1 de noviembre de 2020 | Actualizado 9:54
Mafran Martínez

No vuelva usted mañana

En un momento de crisis, como el que estamos viviendo, sale a relucir lo mejor de cada uno, la responsabilidad y el orgullo de cada persona, pero también las miserias más íntimas. Momentos de lo bueno y de lo malo.

El suministro en un país como España está estrechamente relacionado con el sistema portuario. Suministros básicos, desde alimentos a productos de consumo entran por nuestros puertos. Igualmente sucede con otras mercancías que no vemos tan de cerca, pero que son básicas para mantener un mínimo de confort, como el gas que nos permite seguir disfrutando de agua caliente, la materia prima que sigue alimentando nuestras centrales eléctricas o las piezas de reparaciones de las instalaciones, necesarias para que todo siga funcionando.

En nuestro país, un parón en los puertos nos dejaría colgando de un hilo en menos de 15 días. La dependencia de la vida cotidiana del sistema logístico es casi total, y afortunadamente está bien engrasada y no lo notamos. El flujo de alimentos frescos es diario y el suministro a los supermercados está siendo ágil, más allá de algún déficit puntual de algún producto en alguna tienda concreta.

Lo que en los primeros días era histeria y acumulación masiva de productos, se ha tornado tranquilidad. Las familias ya no ven la amenaza de quedarse sin víveres o sin elementos de primera necesidad, porque el sistema logístico ha demostrado que ha sido capaz de mantenerse a flote incluso en estos momentos de incertidumbre sanitaria. El mantenimiento de la actividad de las tiendas online ha hecho posible mantener la ilusión de lo nuevo dentro de nuestros hogares con cada paquete que reparten. Se transporta algo más que mercancías en estos días.

Es momento de reivindicar que hay muchos empleados públicos que han decidido mantener vivo el país

Camioneros, repartidores, estibadores, prácticos o cualquier trabajador de las empresas dedicadas a nuestro sector están realizando un trabajo excepcional en estos momentos. Es justo reconocérselo. Son esenciales. Pero más allá de las empresas, asociados a este sector existe un gran número de empleados públicos, tradicionalmente denostados, que no han dado ni un paso atrás en esta crisis, conscientes de la importancia de sus puestos de trabajo y de la actividad que de ellos depende. No es cuestión de sueldo, es cuestión de mantener vivo el país.

Trabajadores de las aduanas o de las autoridades portuarias no han vacilado en mantener el pulso de la realidad y han seguido tramitando sus expedientes como si no pasara nada. La mayoría trasladaron su oficina a una mesa de salón, a un ordenador personal y a una silla cualquiera, apoyados por un cuerpo de personal de sistemas de información que se han hecho visibles casi por primera vez en plantillas orientadas a otras actividades, demostrando la criticidad de las nuevas tecnologías en el sector logístico.

Entre todos se ha apostado por mantener el pulso a la realidad y no esperar al final de la crisis para seguir trabajando. Es momento de reivindicar que hay muchos, muchísimos empleados públicos que han decidido mantener vivo el país. Esta crisis también ha cambiado el famoso eslogan de Larra: “No vuelva usted mañana, hoy se hace”.

En agradecimiento a todos los empleados, y en especial los públicos, que lo están dando todo en estas difíciles circunstancias para que el país no se vea afectado.