23 de enero de 2022 | Actualizado 8:02
Eduard Albors

Prioridades presupuestarias

Un tema que ocupa las primeras páginas de los periódicos durante los últimos meses del año es la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Aunque las inversiones totales en infraestructuras están solo entre el 2 y el 3% del gasto no financiero, muchas veces son objeto de debate y de su distribución territorial.

Antes de entrar en el tema de las infraestructuras de transporte, quiero opinar sobre las prioridades del presupuesto en general. Para mí, la educación y la sanidad deberían tener el mismo nivel de calidad en cualquier parte del país, al ser los servicios básicos que presta el Estado. Una buena educación en los niveles elemental e intermedio (la universidad merece un tratamiento aparte) nos permite mejorar como sociedad y debería servir como “escalera social”. La sanidad -y tenemos ejemplos recientes- nos permite una mejor calidad de vida y hacer frente a “hechos sobrevenidos” que según los expertos pueden ser cada vez más frecuentes. Esos capítulos deberían alcanzar niveles de gasto europeo y, en el caso de la educación, estamos por debajo de los países más avanzados (España 4,1% del PIB, Alemania 5%, Francia 5,4%,Finlandia 6,3%,Suecia 7,6%).

La educación y la sanidad deberían tener el mismo nivel de calidad en cualquier parte del país

Otro capítulo que aún no ha aparecido suficientemente, pero que va a tener repercusión en nuestra sociedad digital es el acceso a internet. Tanto en zonas rurales como urbanas ha de existir la misma facilidad de acceso a las comunicaciones digitales, ya que nuestra sociedad necesita cada vez más estar conectada.

Centrándonos en el tema de las inversiones, y especialmente en las inversiones de transporte, creo que deben plantearse algunos principios y prioridades. En el siglo XXI, las carreteras son la infraestructura “básica y universal”. Nuestra red es densa y suficiente, siendo la prioridad su mantenimiento y no su extensión. No obstante, por las prioridades expuestas anteriormente, el uso de la red viaria principal no puede ser gratuito y debe tarifarse su uso especialmente por su impacto en la infraestructura y su impacto ambiental (otro tema es si ese nuevo gravamen puede ser en parte compensado con el impuesto especial de hidrocarburos).

El ferrocarril es un “juguete muy caro”. Claramente nos hemos excedido en la construcción de líneas de alta velocidad. Hay corredores que no tienen una demanda que los justifique y no creo que la solución sea construirlos a medias (vías únicas en líneas de alta velocidad o sistemas con “terceros carriles”). Las prioridades son los trenes de Cercanías en las grandes áreas metropolitanas -que no son muchas- y el mantenimiento y mayor electrificación de la red convencional (en algunas zonas, es socialmente más rentable un buen servicio de autobuses que no un simbólico ferrocarril).

El sistema portuario está suficientemente dimensionado y no se justifican inversiones como el puerto exterior de A Coruña, por si vuelve a ocurrir una desgracia como la del ‘Prestige’. La prioridad debe ser reducir el impacto ambiental (electrificación de muelles y barcos) y mejorar la intermodalidad barco-tren con el fin de incrementar el transporte de mercancías por ferrocarril.

Las inversiones en infraestructuras deberían guiarse por el principio de retorno social y económico

La red de aeropuertos en España está sobredimensionada. Algunos aeropuertos tienen un tráfico simbólico y en otras zonas están muy próximos (Galicia es un ejemplo y en Catalunya la Generalitat construyó uno en Lleida mal ubicado y casi sin viajeros). De nuevo, la intermodalidad entre el avión y el tren debe ser una prioridad y también la mejora en algunos aeropuertos de ayudas a la navegación en condiciones de poca visibilidad.

En definitiva, la asignación anual de recursos que se plasman en los presupuestos, deberían reflejar las prioridades básicas que he apuntado al principio y, en el caso de las inversiones en infraestructuras, deberían guiarse por el principio de retorno social y económico, y no repartirlas entre territorios para dejar a todos contentos.