
¿Secretaría de Estado de Logística?
La gestión de cadenas de suministro (SCM en sus siglas en inglés) y la trascendencia que tienen en nuestra vida diaria ha llegado al debate público hace relativamente poco. Como todo aquello que aporta valor, nunca debieron estar relegadas a un papel secundario y menos aún aisladas. Solo algunos supieron ver en ellas valor añadido y diferenciación sin necesidad de pandemias, catástrofes naturales o sanciones económicas. Su apuesta se vio claramente recompensada: aumentaron su ventaja competitiva respecto al resto en momentos de bonanza, gracias a una mayor eficiencia operativa. Y en momentos de incertidumbre, crisis y transformación, paliaron mejor el temporal que aquellos que consideraban la gestión de la supply chain un mal necesario o solo una parte aislada del proceso. Por lo general, no le otorgamos la visibilidad necesaria, ni entendemos la importancia e implicaciones de la interconectividad en los tiempos que vivimos.
Necesitamos elevar con urgencia a categoría política lo que a ojos de muchos es la columna vertebral de la economía
Precisamente, las disrupciones continuas a las que estamos sometidos han acreditado la importancia de gestionar bien nuestros diferentes suministradores. No obstante, la inmensa mayoría no nos anticipamos a los problemas, sino que cada vez que aparecen nos vuelven a encontrar sin los deberes hechos. ¿Cómo han sido algunas empresas o gobiernos capaces de integrar la importancia de SCM -desde la obtención de materias primas, producción, coste energético o logística- y sus implicaciones en los procesos de toma de decisiones?
Uno de los factores claves del éxito de aquellos que lo han logrado reside en la comunicación y la visibilidad de la gestión de cadenas de suministro. Fundamentales para alcanzar la ‘Triple A’ de Hua L. Lee, considerado el primer mandamiento de las cadenas de suministros: agilidad, adaptabilidad y alineamiento. Inditex, Seat, el Port de Barcelona o recientemente la Generalitat de Catalunya son solo alguno de muchos ejemplos con los que contamos en España. En estas compañías e instituciones, las operaciones, producción, compras, logística, etc, no están aisladas en un pequeño cuarto trasero dependiendo de un tercer departamento o supeditadas al director financiero. Por el contrario, los líderes de estas prácticas tienen voz e influencia al más alto nivel. Su experiencia, conocimiento e información fluye transversalmente impactando tanto en la estrategia como en la operativa diaria.
Los problemas de ‘supply chain management’ son los problemas de la empresa -de toda- y de su entorno al completo, no solo de un pequeño grupo de personas o departamento. Las soluciones a muchos de esos problemas, como a la mayoría que esta nueva era nos plantea, suelen ser de carácter multidisciplinar, teniendo implicaciones y consecuencias claras y directas en todas las áreas de la compañía, así como el modelo de negocio o la reputación de la marca.
En el escenario internacional, la única seguridad que tenemos es que aumentará la incertidumbre y las tensiones geopolíticas. Con la vuelta (si alguna vez se fue) de la guerra como elemento de presión. E inmersos en un cambio de paradigma del comercio, donde, entre otros factores, el cambio climático rediseñará muchos de nuestros hábitos de consumo. Necesitamos elevar de manera urgente a categoría política lo que a ojos de muchos es la columna vertebral de la economía, aplicando fórmulas de éxito del mundo empresarial y de otros gestores gubernamentales.
Un gran paso sería crear un órgano para asegurar la autonomía estratégica del Estado en las supply chains
Las vicisitudes derivadas del transporte, materias primas, energía, logística, infraestructura u otros tantos problemas no podemos tratarlos de manera aislada, sino como un conjunto conectado entre sí. De igual forma no podemos aproximarnos a ellas de manera individual desde cada departamento o ministerio. La única manera de ser resilientes en el complejo futuro en el que nos adentramos es coordinar la batería de respuestas. En consecuencia, la gestión pública necesita, al igual que ocurre en la privada, transversalidad y visibilidad, además de mucha (mucha) comunicación. Ha llegado el momento en que los expertos del sector salgan del cuarto y se sienten a la mesa principal.
En este nuevo curso político que nos adentramos, un primer buen paso podría ser la creación de un órgano (con el rango necesario para poder ejercer su cometido) dependiente de La Moncloa que ejerza de paraguas, promotor, aglutinador y coordinador de acciones que vayan encaminadas a asegurar la autonomía estratégica del Estado desde el prisma de las cadenas de suministro. Por poner un sencillo ejemplo, la falta de trabajadores en el sector de transportes de mercancía por carreteras puede y necesita involucrar más de tres ministerios diferentes (Transportes, Trabajo e Igualdad, entre otros). Otro ejemplo lo podríamos ver en las consecuencias e implicaciones de determinadas políticas y decisiones a raíz de la guerra en Ucrania; que afectan simultáneamente a energía, trabajo, migración, exteriores y muchos departamentos más. Sin la representación y organización adecuada, no se puede dar la respuesta idónea que evite tensionar (aún más si cabe) las cadenas de suministro.
Es vital incorporar a la vida política a profesionales de la gestión de la cadena de suministro
Necesitamos y seguiremos necesitando medicinas, comida, energía, importar y exportar, comprar y vender, fabricar… Y un sinfín de acciones que requieren de una logística global y local extraordinariamente compleja. Para todo ello es clave alinear los intereses empresas privadas e instituciones públicas con las necesidades que tenemos a corto, medio y largo plazo como sociedad. Coordinar el trabajo de los diferentes niveles de la Administración (local, autonómico y estatal) con el de fabricantes y comerciantes para adecuar las infraestructuras, políticas industriales y otras muchas herramientas de modo que no vivamos en un continuo bucle: crisis tras crisis.
Es vital incorporar a la vida política a profesionales de la gestión de la cadena de suministro. Existe una notable diferencia en la gestión pública cuando la responsabilidad del liderazgo la ejerce alguien que entiende la idiosincrasia del sector y sus necesidades a cuando no. No es lo mismo un hospital dirigido por un sanitario que por un político. Adif y su actual presidenta son un ejemplo positivo de ello. Tenemos infinidad de profesionales brillantes en puertos, empresas de logística y distribución, fabricantes de textil o automoción y muchos sectores más. Es imperativo que su conocimiento sume, que sea parte de la visión estratégica de la economía y que se haga desde una posición de poder.



