26 de febrero de 2021 | Actualizado 17:26
Mariano Fernández

Recordarles que somos lo que fuimos

Cuando se aparca la esfera laboral y se deja de asumir responsabilidad colectiva, suele invadir la nostalgia como una parte inevitable del pasado profesional en la actividad a la que no hemos dedicado. Por ello, el inicio de cada año aumenta la autoestima y motiva al optimismo para aportar las experiencias del pasado al futuro, a pesar de la mala fama teórica de que la nostalgia bloquea el progreso.

Un paseo nostálgico por el ayer del transporte y la logística (desde la óptica de transitario) y contrastando otros periodos con el actual tan convulso e incierto puede llevar al sentimiento de victimismo en los equipos de las empresas en general y a las del sector en particular por su dependencia de la producción y el consumo estancados. Tradicionalmente nunca este sector vivió tiempos en que todo era rosa, pero se recuerdan los años 80 y 90 como referentes de desarrollo y crecimiento, que fue paralelo a la estabilización política, al ingreso en la Unión Europea y al incremento del comercio exterior. Coincide, además con el desarrollo de las infraestructuras, las regulaciones y reglamentaciones administrativas que fomentaron la fortaleza y creación de empresas  que, a través de las asociaciones como garantes de la defensa de sus intereses y vigilantes de buenas practicas y competencia leal, diseñaron la formación profesional y las relaciones laborales propias de cada actividad.

Se han creado unos mecanismos de selección adversa que encumbra a los mediocres y expulsa a los mejores

Surgieron esa nueva hornada en torno a los centros logísticos y polos de desarrollo de aquellos años y principalmente en el entorno de los puertos como captadores del mayor volumen de entrada y salida de mercancías al exterior. Hoy, las comunidades logísticas representan uno de los lobbies mas influyentes en la toma de decisiones que hacen de las cadenas logísticas un eje clave en el comercio exterior. Eran tiempos de respeto de los “acuerdos entre caballeros” en donde el sentimiento de pertenencia no se razonaba, la identidad colectiva se sentía como individual, defendiendo los intereses comunes, tanto en los buenos como en los malos momentos. Eran tiempos en lo que se conseguían clientes al merecer primero su confianza y su afecto a continuación.

Estamos viviendo, y aún no sabemos por cuanto tiempo, un mundo agitado y desorientado, una enorme incertidumbre en la que la confianza individual y colectiva anda en horas bajas. Se han creado unos mecanismos de selección adversa, tanto en el ámbito político como en el social, que encumbra a los mediocres y expulsa a los mejores. Han cambiado las reglas y pocas cosas volverán a ser como eran. La pandemia nos ha situado en ‘modo nostalgia’.

Debemos recordar que la tecnología no merecería existir sin su compromiso con el ser humano

La nueva arquitectura de la cadena de suministro se tendrá que construir con la biografia del pasado y con la tecnología y medios que no teníamos antes. Con un click de ratón, tenemos al alcance infinitos datos que ofrecen un potencial de comunicación inmenso. Sin embargo, no hemos de olvidar el compromiso y la responsabilidad de lo que es irreemplazable: la tecnología no merecería existir sin su compromiso con el ser humano.

La globalización, que puso a empresas de los cinco continentes en una carrera por dominar los mercados minusvalorando o ignorando la identidad y arraigo de los clientes potenciales en cada país, ha llevado a muchas a desaparecer y a otras a olvidar su ‘core bussines’. ¿Cómo ha sucedido? A través de estrategias de marketing solo orientado a generar una rápida liquidez y obviando que, en el nuevo marco de la economía, las empresas detectarán quién es quién en el servicio que necesitan para sus operaciones. La oferta de estos ‘nuevos truhanes’ puede resultar fugaz y volátil como un nuevo virus. No advertir de su existencia puede tener consecuencias fatídicas para el sector en el que, como vienen advirtiendo las asociaciones desde hace tiempo, el intrusismo y la competencia desleal alcanzan un porcentaje que sorprende que la Aministracción no investigue. O que, en el caso de hacerlo, se limite a una mera sanción administrativa. Es un tema grave, como lo es también que grupos empresariales o inversores den cobertura a empresas no legalizadas y que no cumplen los requisitos vigentes, que no son pocos, pero que se exigen para ejercer la actividad.

“No se pueden poner puertas al campo” dice el refrán, pero olvida que las puertas tienen llave, y la llave dueño que las abre o cierra según decida. Necesitamos estímulos para superar el momento actual y futuro, pero sobre todo sería bueno recordarnos y recordarles a los demás que somos lo que fuimos en el engranaje.