22 de septiembre de 2021 | Actualizado 13:21
Eduard Albors

¿Quo vadis, ministerio de Transportes?

“Corresponde al ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana la propuesta y ejecución de la política del Gobierno en los ámbitos de las infraestructuras de transporte terrestre, aéreo y marítimo de competencia estatal; … y de planificación y programación de las inversiones relativas a las infraestructuras, materias y servicios mencionados”, según reza en la información oficial. Por otra parte, y según se ha recogido en diferentes documentos, la política del Gobierno -en este y otros campos- ha de estar guiada por la sostenibilidad, las actuaciones contra el cambio climático y la digitalización.

El ministerio de Transportes, que como todo el mundo sabe es el gran ministerio inversor, no tiene unas buenas perspectivas económicas en los próximos años, ya que la pandemia va a reorientar el gasto hacia la sanidad, la educación y los gastos sociales derivados del impacto económico provocado por la pandemia. Como ejemplo, mencionar que las primeras cifras de aportación a las inversiones ferroviarias en Adif y Adif-Alta Velocidad para el quinquenio 2021-25 eran de 21.000 millones de euros y, finalmente, se han reducido a solo 12.700 millones (la media de los últimos años era de unos 4.700 millones anuales).

Lo inteligente hubiera sido reducir los peajes para cubrir exclusivamente los costes de mantenimiento

Con este marco político y económico, el ministerio ha llevado a cabo actuaciones incoherentes con esos principios, como la supresión de los peajes al finalizar la concesión de bastantes autopistas. Ello le supone una pérdida de ingresos (IVA) y unos mayores gastos al tener que asumir los costes de mantenimiento. Además, es consciente que, en pocos años, deberá introducir el pago por uso a alguno o todos los vehículos en las vías de gran capacidad, como se ha comprometido con la Unión Europea. La decisión -que ha tenido suficiente tiempo para meditar- va en contra de la sostenibilidad y el cambio climático y generará más problemas cuando se intente aplicar el pago por uso. Lo inteligente hubiera sido reducir significativamente las tarifas para cubrir exclusivamente los costes de mantenimiento.

Otra decisión inapropiada es la de alargar una pista del Aeropuerto de Barcelona en una zona protegida ambientalmente e incluida en la red europea Natura 2000. Son ganas de “meterse en un charco” ( y nunca mejor dicho) cuando se defiende la sostenibilidad y cuando se gobierna en coalición con un partido más ambientalista. Además –como ya expuse en otro artículo– la infraestructura no es condición suficiente para la creación de un hub como se defendía desde Aena (las últimas noticias nos informan que el ministerio ha retirado/aplazado sus planteamientos).

El ministerio no ha ejercido de autoridad competente ni ha guiado las actuaciones de sus empresas públicas

Al margen de estas decisiones desacertadas, se han echado a faltar unos planteamientos estratégicos en otros temas. No se ha explicitado un modelo de desarrollo ferroviario, salvo la construcción de más líneas de alta velocidad. No se ha forzado a Adif para la ejecución de un plan de choque para la electrificación de la red convencional viable, que permitiría la mejor utilización del generoso parque de locomotoras eléctricas de mercancías y eliminar los menos fiables trenes diésel de viajeros. En el Corredor Mediterráneo, no se ha avanzado en el punto más necesario, el acceso directo a la estación central de Valencia y su túnel urbano.

En el ámbito de las mercancías ferroviarias no se ha “forzado” a Puertos del Estado a ejercer un mayor rol en el mercado y Renfe no ha tomado decisiones estratégicas para evitar la sangría de sus tráficos. La multa de la CNMC de 65 millones puede acabar de hundir a ese negocio para regocijo de la competencia, que se haría con sus activos de tracción.

En definitiva, el ministerio no ha ejercido de autoridad competente en el ámbito de los transportes ni ha guiado las actuaciones de sus empresas públicas. Los equipos humanos son muy importantes y, personalmente, echo de menos el equipo del ministro Borrell, cuando estuvo al frente de ese ministerio.