese momento: las especias. El clavo y la nuez moscada no es que valieran su peso en oro. Valían más que el oro, pues eran fundamentales no solo para el uso de la cocina que se le tiene hoy en día, sino también como posible remedio a enfermedades que en aquel entonces eran toda una plaga.

El patache ‘San Lucas’ zarpó de Filipinas con la intención de volver a América hace 457 años: así nació el tornaviaje

Y aquí, los aventureros españoles empezaron a ir hasta Filipinas desde la costa pacífica de México, pero se encontraban con un problema que le impedía de verdad asentarse allí: no podían volver hasta el este, con destino a América, porque encontraban vientos contrarios; ni podían volver hacia el oeste, pues toda la costa asiática estaba llena de portugueses que les darían caza y evitarían el tránsito por esas aguas, en base al tan famoso Tratado de Tordesillas.

Y aquí llegamos a nuestro aniversario. Hace la friolera de 457 años, el 22 de abril de 1565 un pequeño barco, el patache ‘San Lucas’ zarpó de una Filipinas aún autóctona con la intención de volver a América. Estaba capitaneado por uno de esos hombres que la historia ha engullido: Alonso de Arellano. Una nueva ruta a lo desconocido. Pero eran navegantes increíbles, con una destreza y aguante que no tienen parangón. Subieron hacia el norte, siguiendo el monzón y allí los recogió la corriente Kuro Siwo que los llevó hasta California y desde allí podían bajar hasta México sin dificultad. Había nacido el tornaviaje. Apenas mes y medio después, el fraile Andrés de Urdaneta repitió la ruta (sin información de la primera, lo que demuestra el increíble conocimiento e intuición de los navegantes españoles en esa época), pero recopilando información de vientos y corrientes, dando oficialidad a esa nueva ruta marítima.

Alonso de Arellano y Andrés de Urdaneta crearon lo que se conoce como “ruta intermodal” y “corredores terrestres”

Arellano y Urdaneta habían conseguido poder transportar especias desde unas islas en Asia hasta Europa sin necesidad de romper el Tratado de Tordesillas: desde Filipinas se podían cargar especias de las vecinas Molucas y embarcarlas hasta la costa oeste de México (a Acapulco o a la Barra de Navidad), ahí transportarlas por tierra hasta Veracruz, en el Golfo de México, y desde allí, embarcarse de nuevo, esta vez con rumbo a España. Los españoles habían creado sin saberlo lo que casi 500 años después se ha llamado “ruta intermodal” y “corredores terrestres”, para enlazar diferentes medios de transportes (generalmente unificando marítimos y terrestres) en un tráfico que por su importancia económica, soportaba ese coste.