
¿Nos lo creemos?
Este año está siendo muy activo en cuanto a opiniones y proyectos medioambientales. Las noticias fluyen con velocidad y lo que es actualidad en enero parece obsoleto en abril. A primero de años se celebró en Huelva el I Congreso del Hidrógeno, con múltiples ponencias relativas a proyectos de transición energética. Fue un congreso muy interesante y que dejó claro el camino a seguir. La flecha de sustituir los combustibles fósiles por alternativos ya ha salido y llegará, sin duda, a su destino.
Sin embargo, de entre todos los mensajes vertidos, me gustaría destacar algunos. El primero es la necesidad de una regulación clara y estable. En el sector hay incertidumbre en lo relativo a la regulación y sobre el resultado de los proyectos. Respecto a lo primero, se habló que es necesario aclarar más pronto que tarde qué requisitos en seguridad serán aplicados o qué tipo de color de hidrógeno será válido, entre otras cosas. Lo que reclaman son reglas de juego claras y estables. En esto no podemos cometer los mismos errores que se cometieron con la fotovoltaica o con el uso de drones, que una regulación inestable y compleja terminaron por frenar tecnologías que podrían haber sido muy productivas. 15 años después seguimos desplegándolas.
No se pueden cometer con el hidrógeno los mismos errores que con la fotovoltaica o los drones
Respecto a lo segundo, me llamó la atención el casi continuo mensaje de que los proyectos de estos nuevos combustibles no son rentables y que debe ser el estado (o sea, a escote) el que los soporte con subvenciones e incentivos. Este mensaje venía más de los inversores, de los socios capitalistas que de las propias empresas gestoras de los proyectos. Cuanto más del lado del capital, más se remarcaba la necesidad de apoyo público a los proyectos.
La primera vez que escuché ese mensaje en el congreso me quedé realmente impactado. Negativamente impactado. ¿Quiere decir ese mensaje que “el dinero” no se cree el cambio climático? Me impactó porque el plan B a no hacer la transición es seguir como estamos, que ganen dinero y contaminando y acercándonos cada día más a una debacle climática, que podrá no ser tremendista (¡nadie lo sabe!), pero será, de eso no cabe duda.
El plan B a no hacer la transición es seguir como estamos, acercándonos cada día más a una debacle climática
Hace muchos años, durante mis estudios de Telecomunicaciones, un profesor de organización industrial nos preguntó a la clase: “¿Cuál es la principal labor de una empresa?”. La repuesta general fue “Ganar dinero”. El profesor nos corrigió: “No, la principal labor es sobrevivir”. No he olvidado ese momento, porque es de esas veces que alguien con sólo una frase te convence para toda la vida. Está claro que para sobrevivir hace falta ganar dinero, pero también hace falta mirar las circunstancias. Hay otras muchas cosas. ¿No será mucho peor una debacle climática que asumir en sus millonarias cuentas el impacto inversor de proyectos de nuevos combustibles? Si eso no está claro, ¿de verdad nos creemos el cambio climático?
Algo parecido pasa con el famoso ETS. La norma que seguía el ya casi olvidado Protocolo de Kyoto y ya marcaba 2024 como inicio de pago por emisiones fue publicada en 2004. Aquí la regulación sí que ha sido estable. La queja viene de algo evidente, que el medioambiente no conoce de fronteras y que, si en otros países no se aplican ese pago por emisiones, hay riesgo de que el mercado se mueva hacia esos otros países mientras el medioambiente no mejore.
Los humanos no entendemos otra cosa, o nos hacen pagar o no cambiaremos la forma de comportarnos
Está claro que tanto afectados directamente (navieras) como indirectamente (autoridades portuarias) pueden verse muy afectados, pero es la única forma de que realmente se dé un paso adelante. Los humanos no entendemos otra cosa, o nos hacen pagar o no cambiaremos la forma de comportarnos y, por lo tanto, el hecho de que la transición energética deba ser global no quiere decir que no se den pasos para ello. Además, parece sensato recaudar dinero del que contamina y apoyar con ese dinero proyectos de transición energética. Aquellas navieras que se muevan a puertos exteriores de la UE para no pagar ETS y poder seguir ganando lo mismo mientras contaminan, ¿de verdad se creen el cambio climático? ¿no deberían ser valoradas negativamente en el mercado? El impacto medioambiental no se mide en euros. No puede limitarse a las cuentas a pocos años cualquier proyecto cuyo plan B es tan drástico.
Es evidente que el Estado debe apoyar los proyectos, pero éstos deberían ser mucho más importantes para todos (en este todos incluyo, también, a nuestros nietos aún no nacidos) que los beneficios a corto plazo. Para algunos, el cambio climático es sólo un instrumento de financiación porque “hay dinero”. Sólo las empresas que de verdad crean en ellos, como aquellos que han decidido inversiones millonarias sin mirar las ayudas, han demostrado que de verdad creen en un futuro mejor para todos. Enhorabuena a estos últimos y gracias.
No podemos dejar que el cambio climático se quede en un instrumento para mantener el statu quo
No podemos dejar que el cambio climático se quede en un instrumento para mantener el statu quo, para seguir ganando dinero, ejecutando proyectos con rentabilidades pagadas por el Estado, mientras les decimos a los países pobres vendedores de petróleo que éste ya no vale, que tienen que comprar tecnología del primer mundo. Ya notamos en nuestro día a día los efectos del cambio climático. Año tras año se baten los registros de temperatura. Necesitamos concienciarnos. Necesitamos creérnoslo.
Esperemos que el Estado regule la materia de forma clara y estable y esperemos que los que gestionan el capital se olviden del cortoplacismo y tengan más amplitud de miras. Si no, esta civilización estará abocada a sufrir el estornudo del planeta. Entonces, el capital se lamentará y pedirá que el Estado también compense las pérdidas. Esperemos que recapaciten, aún hay tiempo. Poco, pero hay.



