2 de diciembre de 2020 | Actualizado 18:16
Miguel Quintana

¡Tú sí que vales!

‘Una historia del Bronx’ es una deliciosa película de Robert de Niro (una de las dos que ha dirigido). Cuenta la historia de Calogero, el hijo de un honrado conductor de autobús en el barrio italiano de Nueva York en los años 60 que entra en contacto con el mafioso local y debe decidir entre el camino recto que le marca su padre o unirse a la banda del gánster. En la escena final, se escucha la voz en off de Calogero pronunciando la frase que siempre le repetía su padre: “No hay nada más triste en la vida que el talento malgastado”.

El talento en la logística (o la escasez de él) es uno de los mantras que indefectiblemente se repite en cualquier diagnóstico que se precie sobre nuestro sector. Quizás, como punto de partida, valdría la pena reflexionar hasta qué punto es cierto. Si buscamos definiciones de talento, estas nos hablarán de aptitud, capacidad de aprendizaje o habilidades para un desempeño excepcional. Durante mi carrera profesional, he tenido la fortuna de coincidir con bastantes personas con una capacidad extraordinaria para la gestión bajo presión, la resolución de problemas en circunstancias complejas o el liderazgo de equipos amplios y diversos, con un nivel de compromiso y dedicación admirables. No tengo ninguna duda de que eso es talento, el que hemos venido exigiendo y recompensando desde hace mucho tiempo en este sector.

Tenemos en logística el tipo de talento que hemos fomentado: esfuerzo, abnegación y disponibilidad

Intuyo que cuando se habla de falta de talento en logística se refiere a talento para la innovación y la transformación tecnológica. Y, efectivamente, eso es harina de otro costal. Un sector que ha sido tradicionalmente conservador en su forma de hacer no puede convertirse de la noche a la mañana y de forma natural en polo de atracción de este tipo de capacidades. Entre los motivos para este conservadurismo, podemos encontrar la endogamia y poca rotación en los puestos directivos (haber hecho algo parecido en otro competidor ha venido siendo condición sine qua non en los procesos de selección) o el papel secundario de direcciones como la de Tecnología o Innovación frente a las de negocio, con un frenético día a día que suele dejar poco espacio a los proyectos de medio/largo plazo.

Hay margen para la esperanza, porque existen corrientes que soplan para consolidar un cambio de rumbo

Sin embargo, hay margen para la esperanza. El protagonismo que está cobrando la logística en la opinión pública desde un tiempo a esta parte es un buen punto de partida para llamar la atención de un tipo de profesional que hasta hace poco ni siquiera tenía este sector en el radar. El desarrollo de programas de formación específicos y de calidad, bajo el prisma de la transformación tecnológica, es otro elemento que sin duda va a ayudar. Como también lo hará la llegada de aire fresco al sector, en forma de clientes que demandan nuevos servicios o competidores que proponen formas diferentes de hacer.

En resumen, tenemos en el sector el tipo de talento que hemos fomentado durante mucho tiempo aunque, ahora que las necesidades están cambiando, existen corrientes que soplan a nuestro favor para un cambio de rumbo. Pero para ser una actividad que atraiga nuevos perfiles distintos nos queda una tarea esencial por hacer. Esta es la de romper con el estereotipo que tradicionalmente ha caracterizado al profesional logístico: esforzado, abnegado y con disponibilidad 24×7, para dejar paso a otro tipo más acorde con el signo de los tiempos, donde la preocupación por las condiciones laborales, el teletrabajo o la conciliación conviven con la necesidad de dar un servicio excelente a nuestros clientes todos los días. Todo ello sin olvidar que, como dice una frase que se atribuye a Tim Notke, entrenador americano de baloncesto: “El trabajo duro vence al talento cuando el talento no trabaja duro”.